Autor: Royal Canin                                Web: www.royalcanin.es

El gusto en el gato

Gato comiendoSi bien el olfato está mucho más desarrollado en los carnívoros domésticos que en el hombre, no ocurre lo mismo con el gusto. El gusto es una sensación que se percibe debido a la estimulación de receptores (células sensoriales) situados principalmente en la lengua, pero también en toda la cavidad bucofaríngea. Así, el animal es capaz de evaluar la palatabilidad del alimento e incluso de rechazar un producto tóxico, caracterizado generalmente por cierto amargor.

El sentido del gusto estimula secreciones salivares, pancreáticas y gástricas, y aporta sensación de bienestar.
Estos receptores están situados en la cara superior de la lengua, el paladar, la epiglotis y la faringe. En la lengua, los receptores se encuentran dentro de formaciones llamadas “papilas”. Se describen cuatro tipos de papilas gustativas: las papilas filiformes (llamadas también vellosas), fungiformes, caliciformes (llamadas también valadas o circunvaladas) y foliáceas. Las papilas filiformes, que se encuentran en la cara superior de la lengua, no participan en la degustación sino que, al estar dotadas de sensibilidad táctil, permiten reconocer la textura del alimento.
El número de receptores gustativos es muy variable en función de la especie. El perro posee muchos más que el gato, pero muchos menos que el hombre. El gato compensa ampliamente esta “desventaja” mediante un olfato muy desarrollado. En la base de los receptores gustativos se encuentran fibras nerviosas que se reúnen en tres nervios: el nervio glosofaríngeo, el facial y el vago. Las informaciones recogidas son así transmitidas a una parte especializada del cerebro, el tálamo.

Los sabores

Se piensa actualmente que los carnívoros domésticos pueden distinguir cuatro sabores –el dulce, el ácido, el salado y el amargo–, pero este postulado es un poco teórico. En todo caso, resulta práctico para estudiar la sensibilidad a los sabores. Los estudios han sido realizados analizando los comportamientos de preferencia del gato, entre dos alimentos distintos.

  • Sabor dulce: contrariamente a los demás mamíferos, el gato es muy poco sensible al sabor dulce. No hace ninguna diferencia entre agua y una solución dulce, pero si el azúcar está disuelto en una solución salada, el gato prefiere esta última. En realidad, el gato poseería fibras gustativas sensibles al agua que enmascararían los sabores dulces.
  • Sabor ácido: los receptores del sabor ácido están repartidos en la lengua. Si la acidez es elevada, el animal rechaza el alimento.
  • Sabor salado: el gato tiene un umbral de percepción del sabor salado más alto que el de otras especies; tolera bien los alimentos muy salados.
  • Sabor amargo: la percepción del sabor amargo se debe a receptores localizados en la parte posterior de la lengua; el gato es muy sensible

Otros autores han propuesto clasificaciones distintas. Consideran que el gato está dotado de un sistema llamado nucleotídico; la carne contiene nucleótidos, lo que explica la apetencia de este animal por los productos cárnicos.

Las preferencias alimentarias del gato

Estas preferencias provienen, en parte, de la experiencia que el animal ha adquirido. Así, cuando un gatito comienza a alimentarse solo durante el período de destete, prefiere invariablemente el alimento que consume su madre. Por el contrario, si se administra un nuevo alimento a un gato en estado de estrés se produce un fenómeno llamado “neofobia”: más adelante, el gato rechazará este alimento cuyo sabor está asociado a una experiencia desagradable. Esta neofobia se diferencia de la aversión, que corresponde al rechazo de un alimento que ha enfermado al animal o le ha sentado mal.
Por último, hay que mencionar los factores que originan la preferencia por un alimento dado. El gato prefiere las materias primas de origen animal a las de origen vegetal. La preferencia entre el pescado y la carne es muy variable según los individuos. El gato es poco sensible a la proporción de materias grasas del alimento, pero la presencia de éstas tiene un efecto sobre la textura que el animal aprecia. En efecto, el gato es muy sensible a la textura y a la granulometría del alimento y detesta los alimentos en forma de partículas muy pequeñas.