Durante décadas, los científicos han sabido que las aguas que rodean Reino Unido son frecuentadas por diferentes especies de tiburones, pero todavía existen muchas incógnitas sobre sus movimientos, sus zonas de alimentación y reproducción o la manera en que utilizan estos ecosistemas.
Ahora, un nuevo proyecto científico de tres años quiere arrojar luz sobre buena parte de esas preguntas. Para ello, los investigadores colocarán 70 dispositivos electrónicos de seguimiento a tiburones y combinarán la información obtenida con registros históricos de capturas realizados por pescadores desde hace más de 70 años.
🦈🦈🦈🦈🦈🦈🦈🦈🦈🦈🦈
Tres especies en el punto de mira
La investigación se centrará en tres especies especialmente importantes desde el punto de vista de la conservación: el marrajo sardinero o tiburón cailón (Lamna nasus), el tiburón cailón gris o tope (Galeorhinus galeus) y el tiburón azul (Prionace glauca).
Aunque los tiburones suelen asociarse a aguas tropicales o a grandes océanos, las costas británicas albergan más de 40 tipos diferentes de tiburones, desde pequeñas especies bentónicas hasta grandes animales migradores.
Precisamente conocer mejor sus desplazamientos puede ser fundamental para saber dónde pasan determinadas épocas del año y qué zonas resultan esenciales para su supervivencia.
Tiburón Maco o Marrajo, Lamna nasus – Foto propiedad de: Ben Phillips
¿Qué información proporcionan los dispositivos?
Los investigadores utilizarán dos tipos de dispositivos. Un primer grupo de 40 etiquetas permanecerá aproximadamente 45 días en los animales. Estos dispositivos permitirán estudiar, entre otras cuestiones, cómo responden los tiburones después de ser capturados y liberados.
Además, se utilizarán otros 30 dispositivos capaces de permanecer alrededor de un año. Estos permitirán reconstruir los desplazamientos de los animales y conocer a qué profundidades se sumergen y durante cuánto tiempo.
La información puede resultar especialmente valiosa para identificar lugares en los que los tiburones coinciden con determinadas actividades pesqueras.
Si los investigadores descubren, por ejemplo, que una especie se concentra periódicamente en una zona donde existe un elevado riesgo de captura accidental, esos datos podrían ayudar a mejorar las medidas de conservación.

Un archivo que comenzó en 1953
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que la tecnología moderna no será la única fuente de información.
Los científicos recurrirán también a la Pat Smith Database, un archivo que reúne registros de capturas de tiburones realizados por pescadores recreativos y que contiene información que se remonta hasta 1953.
Esto permitirá comparar los datos actuales con observaciones realizadas durante varias décadas.
La combinación puede ofrecer una perspectiva excepcional: por un lado, saber dónde se encuentran actualmente los tiburones y cómo se comportan; por otro, comprobar si sus áreas de distribución o sus patrones de aparición han cambiado con el paso del tiempo.

Los pescadores también se convierten en investigadores
En este proyecto los pescadores recreativos tendrán un papel importante.
Sus registros pueden funcionar como una forma de ciencia ciudadana, aportando información que sería imposible conseguir únicamente mediante campañas científicas.
Los investigadores también realizarán talleres y entrevistas con pescadores de distintas zonas del Reino Unido para incorporar sus conocimientos y experiencias.
En el caso de los tiburones, esta colaboración resulta especialmente interesante porque muchas observaciones se producen precisamente en el mar, lejos de las estaciones de investigación.
¿Por qué es importante seguir a los tiburones?
Conocer dónde se desplaza una especie no es una simple curiosidad científica.
Los datos sobre movimientos permiten localizar zonas de alimentación, reproducción, migración y concentración temporal. También ayudan a identificar lugares en los que los animales pueden estar expuestos a mayores amenazas.
Entre ellas se encuentra la captura accidental o bycatch, considerada una de las principales amenazas para los tiburones en aguas británicas.
Además, algunas especies de tiburones presentan características biológicas que hacen que sus poblaciones sean especialmente vulnerables a una explotación excesiva: crecimiento relativamente lento, madurez sexual tardía y una reproducción que produce pocas crías en comparación con otros peces.
Por eso, perder ejemplares adultos puede tener consecuencias importantes para la recuperación de sus poblaciones.
Mucho más que un punto en un mapa
Una etiqueta electrónica puede parecer un pequeño dispositivo, pero detrás de los datos que proporciona existe una enorme cantidad de información sobre la vida de un animal.
Cada desplazamiento puede ayudar a comprender qué hábitats utiliza, cuándo cambia de profundidad, qué zonas visita y cómo responde a determinadas circunstancias.
Los investigadores también tomarán muestras de ADN de algunos ejemplares. Con ellas esperan conocer mejor las conexiones genéticas entre diferentes poblaciones de tiburones y averiguar hasta qué punto animales de distintas zonas pertenecen a poblaciones relacionadas.
Los tiburones siguen siendo grandes desconocidos
A pesar de la fascinación que provocan, todavía sabemos sorprendentemente poco sobre muchas especies de tiburones.
La imagen popular suele reducirlos a grandes depredadores capaces de recorrer enormes distancias, pero su comportamiento es mucho más complejo.
Algunas especies realizan grandes migraciones mientras que otras permanecen asociadas durante determinadas épocas a zonas concretas. Algunas utilizan diferentes profundidades dependiendo de la hora del día o de las condiciones ambientales.
Descubrir estos patrones es esencial para protegerlas. El nuevo proyecto británico demuestra además que la conservación no depende únicamente de observar lo que ocurre hoy. Los registros acumulados durante décadas pueden convertirse en una herramienta científica extraordinariamente valiosa cuando se combinan con las nuevas tecnologías.
Y quizá uno de los resultados más importantes sea precisamente ese: descubrir que todavía quedan muchos secretos bajo la superficie del mar.
Porque para proteger a los tiburones primero hay que saber dónde están, cómo viven y qué necesitan para seguir formando parte de nuestros océanos.
La investigación está liderada por científicos de la Universidad de Exeter junto con la Marine Biological Association, Angling Trust y la Pat Smith Database, y cuenta con financiación de Natural England de casi un millón de libras.