Durante un paseo, es bastante habitual ver a un perro detenerse de repente, olfatear algo y llevárselo a la boca antes de que su persona pueda reaccionar. Un trozo de comida, una cáscara, un hueso, un envoltorio o incluso algo que no sabemos identificar puede acabar en su estómago en cuestión de segundos.
Para muchos perros, recoger cosas del suelo forma parte de su comportamiento exploratorio. Utilizan el olfato y la boca para conocer su entorno y, en algunos casos, sienten una auténtica fascinación por cualquier resto de comida que encuentran.
El problema es que no todo lo que hay en el suelo es inofensivo. Algunos alimentos pueden resultar tóxicos para los perros y determinados objetos pueden provocar atragantamientos, lesiones digestivas u obstrucciones intestinales.
Por eso, enseñar al perro a no coger cosas del suelo no es solamente una cuestión de obediencia: también puede ser una medida importante para proteger su salud.
¿Por qué mi perro come cosas del suelo?
Hay perros que simplemente sienten una gran motivación por la comida. Otros son especialmente curiosos y necesitan investigar prácticamente todo lo que encuentran durante el paseo.
También puede influir el aprendizaje. Si alguna vez encontró un alimento especialmente apetecible en la calle, puede haber aprendido que mirar al suelo y recoger cosas merece la pena.
En cachorros es todavía más frecuente. Están descubriendo el mundo y utilizan la boca como una herramienta más para explorarlo.
Sin embargo, cuando un perro empieza a ingerir de manera habitual objetos que no son comida —por ejemplo, piedras, plástico, telas, madera o tierra— conviene comentarlo con el veterinario. La ingestión repetida de elementos no comestibles puede estar relacionada con un trastorno denominado pica y puede provocar problemas digestivos importantes.
El mayor peligro: que lo que encuentre sea tóxico
Uno de los problemas de la comida abandonada en la calle es que no siempre podemos saber qué contiene.
Un simple trozo de alimento puede llevar ingredientes que los perros no deberían consumir. Entre los alimentos que pueden resultar peligrosos se encuentran el chocolate, las uvas y pasas, la cebolla, el ajo y productos que contienen xilitol.
El riesgo depende del alimento, la cantidad ingerida y las características del perro. Por eso, ante una posible intoxicación no es recomendable esperar a que aparezcan síntomas para pedir consejo veterinario.
Chocolate: cuidado incluso con pequeños restos
El chocolate es uno de los alimentos que más preocupa cuando un perro encuentra comida en la calle.Contiene metilxantinas, entre ellas teobromina y cafeína. Una intoxicación puede provocar vómitos, diarrea, jadeo, alteraciones del ritmo cardíaco, temblores y convulsiones, entre otros signos.
Además, cuanto mayor sea la concentración de cacao, mayor puede ser el riesgo. El chocolate negro y el cacao en polvo son especialmente problemáticos.
Por eso, si un perro recoge del suelo un trozo de chocolate, no conviene pensar que «como era pequeño no pasa nada». Lo adecuado es averiguar qué producto ha ingerido y consultar con un veterinario.

Uvas y pasas: un riesgo que no debemos subestimar
Las uvas y las pasas también pueden causar problemas graves en los perros y pueden producir daño renal.
El problema es que no siempre podemos predecir qué cantidad provocará una reacción en un animal concreto. Por eso, si el perro ha ingerido uvas o pasas, es aconsejable consultar rápidamente con un profesional veterinario.
Cebolla, ajo y otros restos de comida
Los restos de comida que encontramos en una acera, un parque o junto a una papelera pueden contener cebolla, ajo u otros ingredientes que no son adecuados para los perros.
Estos alimentos pertenecen al género Allium y pueden provocar irritación gastrointestinal y daño de los glóbulos rojos, pudiendo aparecer anemia en determinadas circunstancias.
También debemos tener especial cuidado con alimentos muy grasos, muy salados o condimentados. Aunque no todos provocarán una intoxicación, pueden causar trastornos digestivos y, dependiendo de la cantidad y del animal, problemas más serios.
El xilitol puede estar escondido donde menos lo esperamos
El xilitol es un edulcorante utilizado en algunos productos sin azúcar. Puede encontrarse, entre otros, en determinados chicles, golosinas, productos horneados, suplementos y productos de higiene dental.
En los perros puede provocar una liberación importante de insulina y una bajada peligrosa de la glucosa en sangre. También puede producir daño hepático.
Por eso, si un perro encuentra en la calle un chicle o un dulce «sin azúcar», no debemos considerarlo un alimento inofensivo.
Los huesos tampoco son un premio seguro
Otro clásico de los paseos es el perro que encuentra un hueso y sale corriendo con él. Los huesos pueden provocar atragantamientos, lesiones en el aparato digestivo y obstrucciones. Algunos fragmentos pueden incluso lesionar o perforar el tubo digestivo.
Por tanto, aunque el perro parezca encantado con su descubrimiento, no es recomendable dejarle comer un hueso encontrado en la calle.
El problema no siempre es la comida: también puede tragarse el envoltorio
A veces el perro no solamente ingiere el alimento. También puede tragarse parte del envoltorio, papel de aluminio, plástico, bolsas, palillos, servilletas u otros objetos.
Algunos cuerpos extraños atraviesan el aparato digestivo sin causar complicaciones, pero otros pueden quedarse atascados y producir una obstrucción intestinal. Los vómitos, el dolor abdominal, la falta de apetito, el decaimiento o las dificultades para defecar pueden ser algunos de los signos que aparecen cuando existe un problema de este tipo.
Una obstrucción gastrointestinal puede ser una urgencia veterinaria y, en algunos casos, requiere cirugía.
¿Y si come comida en mal estado?
Los restos de comida que llevan tiempo en la calle pueden estar contaminados o encontrarse en malas condiciones.
Su ingestión puede provocar vómitos, diarrea y malestar digestivo. Además, si contienen determinados microorganismos o sustancias peligrosas, el problema puede ser más grave.
Por eso es importante evitar que el perro rebusque en papeleras, contenedores o bolsas de basura durante los paseos.

¿Qué hago si mi perro acaba de comerse algo del suelo?
Lo primero es mantener la calma y averiguar qué ha ingerido. Si todavía tenemos el alimento o el envoltorio, debemos conservarlo para poder identificar los ingredientes. También es importante calcular, en la medida de lo posible, cuánto ha podido comer y a qué hora ocurrió. Después debemos contactar con nuestro veterinario y explicarle la situación.
No debemos provocar el vómito por nuestra cuenta ni administrar remedios caseros. Dependiendo de lo que haya ingerido, provocar el vómito puede no ser apropiado e incluso puede aumentar determinados riesgos.
Si existe sospecha de intoxicación, un cuerpo extraño o una cantidad desconocida de una sustancia potencialmente peligrosa, es mejor consultar cuanto antes.
Síntomas que deben hacernos acudir al veterinario
Después de ingerir algo extraño o potencialmente peligroso, debemos prestar atención a signos como:
- Vómitos repetidos.
- Diarrea intensa o persistente.
- Dolor abdominal.
- Abdomen hinchado o doloroso.
- Decaimiento marcado.
- Falta de apetito.
- Temblores.
- Descoordinación.
- Convulsiones.
- Dificultad para respirar.
- Salivación excesiva.
- Dificultad para defecar.
- Sangre en vómitos o heces.
Ante síntomas importantes, o si sabemos que ha ingerido una sustancia potencialmente tóxica, no debemos esperar a que el problema empeore para buscar atención veterinaria.
Cómo evitar que tu perro coma cosas del suelo
La prevención empieza mucho antes de que el perro encuentre algo peligroso.
Una de las herramientas más útiles es enseñar una señal como «déjalo» o «suelta», trabajando primero en casa y en situaciones controladas.
El objetivo no debe ser perseguir al perro cada vez que recoge algo. Si convertimos el momento en una persecución, algunos perros pueden aprender precisamente lo contrario: coger algo y salir corriendo.
Es preferible trabajar con refuerzo positivo para que el perro aprenda que ignorar algo del suelo y prestar atención a su persona tiene una recompensa.
Durante los paseos también podemos:
- Observar el entorno cuando caminamos por zonas con restos de comida.
- Evitar acercarnos a papeleras desbordadas o lugares donde haya basura.
- Llevar premios apropiados para poder reforzar el comportamiento correcto.
- Utilizar la correa en zonas donde sabemos que existen muchos desperdicios.
- Trabajar especialmente el «déjalo» con perros que tienen una fuerte tendencia a recoger cosas.
- Consultar con un educador canino cualificado si el comportamiento resulta difícil de controlar.
Y si el perro tiene la costumbre de ingerir objetos no comestibles, es importante consultar también con el veterinario para descartar problemas médicos y valorar la conducta.
No todo lo que encuentra un perro en el suelo es peligroso, pero no podemos saberlo siempre
Un pequeño trozo de pan probablemente no tendrá las mismas consecuencias que un chicle con xilitol, unas pasas o un hueso. El problema es que durante un paseo muchas veces no sabemos exactamente qué ha encontrado nuestro perro ni cuánto ha ingerido.
Por eso, la mejor estrategia no es vivir con miedo a que el animal olfatee el suelo, algo completamente normal en un perro, sino enseñarle a discriminar y evitar que ingiera aquello que no debe.
El olfato forma parte de su manera natural de explorar el mundo. Podemos permitirle disfrutar de esa faceta durante el paseo y, al mismo tiempo, trabajar unas buenas pautas de seguridad.
En resumen
Que un perro coja algo del suelo puede parecer una anécdota cotidiana, pero en determinadas circunstancias puede acabar en una intoxicación, un atragantamiento o una obstrucción intestinal.
Chocolate, uvas, pasas, cebolla, ajo, productos con xilitol, huesos y determinados objetos deben considerarse especialmente preocupantes. La gravedad dependerá de lo ingerido, la cantidad y las características del animal.
Por eso, si nuestro perro ha ingerido algo que podría ser peligroso, lo más importante es identificar qué ha comido y contactar cuanto antes con un veterinario.
Y para el futuro, enseñar órdenes como «déjalo» o «suelta» puede convertirse en una de las mejores herramientas para evitar que un paseo termine en una visita de urgencia.