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Convivencia entre conejos

El carácter de los conejos es algunas veces paradójico. Estos animales tan sensibles y emocionales adoran tener la compañía de alguno de su misma especie, sobretodo los más tímidos y reservados, con el que estrecharán un vínculo de cariño y amistad increíble. Sin embargo, esta devoción suele brillar por su ausencia durante los primeros contactos, incluso es frecuente una reacción agresiva. Te ahorrarás las siguientes explicaciones si adoptas a ambos conejos a la vez y de bebés (menos de 3 meses), pues las dificultades se presentan en conejos adultos o adolescentes que no están acostumbrados a convivir con otros y reaccionan bruscamente ante la llegada de un “intruso”.

A no ser que sean macho y hembra y desees criar, debes castrar a los dos conejos para disminuir en la medida de lo posible su agresividad, su marcado concepto de la territorialidad y esa conducta inducida por las hormonas que puede incrementar la tensión de su relación. Los contactos preliminares se efectuarán en un territorio desconocido para ambos, ya sea una habitación o el mismo coche, con el fin de que el conejo que ya estaba en la casa no crea que le están usurpando lo que cree suyo. Las sesiones deben ser siempre vigiladas, de una duración inicial de 15 a 30 minutos, y sobretodo, no se les debe forzar jamás, sino dejar que actúen por sí mismos y sólo intervenir en el caso de una agresión excesiva.

Por desgracia, no es fácil predecir si dos conejos congeniarán enseguida o si será preciso de tu intervención para guiarles hacia un final feliz. En el caso de que los primeros contactos no sean satisfactorios, todos los consejos que daré a continuación te facilitarán las cosas.

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Tu papel en su acoplamiento es decisivo. Tu trabajo consiste en observar sus actitudes, responder con señales de aviso ante comportamientos negativos e intervenir rápidamente cuando la pelea esté a punto de empezar. Si eres una persona tranquila, tu presencia les inhibirá de enzarzarse en nuevas disputas. Si no, tómate un descanso para relajarte y empieza de nuevo.

  • Comportamientos positivos: al principio, una actitud positiva no tiene porque basarse en el contacto entre ambos conejos. Una simple conducta relajada y sin agresiones violentas es una buena señal. Si se tumban, mastican, ronronean, se lamen, se montan, comen o beben, aunque uno de los conejos no participe constantemente, las cosas están yendo por buen camino. Montarse es algo normal y puede significar tanto deseo como un simple juego. Sólo se debe intervenir separando a los conejos si uno de ellos reacciona chillando o atacando constantemente al otro.

 

  • Comportamientos negativos: vigila siempre la actitud de los conejos para prever cuando se va a producir un ataque: colas hacia arriba, orejas hacia atrás, gruñidos, peleas, arrancarse pelo, mordiscos y persecuciones. Si una de estas conductas se repite a menudo durante sus encuentros, ninguno de los conejos se rinde y la disputa se vuelve cada vez más violenta, debes intervenir. Puedes golpear el suelo con los pies, gritar o tirar algún objeto al suelo para distraer su atención. Un vaporizador con agua para rociarles sobre las cabezas te permitirá interrumpir una posible pelea, pero no te ayudará tanto si la pelea ya ha empezado. Si es así, también puedes separarles utilizando una toalla o vertiéndoles un chorro de agua con un vaso, pero no intentes utilizar tus manos o recibirás un mordisco por respuesta. Es importante que aprendas observándoles hasta donde pueden llegar en sus actitudes negativas y prevenir la pelea antes de que ocurra.

El ambiente que rodea a los conejos también es fundamental. Utiliza una habitación no demasiado grande con algún sitio para que los conejos se puedan subir, o con juguetes, para que puedan distraerse y no llegar a la confrontación directa enseguida. Elimina los rincones pequeños, escondidos o inaccesibles por ti. También debes proporcionarles sus jaulas, al menos una bandeja para orinar, un par de recipientes con comida y agua. Recuerda que el ambiente es importantísimo, así que si una habitación no te da los resultados esperados, prueba con otra. Y si observas que alguna decisión o acción que has tomado tiene resultados positivos, persiste en ella. Cuando retires a los conejos a sus respectivas jaulas, sitúalas la una junto a la otra para que se vayan acostumbrando a estar juntos, a verse y a olerse.

Casos dificultosos

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Algunas parejas tienen menos posibilidades de congeniar que otras. Cuando los dos conejos son adolescentes y no han sido criados juntos, puede ser que te lo pongan demasiado complicado. Si es así, dales unos meses de descanso antes de volverlo a intentar. Tampoco asumas que una coneja de 2 años adoptará a un bebé (menos de 3 meses) como si fuera su madre. Generalmente, los adultos prefieren a otros adultos o adolescentes, y los bebés se llevan mejor con los de su misma edad. Tradicionalmente, se cree que es más dificultoso lograr una relación de amistad entre machos, aunque ambos estén castrados. Por ese motivo, siempre que tengas opción elige a una hembra para un macho o a la inversa. Y acuérdate de castrarlos a ambos para facilitar las cosas. No obstante, esto no quiere decir que dos machos operados no puedan llegar a ser amigos, ni que dos hembras esterilizadas tampoco puedan lograrlo. Nada más lejos de la realidad, pues cada relación depende de las personalidades de los conejos involucrados y de tu paciencia y entrenamiento para que nazca entre ellos una amistad duradera.
Otro caso que puede darse es que uno de los conejos intimide siempre y en diferentes ambientes al otro, hasta el punto de no dejarle comer, ni beber, ni moverse con libertad. Si a pesar de tu vigilancia y de tus avisos, uno de ellos sale siempre malparado con heridas de mordeduras, y, tras aplicar lo arriba explicado, notas que no evolucionan en absoluto, opta por un largo descanso. Sitúa sus jaulas juntas, para que se acostumbren a vivir en el mismo ambiente, y pruébalo de nuevo transcurridas unas semanas. Finalmente, y como en todas las sociedades, también existen conejos asociales y autistas que no aprecian las ventajas de convivir con otros de su misma especie. Este caso es algo más aislado, pero seguramente un conejo de este tipo apreciará más la compañía de una cobaya, con la que apenas serán necesarios cuidados iniciales para que congenien a las mil maravillas.

Un tercer conejo puede ayudar

¿Puede un tercer conejo ayudar a mejorar una relación dificultosa? La respuesta es afirmativa, siempre que el tercer conejo sea, preferiblemente, un adulto tranquilo y acostumbrado a relacionarse con otros de su misma especie. Este conejo puede servirles de ejemplo o atenuar la intensidad de sus personalidades conflictivas.

Un conejo puede enseñar al otro

También existe la posibilidad de que un conejo enseñe al otro cómo comportarse. Muchas veces, los comportamientos negativos que se dan al principio de una relación son necesarios, y forman parte de la evolución que experimentará el conejo dominante. El conejo dominado tiene a menudo un papel fundamental, incluso es capaz de enseñar al dominante a cambiar una actitud violenta y de marcado instinto sexual, por otra en la que el afecto, compañía y lamido mutuo sean las características principales.
Debes entender que la mayoría de conejos que viven en casas han sido separados de su entorno social, y por ello disponen de un lenguaje muy limitado para interactuar de nuevo con los de su especie. Simplemente no saben cómo actuar cuando conocen a otro conejo y se sienten desorientados. Si el nuevo conejo en llegar está habituado a convivir con otros, es muy probable que las cosas sean más fáciles, pues le enseñará lo que debe y lo que no debe hacer. Es una increíble manera de apreciar cómo la inteligencia de un conejo puede calmar el instinto de otro, y ambos cambiar su comportamiento inicial de tal manera que puedan convivir amistosamente.

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Autor:  Nacho y  Mahalda