Hámster
Hámster

 

Mucha gente proporciona algunas horas de diversión a sus mascotas fuera de su alojamiento habitual, y decide soltar a sus roedores por la casa. No es una mala idea, el soltar o no a nuestros roedores. Les permite relajarse, variar su ambiente, ejercitarse e interactuar con nosotros. Sin embargo, son pocos los que se plantean si estos momentos de ocio para sus mascotas son realmente eso o si tras estas aparentemente inofensivas salidas se esconden peligros que pueden llevar a que un inocente paseo acabe en tragedia. Hay unas pocas normas de precaución  generales que pueden seguirse para que estos momentos de ocio sean simplemente  eso.

Por qué soltar a nuestras mascotas

Para el que se pregunta a que atiende el mantener suelta a nuestra mascota al menos durante unas horas al día, la respuesta es bastante simple.

Por un lado, aún cuando se disponga de una jaula amplia, el espacio suele ser insuficiente para que nuestro amigo se ejercite lo suficiente. Serán raras las ocasiones en las que el dueño disponga de suficiente espacio como para permitirse renunciar a una cantidad elevada de este en pro de su mascota. Si nuestro animal no dispone de suficiente espacio para ejercitarse, el riesgo de obesidad y otras enfermedades se verá enormemente aumentado.

Por otra parte, el espacio en el que alojamos a nuestra mascota es limitado, y por tanto, las posibilidades de diversión dentro de dicho espacio son también limitadas. Un ambiente monótono hará que nuestra mascota se aburra. Los animales que se aburren tienden a moverse menos, se vuelven mas irascibles, y tienen tendencia a desarrollar comportamientos “molestos” como forma de llamar la atención de sus dueños, o simplemente, por que se divierten con lo que están haciendo. La falta de actividad repercute en un mayor riesgo de obesidad y de otros problemas asociados a la   falta de ejercicio. La mayor agresividad contribuye a un aumento de las peleas en el caso de mascotas que conviven en grupo, mientras que los animales alojados solos se mostrarán más propensos a agredir a su dueño o cuidador. Especialmente en este último caso, el de animales alojados solos, no es extraño que se dediquen a destrozar lo que tengan a mano, puesto que prácticamente será lo único distinto que podrán hacer. El problema es mucho más grave en animales que se alojan solos con respecto a aquellos que lo hacen en pareja o en grupo.

Finalmente, el tiempo que nuestra mascota pase suelta, lo pasará con su dueño, y estas salidas lúdicas son una herramienta valiosísima a la hora de estrechar los lazos entre el animal y su cuidador. Para cualquier animal su casa es su territorio, y tratará de defenderlo ante posibles intrusos. Cuando interactuamos con nuestra mascota en su alojamiento, somos   nosotros los que entramos en su territorio. El animal se siente aquí seguro, confiado y hasta cierto punto superior, y semejante estado anímico no es quizás el más recomendable para que se establezcan lazos profundos entre cuidador y mascota. En un territorio neutral (que no hostil),  las condiciones son mejores. Nuestra mascota no ha de sentir miedo, pero si curiosidad por todo lo nuevo que le rodea, se mostrará más dispuesta a explorar, probar y relacionarse con lo que le rodea, incluidos nosotros, se mostrará mas dócil puesto que no estén su territorio, y por tanto no es una de sus obligaciones defenderlo.

Por supuesto, no todos los mamíferos tiene idénticas necesidades de diversión. Cuanto mayor sea la sociabilidad e inteligencia de nuestra mascota, mayores serán sus necesidades en este sentido. No es indispensable que todos los mamíferos dispongan de un tiempo de ocio, aunque a ninguno le vendrá mal. Es mucho más fácil proporcionar diversión   a un hámster o un ratón blanco que a un petauro, puesto que sus necesidades y desarrollo en lo que a comportamiento social se refiere son muy diferentes.

Los degús y el azúcar

Existe un detalle relacionado con el metabolismo de esta especie que es esencial conocer. Los degús son incapaces de metabolizar correctamente la glucosa (se podría decir que son diabéticos). Es por tanto esencial que NUNCA demos a nuestros degús alimentos que contengan glucosa, o haremos que enfermen gravemente o que incluso lleguen a morir. Cuidado con golosinas y piensos destinados a otras especies, vigilemos su composición en busca de azúcares, y si tenemos la más mínima sospecha, descartémoslos.

Normas generales

A la hora de permitir permanecer sueltas a nuestras mascotas es preferible que preparemos una habitación específicamente para estas salidas y no que las dejemos correr a su libre albedrío por toda la casa. Hay habitaciones prohibidas, como la cocina o el baño, por los peligros que entrañan, y controlar que todas las habitaciones sean seguras es demasiado complejo, a parte del riesgo que existe de que en determinado momento no sepamos donde está nuestro pequeño amigo.

Lo primero: Siempre con supervisión

Norma número uno, cuando nuestra mascota permanezca suelta por la casa siempre debe ser bajo estricta vigilancia y supervisión. Por un lado, a la hora de que un animal permanezca suelto uno de los objetivos que se busca   es que interactúe hasta cierto punto con su cuidador. Si el cuidador no esta presente, este elemento se pierde. Por otra parte, la mejor manera de evitar problemas es vigilar para que estos no se produzcan. Cuando permanecen sueltas las mascotas siempre son capaces de causar un algún estropicio de mayor o menor envergadura bajo las narices de su guardián, o son capaces de escaparse en un visto y no visto, así que no tenemos más que pensar lo que serían capaces de hacer en un par de horas a sus anchas. Mascotas fugadas, figuritas rotas, alfombras destrozadas, madera roída… la lista es extensa. Por nuestra seguridad y tranquilidad y por el bien de nuestra mascota, es indispensable que siempre haya alguien presente para echar una mano a nuestro pequeño amigo si se mete en problemas.

A prueba de fugas

Si preparamos una habitación para las salidas de nuestra mascota, el primer paso es estar seguro de que va a permanecer en ella, o nos podremos encontrar   con que a las primeras de cambio se a producido una fuga. Hay que revisar palmo   a palmo la habitación hasta que nos aseguremos de que no hay ninguna rendija, agujero o grieta sin controlar. Aún cuando un hueco parezca pequeño, es mejor prevenir que curar, así que conviene taparlo, aunque creamos que es imposible que nuestra mascota pase a través de   el. Para muchos animales es suficiente con que su cráneo quepa por un   agujero para que todo el cuerpo pase por el. Las rejillas de ventilación o calefacción pueden ser empleadas fácilmente como vía de escape por muchos animales, conviene revisarlas, asegurarse de que están bien afianzadas y que entre sus láminas no hay espacio suficiente como   para permitir fugas. Otro elemento que ha sido empleado varias veces por mascotas escapistas son los cajetines de enchufes no utilizados, especialmente en aquellas casas que cuentan con una tabiquería prefabricada entre cuyos paneles queda un espacio muerto. A algunos animales les resulta sorprendentemente fácil desaparecer a través de estos huecos. Otro elemento al que hay que prestar muy buena atención es a los armarios empotrados. Algunos modelos que   no se instalan de obra dejan una pequeña holgura entre su estructura   y la pared que puede permitir el paso de un animal.   Otro elemento que suele actuar como fuente de problemas es el espacio que queda   entre las hojas de la puerta y el suelo, aun cuando la puerta permanezca cerrada, si este espacio es un poco amplio puede permitir a un animal pequeño como un petauro deslizarse bajo el y desaparecer. Por supuesto, las puertas y las ventanas han de permanecer cerradas mientras nuestras mascotas andan sueltas por la casa.

Cables eléctricos y enchufes   Uno de los principales peligros que acecha dentro de nuestros hogares es la   corriente eléctrica. Una mascota no sabe lo que es la electricidad, y por tanto no sabe como protegerse de ella. Para cualquiera de nuestros animales, un cable eléctrico es simplemente una “cosa” alargada y de consistencia gomosa muy apetecible para roer o masticar. Un enchufe es simplemente un hueco en el que pueden esconderse valiosos tesoros o simplemente algo interesante para comer. La habitación en la cual vayan a mantenerse sueltas nuestras   mascotas deberá tener los enchufes protegidos por un sistema similar al que se emplea en el caso de los niños. No deberá haber cordones   eléctricos a la vista sin proteger o cubrir, y si están presentes, deberemos desconectarlos para que no pase electricidad a través suyo.   Los cables eléctricos son frecuentemente objeto de ataque por los dientes de nuestras mascotas, así que tras su periodo de libertad, conviene revisarlos todos por si han sido masticados, no vaya a ser que en el peor de los casos los electrocutados seamos nosotros, o como poco, nos llevemos un buen susto.

Radiadores y similares

Una vez que hayamos verificado que no hay posibilidad de fuga, y que el riesgo de electrocución al menos aparentemente es reducido, pasaremos al siguiente peligro de la lista. Un hurón, por poner un ejemplo, no sabe lo que es   una bombilla, un radiador o una estufa de butano. No sabe que queman, y muchas veces no descubre que es así hasta que lo comprueba de manera empírica.   Si se aproxima lentamente, es probable que se percate de que estos elementos   desprenden calor, y que por tanto inicialmente al menos, tenga cuidado, sin   embargo, no siempre la aproximación será cuidadosa. Puede ser   que esté distraído con otra cosa, jugando o corriendo de un lado a otro, y en estos casos, el aprendizaje suele ser mucho más doloroso. Aún cuando nuestra mascota sepa que un radiador o una bombilla son potencialmente peligrosos, puede acercarse demasiado en un momento de descuido. La mejor manera   de evitar los problemas es prevenirlos. Así que cualquier elemento susceptible   de quemar a nuestras mascotas debe ser protegido, de tal manera que resulte   inocuo, o si no es posible, desconectado. Las estufas y otros elementos eléctricos de calefacción son doblemente   peligrosos, además de quemar pueden ser causantes de electrocuciones. En estos casos deberemos preocuparnos de que los cables eléctricos estén   fuera del alcance de nuestras mascotas o debidamente protegidos de sus dientes y garras.

Cuidado con los desprendimientos   Una vez revisados los riesgos de fuga, electrocución y quemadura, tendremos   que cubrir una cuarta causa de problemas, la caída de objetos. La fuerza de los animales muchas veces no está directamente relacionada con su   tamaño, y si se les mete en la cabeza pueden llegar a realizar esfuerzos importantes para mover un objeto. Desgraciadamente, sucede muchas veces que el elemento elegido para ser desplazado resulta ser el sostén de otros, que pueden caer con la suficiente fuerza como para dañar gravemente al confiado animal que se movía en   sus inmediaciones. Incluso elementos “ligeros” pueden ser causa de graves lesiones si caen desde una altura suficiente. Todos aquellos objetos como figuritas, jarrones, libros, adornos… que puedan caer o derrumbarse sobre nuestras mascotas deberán o bien ponerse fuera del alcance de los animales, o bien afianzarse de tal manera que estemos totalmente convencidos de que no va a haber ningún problema. Mucho cuidado con los libros, cuando permanecen ordenados en una estantería e canto parecen muy estables, pero muchas veces basta con que el primero de la fila se desplace para que todos se vengan  abajo.