Esta es la historia de Tim. Tim es un perro que fue criado con un objetivo, convertirse en un perro de terapia para ayudar a la gente que lo necesitara. Sus padres eran perros de terapia y, por tanto, el destino de Tim estaba ya marcado antes incluso de nacer. Desde cachorro se le empezó a preparar para esta importante tarea: convertirse en un atento y obediente perro de terapia.

¿Qué significa ser perro de terapia?

Su labor principal es la de colaborar en las sesiones de terapia para personas de colectivos diversos que puedan necesitarlo, desde situaciones de exclusión social a enfermedades de todo tipo. Así, Tim trabaja a diario interactuando con personas que necesitan de su soporte terapéutico, principalmente Tim da apoyo a personas con trastorno mental y/o con discapacidad intelectual.

La rutina de Tim consiste en acompañar a Ariadna, su guía humana, que es psicóloga, en sus sesiones terapéuticas con sus pacientes residentes en centros geriátricos y centros psiquiátricos. Desde que Tim cumplió 2 años de edad, cuando finalizó su etapa de entrenamiento y se certificó como perro de terapia, ha estado trabajando cuatro horas diarias, cinco días en semana, dando apoyo emocional y convirtiéndose muchas veces en el protagonista de las sesiones de terapia para los pacientes de Ariadna.

Durante 3 años, desde su certificación como perro de terapia, la vida de Tim parecía totalmente estable y bajo control, pero, desde hace un mes, las cosas han cambiado. Tim rehúsa ir a las sesiones de terapia: no quiere montarse en el coche antes de ir a las sesiones a los centros donde él y Ariadna realizaban habitualmente su encomiable tarea.

Ariadna, al notarlo extraño lo llevó hace 15 días al veterinario, para que le hicieran una revisión completa. Las pruebas clínicas y analíticas no mostraban nada anormal. Por eso, Ariadna, a pesar de los comportamientos extraños de Tim, decidió continuar con las rutinas normales de trabajo. Pero, ayer por la mañana, Ariadna vio que Tim tenía una seria herida en una pata delantera y, además, al intentar montarlo en el coche, Tim vomitó. Por eso, corrió de nuevo al veterinario, y hoy le han dado los resultados de las pruebas: todo sigue pareciendo normal.

El veterinario, que conoce a Tim desde cachorro, le recomienda a Ariadna que acuda a un etólogo (un especialista en comportamiento animal), porque podría ser que todos los problemas que padece Tim fueran puramente de origen comportamental. “¿Tendrá Tim un trastorno psicológico?”, se pregunta sorprendida entonces Ariadna, siendo ella misma psicóloga de “humanos”.

Dos días después, Ariadna acude con Tim a la consulta con el etólogo. El etólogo le dio un claro diagnóstico:

Este perro muestra muchos signos de estrés, que les están afectando tanto a nivel físico como de conducta.

Tim había llegado, por lamerse de forma compulsiva la pata, a autolesionarse. Esto parecía deberse a los niveles de estrés a los que estaba sometido en su día a día. Ariadna, en todo el tiempo que había convivido y trabajado con Tim, no había sido consciente en absoluto del estrés que padecía Tim a diario con la difícil tarea que le tocaba desempeñar. Ahora, Ariadna, por fin, abría los ojos ante la realidad de su compañero de cuatro patas y podía ponerle remedio.

 

Perros de terapia
Bienestar cuidadores de cuatro patas

La historia de Tim no es excepcional ni extraña. A diario muchos perros llamados “de trabajo” o “de utilidad” pueden estar sufriendo las consecuencias del estrés debido a su labor, aunque la tarea sea tan encomiable como la de cuidar de seres humanos que se puedan beneficiar terapéuticamente del contacto con un perro.

En la última década en España han crecido exponencialmente los programas de terapia asistida con perros, con lo que múltiples colectivos han podido disfrutar de sus ventajas, desde pacientes con Alzheimer hasta mujeres víctimas de violencia de género. Eso significa que tenemos a diario cientos de perros trabajando por el bien de las personas, pero que podrían estar padeciendo los efectos negativos de dedicarse a un ámbito para el que realmente no están preparados mentalmente, aunque se les haya entrenado a conciencia para ello.

Entonces, ¿los perros no deben “trabajar” en terapias?

Todo esto no significa que los perros no deban “trabajar” ni que todos los perros de terapia estén sufriendo estrés, sino que es un punto que no debemos olvidar cuando tenemos un compañero de cuatro patas que lleva a cabo una labor complicada y de elevada exigencia. Los cambios constantes de entorno, la interacción con muchas personas diferentes, los comportamientos atípicos de algunos usuarios o pacientes, entre otros factores, pueden estar suponiendo una carga de estrés importante para el perro.

Con este artículo se pretende concienciar sobre la necesidad de supervisar el bienestar de los perros de terapia, igual que el de cualquier otro tipo de perro de trabajo (de rescate, de detección, o de asistencia, por ejemplo). Actualmente, se dispone del conocimiento suficiente como para ser capaces de detectar con eficiencia los signos de estrés y/o agotamiento del perro de trabajo. Simplemente, conviene, como guía del perro, tener bien presente la importancia de evaluar continuamente el bienestar de su perro, su compañero de trabajo y, sobretodo, formarse en este aspecto para saber detectar cuanto antes cualquier signo de efectos perjudicial en el perro.

Muchos perros de terapia disfrutan con su trabajo, pero debemos recordar siempre que no todos los perros están preparados para cualquier tarea que nos planteemos, por muy beneficiosa que sea la interacción para una persona.

Si estableciéramos sistemáticamente protocolos de seguimiento del bienestar de los perros de terapia, lograríamos que el ámbito de las terapias asistidas resultara provechoso para todos, perros y personas, y, así, evitaríamos que situaciones como las de Tim se repitieran.

 

Autor: Fundación Affinity                       Web: www.fundacion-affinity.org