Autor:  Federico  Curra Gagliano

 

¿Que entendemos por un tumor?

TumorEn el siglo pasado el padre de la patología celular escribió refiriéndose a los tumores: “Si quisiéramos obligar a alguien a que nos diga qué son en realidad lo tumores, creo que no encontraríamos a ningún hombre sobre la tierra que fuera capaz de decirlo”. Sin   embargo, en el momento actual, a través de las observaciones clínicas,   anatomopatológicas y la experimentación animal, han mejorado considerablemente   los conocimientos, sobre las génesis, desarrollo y naturaleza de los   tumores, permitiéndonos emitir el concepto de TUMOR.  Entre las múltiples definiciones que existen en el momento actual, creemos que una de las más simples y adecuadas desde el punto de vista morfológico, es aquella que considera a un TUMOR “como grupo de células de crecimiento anárquico, patológico, cuyas características son: crecimiento autónomo, es decir, independiente, ilimitado; que se realiza fuera del   plan general del desarrollo del organismo y que este crecimiento no es útil,   antes al contrario, le ocasiona la mayor parte de las veces, graves trastornos”. Esta definición nos sirve además, para diferenciar el verdadero tumor de otros procesos patológicos cuyo denominador común consiste en una multiplicación violenta de las células como, la hiperplasia, o aumento de volumen de una parte del organismo debido a la formación   y crecimiento de nuevas células, la regeneración y las malformaciones.

¿Como se denominan los tumores?

En general los tumores se designan añadiendo al nombre de la célula o del tejido que reproducen, al sufijo -oma, que significan tumor; así el tumor benigno del tejido fibroso recibe el nombre de fibroma. Los tumores malignos del tejido epitelial reciben el nombre de carcinomas, mientras que los tumores malignos de los tejidos conectivos se designan con el nombre de sarcomas; ambos términos sin embargo, pueden emplearse independientemente (carcinoma de células planas) o como sufijo (fibrosarcomas).

Agentes que producen o favorecen la aparición de un tumor

Los diferentes agentes que producen o favorecen la aparición de un tumor reciben el nombre de cancerígenos y pueden ser químicos, físicos, víricos y parasitarios, sin olvidar la existencias de factores intrínsecos del organismo que colaboran en la presentación de un proceso neoplásico (hereditarios, hormonales, senectud, predisposición).

Los agentes químicos de gran importancia en la génesis de determinados tumores en el hombre, también han evidenciado su poder oncogénico en animales provocando tumores espontáneos o de forma experimental.

Estos agentes químicos pueden ser contaminantes del medio ambiente,   especialmente el aire, así como determinadas sustancias con las que se   relacionan por su forma de vida, entre las que se encuentran los alquitranes,   derivados del petróleo (parafinas), etc. Igualmente la ingestión de determinadas sustancias pueden producir tumores. Se ha descrito el carcinoma hepático en animales cuyos alimentos estaban contaminados con aflatoxinas, toxina procedente del hongo Aspergillus Flavus.

No se conoce totalmente el mecanismo de acción de los carcinógenos químicos. Se supone que la sustancia química denominada precarcinógeno, se transforma primero, por la acción de determinadas enzimas, en un producto metabólico o carcinógeno proximal. Por reacción enzimática, este último se transformaría en la forma activa del carcinógeno o último carcinógeno, el cual reaccionaría como iniciador con macromoléculas de la célula, integrándose en el genoma celular.

En general los agentes químicos que inducen la transformación de la célula normal en otra tumoral reciben el nombre de iniciadores.

Debemos tener presente que existen ciertas sustancias químicas que carecen   de acción carcinógena administradas solas a animales de experimentación, pero si su administración coincide con la de un iniciador, actúan como cocarcinógeno o promotor, intensificando el efecto nocivo causado por el iniciador.

Entre los agentes físicos considerados como cancerígenos se encuentran   los estímulos mecánicos. Fue VIRCHOW quien con su “teoría de la irritación”, sugirió la idea de que los tumores pueden aparecer en aquellos lugares donde actúan sobre las células y los tejidos ciertos estímulos crónicos. En las razas de perros de gran tamaño, se ha descrito la aparición frecuente de osteosarcomas en las extremidades. Se considera que las irritaciones traumáticas del hueso en crecimiento, representa el factor oncogénico primario. Sin embargo, debemos ser muy críticos al enjuiciar estos casos, tanto en medicina humana como en veterinaria.

Otros agentes físicos cancerígenos son los rayos X, que en animales de experimentación provocan primero radiodermatitis y después carcinomas cutáneos, así como carcinoma de tiroides. Los rayos ultravioleta, pueden producir tumores en regiones cutáneas despigmentadas y de pelo escaso, como ocurre en el gato blanco en regiones calidas, donde es frecuente el carcinoma del borde externo de la oreja; rayos infrarrojos, radiaciones atómicas, etc.

La teoría vírica en la génesis de los tumores ha alcanzado una gran importancia en el momento actual, habiéndose llegado al conocimiento de un abundante número de virus oncogénicos. El virus del papiloma perteneciente al grupo de los papovavirus, es el causante de la palilomatosis bucal del perro, y en el carcinoma mamario de la gata se ha detectado en diferentes ocasiones, partículas víricas, lo que hace suponer que sea un virus el causante del proceso.

Finalmente también, se citan los parásitos quienes, a través de su acción expoliadora causando irritaciones mecánicas continuas, pueden actuar como factor etiológico en la génesis de tumores. Podemos citar el fibrosarcoma del esófago del perro en relación con los nódulos fibrosos submucosos provocados por la parasitosis del   nematodo Spirocerca lupi.

Además de las causa externas citadas, también las influencias endógenas poseen una gran importancia en la génesis de los tumores. Sin duda, existen diferencias entre las distintas especies animales, así por ejemplo, en el caballo y mulo de capa blanca, son más frecuentes los tumores de piel (melanomas) que en otras especies animales; por el contrario, los tumores de mama son más frecuentes en la perra y en la gata que en   el resto de las hembras de animales domésticos.

 

 

Igualmente debemos tener en cuenta, por una parte, la predisposición racial. El mastocitoma aparece con mayor frecuencia en perros de raza Boxer, mientras el osteosarcoma es más corriente en las grandes razas caninas como el San Bernardo. Por otra, está fuera de duda, la existencia de una predisposición individual, es decir, que no todos los animales pertenecientes a la misma raza padecen tumores de la misma forma y a la misma edad.

Entre los factores endógenos que pueden originar tumores, debemos citar a las hormonas. El cáncer de mama de la perra y de la gata es posible que estén favorecidos por la hormona femenina (estradiol),ya que experimentalmente se ha observado que la ovariectomía precoz reduce ostensiblemente la aparición de tumores de mama en aquellos animales donde este proceso es frecuente espontáneamente.

Constitución de los tumores

Los tumores están formados por dos partes: una, de tejido propio y de cuya proliferación celular resulta la masa neoplásica propiamente dicha, denominada parénquima y otra, de un tejido conectivo vascular procedente del crecimiento de los constituyentes normales del organismo y cuya misión es suministrar materiales nutritivos a las células tumorales, recibe el nombre de estroma.

La delimitación entre el parénquima y estroma es a veces muy precisa, pero en otras ocasiones, esta delimitación no es tan clara y los elementos neoplásicos infiltran el estroma. Las relaciones proporcionales entre estas dos partes están sujetas a múltiples variaciones. Hay tumores de estroma muy escaso en los que predomina la propia masa tumoral, adoptando en conjunto una consistencia blanda, semejante a la masa encefálica,   de ahí que se les denomine tumores medulares o encefaloides, en otros, el tejido estromático está muy desarrollado, llegando a ahogar las células del parénquima. Este tipo de tumores son de consistencia dura y reciben el nombre de tumores escirrosos o escirros.

¿Qué forma pueden tener los tumores?

Los tumores pueden tener multitud de formas, por lo que es difícil establecer una normas de tipo general que sean aplicables para todos. Sin embargo, los originados en el tegumento externo (epitelio de superficie),crecen hacia el exterior adoptando forma fungosa, poliposa, dendrítica, etc. Si el tumor crece en el tejido conectivo, debajo de un epitelio, puede adoptar la forma de placa o nódulo o aparecer como un engrosamiento de la superficie y palparse como una induración.

Los tumores que crecen en un órgano o tejido sólido, tienden a adoptar una forma esférica, distorsionada en ocasiones por la presencia de estructuras duras que no se dejan deformar por la presión que ejerce el tumor al crecer. Suelen estar bien delimitados del tejido vecino, incluso por la presencia de una barrera, cubierta o cápsula. Otras veces sus   límites están mal definidos, no siendo posible por palpación, o a simple vista, saber la extensión de tumor, por lo que la parte afectada   aparece tumefacta y aumentada de tamaño, pero sin adoptar una forma determinada.