Los parásitos conforman uno de los grupos de animales más diversos y ecológicamente importantes en la Tierra, pero un tercio de sus especies corre riesgo de extinción en los próximos 50 años y la investigación sobre ellos es relativamente escasa.

Ante esta situación, un equipo internacional de científicos acaba de publicar un volumen especial en la revista Biological Conservation, una especie de “lanzamiento fundacional” de la disciplina biología de conservación de parásitos, que reúne a algunos de los parasitólogos más famosos del mundo. El trabajo incluye diversos estudios sobre su conservación y un estudio principal en el que se detalla un ambicioso plan de doce metas a desarrollar durante la próxima década.

Uno de los participantes de este volumen especial es Jorge Doña, investigador Marie Curie del departamento de Zoología de la Universidad de Granada (UGR) y la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Doña explica que “durante décadas los ecólogos han llamado la atención sobre la urgencia de comprender el papel ecológico de los parásitos y proteger de la extinción a la mayor cantidad posible de especies”. Sin embargo, la mayoría de los esfuerzos de conservación de animales excluyen, ignoran, o consideran a los parásitos como un problema: se protege a un animal, pero se eliminan los parásitos relacionados antes de estudiar la interacción parásito y hospedador.

El trabajo incluye diversos estudios sobre su conservación y un estudio principal en el que se detalla un ambicioso plan de doce metas a desarrollar durante la próxima década

 

Parásitos-extinción
Un ejemplo de la relevancia de los parásitos para la estabilidad de los ecosistemas se da con unas poblaciones de peces amenazadas de extinción, los Salvelinus leucomaenis japonicus. Se alimentan de grillos y saltamontes, que saltan más al agua si están parasitados. / Wikipedia

 

Un ejemplo de la relevancia de los parásitos para la estabilidad de los ecosistemas se da con unas poblaciones de peces amenazadas de extinción, los Salvelinus leucomaenis japonicus. En la zona que habitan, hay parásitos que afectan a grillos y saltamontes y, cuando estos insectos resultan infectados por los parásitos, aumenta por 20 la probabilidad de que salten a corrientes de agua y los peces puedan devorarlos. Los grillos y los saltamontes suponen un 60% del alimento de estos peces en peligro de extinción.

En este volumen especial, se incluye un trabajo liderado por Doña junto a Kevin Johnson de la Universidad de Illinois (USA). En este trabajo, se han integrado metodologías de biología coevolutiva de simbiontes con la perspectiva de la conservación, con objeto de mejorar los cálculos sobre la probabilidad de extinción de estas especies.

“En particular, en ese trabajo, proponemos una nueva variable, la tasa de extinción cofilogenética, que utiliza datos de análisis cofilogenéticos basados en eventos macroevolutivos y que sirve para obtener una estima de la probabilidad de extinción de organismos simbiontes. Finalmente, proponemos posibles vías para el desarrollo de esa aproximación para, de esta manera, continuar con la integración de la Biología coevolutiva y la Biología de la conservación”, señala el investigador.

 

Metas de conservación

El “Plan Global” del volumen especial, liderado por Skylar Hopkins, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, (EE UUU) y Colin Carlson de la Universidad de Georgetown, (EE UU) y en el que participa Doña, plantea doce metas para la próxima década. Estas se distribuyen en cuatro categorías: colección y síntesis de datos; priorización y medición del riesgo; práctica de conservación y educación. Siguiendo este plan, podrán verse cambios en los protocolos para la conservación de parásitos, evaluaciones de conservación para especies individuales y una mayor capacidad de organizaciones para la investigación y conservación de parásitos.

“Miles o millones de parásitos podrían verse afectados negativamente por el cambio global y estas pérdidas podrían tener cascadas de consecuencias para la función y la estabilidad de los ecosistemas. Sin embargo, aún no es posible cuantificar o abordar por completo estas cuestiones dado el vacío de datos existente. En particular, la mayoría de especies de parásitos aún no se han descubierto o no están descritas, y de las conocidas, muy pocas tienen distribuciones o tamaños poblacionales bien estudiados”, explica Hopkins.

“Si las especies no tienen nombre, no podemos conservarlas”, señala Carlson. De hecho, uno de los objetivos que plantea el trabajo es llegar a describir el 50% del total de estas especies.

Miles o millones de parásitos podrían verse afectados negativamente por el cambio global

Cabe mencionar que existen ejemplos de conservación exitosa de parásitos, en los que estos se conservaron junto a sus hospedadores durante la translocación y en programas de conservación ex situ del hospedador. Se podría hacer que los hospedadores se protejan con sus parásitos, ya que si se elimina el simbionte puede aparecer otro organismo que sea más perjudicial para el hospedador.

Por otro lado, también se podrían aplicar otras fórmulas como la evaluación de la vulnerabilidad de las especies de parásitos, la clasificación en listas rojas de especies amenazadas, y usar la legislación existente para especies en peligro de extinción.

Además, Hopkins señala que “a medida que los científicos, profesionales de la conservación y las partes interesadas trabajen más sobre la conservación de parásitos, sus esfuerzos podrían ser apoyados a través de recursos y formación. Al mismo tiempo, se deberían compartir con el público en general los beneficios y la belleza de las especies de parásitos a través de la educación y divulgación científica, lo cual construiría comunidades locales y globales más fuertes que apoyarían los esfuerzos de conservación de parásitos”.

Referencia:

Skylar Hopkins et al. “Parasite Conservation in a Changing World”. Biological Conservation

Fuente: UGR