España presenta una de las tasas más bajas de perros asintomáticos positivos a leishmania en comparación con otros países europeos, según los últimos datos epidemiológicos sobre la enfermedad. La información supone una señal positiva para la sanidad animal en un país históricamente considerado zona endémica de leishmaniosis canina.
La leishmaniosis, causada por el protozoo Leishmania infantum y transmitida mediante la picadura de flebótomos, continúa siendo una de las enfermedades parasitarias más importantes en perros del área mediterránea. Aunque algunos animales desarrollan síntomas graves, una gran parte puede permanecer infectada sin mostrar signos clínicos evidentes.
Precisamente estos perros asintomáticos representan uno de los principales retos epidemiológicos, ya que pueden actuar como reservorios silenciosos del parásito durante largos periodos de tiempo.

Menor prevalencia que en otros países europeos
Los datos comparativos reflejan que España se sitúa por debajo de la media europea en cuanto a positividad de perros aparentemente sanos frente a la leishmania. Mientras otros países mediterráneos registran porcentajes considerablemente más altos, las cifras españolas muestran una tendencia más contenida.
Los expertos atribuyen esta situación, en parte, al mayor uso de medidas preventivas en medicina veterinaria, especialmente en zonas de riesgo elevado. El empleo de collares repelentes, pipetas antiparasitarias y vacunas frente a la leishmaniosis ha aumentado de forma notable en los últimos años, favoreciendo el control de la enfermedad.
Aun así, los veterinarios recuerdan que la leishmania sigue estando ampliamente distribuida en España, especialmente en regiones cálidas y húmedas donde el flebótomo encuentra condiciones favorables para su desarrollo.
El problema de los perros sin síntomas
Uno de los aspectos más complejos de la leishmaniosis es que muchos animales infectados pueden parecer completamente sanos durante meses o incluso años.
En estos casos, el sistema inmunitario consigue controlar parcialmente la infección, evitando la aparición inmediata de síntomas. Sin embargo, el perro continúa siendo portador del parásito y puede convertirse en una fuente de transmisión.
Cuando la enfermedad progresa, pueden aparecer signos clínicos como:
- Pérdida de peso.
- Lesiones cutáneas.
- Caída de pelo.
- Crecimiento anormal de uñas.
- Inflamación de ganglios.
- Problemas renales.
- Fatiga y apatía.
La afectación renal continúa siendo una de las complicaciones más graves y una de las principales causas de mortalidad asociadas a la enfermedad.

La prevención sigue siendo clave
Los especialistas insisten en que la prevención continúa siendo la herramienta más eficaz frente a la leishmania.
Entre las medidas recomendadas destacan:
- Uso de repelentes frente a flebótomos.
- Vacunación cuando esté indicada por el veterinario.
- Evitar paseos al amanecer y anochecer en épocas de alta actividad del vector.
- Revisiones veterinarias periódicas.
- Realización de test diagnósticos en zonas endémicas.
Además, el diagnóstico precoz resulta fundamental para mejorar el pronóstico y controlar la evolución clínica de los animales infectados.
El impacto del cambio climático
El avance del cambio climático también preocupa a los expertos. El aumento de temperaturas está favoreciendo la expansión geográfica de los flebótomos hacia zonas donde anteriormente la enfermedad tenía una presencia muy limitada.
Esto podría modificar el mapa epidemiológico de la leishmaniosis en los próximos años y aumentar el riesgo en regiones del norte peninsular y otras áreas europeas.
Por ello, las campañas de vigilancia epidemiológica y concienciación continúan siendo esenciales tanto para la salud animal como para la salud pública.