Las granjas peleteras vuelven a situarse en el centro de la polémica tras la difusión de una investigación realizada en una explotación de visones ubicada en Abegondo, en la provincia de A Coruña. Las imágenes muestran escenas especialmente duras: animales con heridas abiertas, ejemplares mutilados, cadáveres abandonados entre jaulas y unas condiciones de higiene que han provocado una fuerte reacción de organizaciones animalistas y colectivos ecologistas.
La denuncia, presentada ante la Fiscalía por la organización ARDE, recoge material grabado durante varios meses dentro de la instalación. Según el colectivo, las pruebas evidenciarían graves deficiencias en el cuidado de los animales y posibles vulneraciones de la normativa de bienestar animal vigente en España.
Heridas, estrés y comportamientos extremos
Uno de los aspectos que más impacto ha generado son los signos de deterioro físico observados en numerosos visones. Algunos aparecen con lesiones visibles en la cabeza y las extremidades, mientras otros muestran amputaciones parciales en la cola o infecciones avanzadas.
Especialistas en comportamiento animal llevan años advirtiendo de que los visones son especialmente vulnerables al estrés cuando viven en espacios reducidos. En libertad recorren grandes distancias, nadan y desarrollan conductas complejas de exploración y caza. En las granjas peleteras, sin embargo, pasan toda su vida en pequeñas jaulas de metal.
Ese confinamiento prolongado puede derivar en conductas repetitivas, agresividad y automutilaciones. Precisamente esos comportamientos son los que, según la investigación, se habrían detectado en la explotación gallega.
Cadáveres entre animales vivos
Las grabaciones difundidas también muestran animales muertos dentro de las propias jaulas, en algunos casos junto a ejemplares vivos. Las organizaciones denunciantes sostienen que esta situación refleja una falta de supervisión y control sanitario continuado.
Además de los cadáveres, las imágenes evidencian acumulación de suciedad bajo las instalaciones, estructuras deterioradas por el óxido y presencia de insectos y restos orgánicos. Todo ello ha vuelto a abrir el debate sobre las condiciones reales en las que funciona parte de la industria peletera europea.
El riesgo sanitario vuelve al debate
El caso ha despertado nuevamente preocupación por el potencial riesgo sanitario asociado a las granjas de visones. Durante la pandemia de COVID-19, distintas explotaciones europeas registraron brotes del virus, y los expertos alertaron entonces de la facilidad con la que estas especies pueden transmitir determinadas enfermedades.
La elevada concentración de animales en espacios cerrados favorece la propagación de infecciones y aumenta el riesgo de mutaciones víricas. Por ese motivo, organismos científicos europeos han pedido en varias ocasiones revisar el modelo de producción de la industria peletera.
En Galicia ya se produjeron episodios relacionados con coronavirus e influenza aviar en años recientes, lo que incrementó las críticas hacia este tipo de explotaciones.
Una industria cada vez más cuestionada
La producción de pieles atraviesa desde hace años una pérdida progresiva de apoyo social en gran parte de Europa. Numerosos países han prohibido totalmente las granjas peleteras o han iniciado procesos para cerrarlas de manera gradual.
España mantiene todavía varias explotaciones activas, concentradas principalmente en Galicia, aunque el sector se ha reducido notablemente respecto a décadas anteriores.
Las organizaciones de defensa animal consideran que la difusión de investigaciones como la de Abegondo acelera el rechazo ciudadano hacia una actividad que, según denuncian, basa su funcionamiento en el confinamiento permanente y el sacrificio de miles de animales únicamente para obtener pieles destinadas a la industria de la moda.
Investigación abierta
La Fiscalía deberá analizar ahora toda la documentación aportada para determinar si existieron irregularidades o posibles delitos relacionados con maltrato animal y condiciones sanitarias deficientes.
Mientras avanza la investigación, el caso vuelve a alimentar un debate que gana intensidad en Europa: el futuro de las granjas peleteras y la creciente presión social para poner fin a un modelo cada vez más cuestionado por motivos éticos, sanitarios y medioambientales.