Seguro que te suena esta situación. Entras en casa y de repente ves que tus zapatillas de andar han pasado a mejor vida. Te dirijes a tu perro y le sueltas un sermón tipo: ¿pero qué has hecho? ¿a ti te parece esto bien? Eso no se hace y un largo etc, que tu peludín interpretará como ¿pero qué pasa?, vamos que lo único que entiende es: este humano está enfado. ¿Y ésto por qué ocurre? Los perros no interpretan el lenguaje de manera simbólica o abstracta, como lo hacemos las personas, pero sí han desarrollado una notable capacidad para descodificar señales humanas gracias a miles de años de domesticación.

Su comprensión se basa en la combinación de cuatro elementos clave:
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Palabras concretas
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Entonación
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Lenguaje corporal
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Contexto y experiencia previa
Cuando estos cuatro factores coinciden, el mensaje para el perro es claro.
1. Comprensión de palabras: más allá de lo básico
Algunos perros pueden aprender entre 50 y más de 200 palabras, especialmente nombres de objetos, personas y acciones. No “saben” lo que una palabra significa en términos lingüísticos, pero la asocian con una consecuencia concreta.
Por ejemplo:
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“Paseo” → correa + salir + estimulación = !Esto mola!
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“Siéntate” → acción + posible recompensa = !Chuche o caricia a la vista!
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“Veterinario” → experiencia previa (no siempre positiva) = !No estoy muy seguro de si esto me va a gustar!
Estudios con resonancia magnética han demostrado que el cerebro del perro distingue palabras conocidas de sonidos sin sentido, lo que indica un procesamiento real del vocabulario aprendido.
2. El tono de voz: igual o más importante que la palabra
El tono de voz a la hora de dirigirte a un perro es muy importante, tanto o más que las palabras, es lo que conocemos como entonación emocional. De hecho:
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Las palabras se procesan principalmente en el hemisferio izquierdo del cerebro.
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La entonación se procesa en el derecho, igual que en los humanos.
Esto significa que tu perro analiza qué dices y cómo lo dices. Un “muy bien” dicho con tono neutro o enfadado pierde su efecto positivo, mientras que un elogio entusiasta refuerza la conducta incluso si la palabra no es clara.

3. Lenguaje corporal: el verdadero idioma canino
Para un perro, los gestos, la postura y la expresión facial suelen ser más relevantes que las palabras. Señales como:
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Inclinarte hacia él
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Mirarlo fijamente o evitar la mirada
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Tensión corporal
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Movimientos de manos
pueden cambiar por completo el significado de un mensaje verbal.
Por eso, a veces parece que “no te hace caso” cuando en realidad tu cuerpo está diciendo algo distinto a tu voz. Tenlo en cuenta cuando te dirijas a tu peludín !no le hagas un lío!
4. Contexto, rutina y memoria asociativa
Los perros son expertos en leer patrones. No entienden frases largas, pero sí reconocen rutinas completas:
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Hora del paseo
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Preparación de la comida
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Llegada de una persona concreta
Además, su memoria asociativa es muy potente. Una sola experiencia intensa puede marcar el significado emocional de una palabra o situación durante mucho tiempo.

¿Entienden conversaciones completas?
No. Aunque a veces lo parezca, los perros no siguen una conversación. Lo que hacen es:
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Detectar palabras clave
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Analizar tu emoción
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Observar tu comportamiento
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Anticipar lo que suele ocurrir después
Cuando coinciden varias pistas conocidas, el perro “sabe” qué esperar. Recuerda tu peludín es un analista muy cualificado, nada se le escapa.
¿Por qué hablarle a tu perro sí es importante?
Hablarle:
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Refuerza el vínculo emocional
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Reduce el estrés si el tono es calmado
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Mejora el aprendizaje durante el adiestramiento
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Aumenta su atención hacia ti, recuerda tú eres todo para él.
No es que entienda todo lo que dices, pero sí entiende que te estás comunicando con él.