Las pardelas forman parte de la riqueza natural de Canarias, pero su vida está condicionada por amenazas que muchas veces pasan inadvertidas. Una de ellas se encuentra en nuestras propias ciudades: la iluminación artificial nocturna, capaz de desorientar a los pollos cuando abandonan sus nidos y emprenden su primer vuelo hacia el océano.
Para hacer frente a este problema, la investigación científica, la participación ciudadana y las campañas de rescate se han convertido en herramientas fundamentales para mejorar la conservación de estas aves marinas.
Las pardelas, habitantes del océano que necesitan tierra firme para criar
Las pardelas son aves marinas adaptadas a recorrer grandes distancias sobre el mar. Pasan buena parte de su vida en el océano y únicamente regresan a tierra para reproducirse, normalmente en zonas rocosas, acantilados e islotes donde encuentran lugares adecuados para instalar sus nidos.
En Canarias destaca la pardela cenicienta atlántica (Calonectris borealis), una especie que forma parte del patrimonio natural del archipiélago. Su ciclo reproductor depende de que los adultos puedan alimentar a sus crías y de que los pollos consigan abandonar el nido y llegar al mar sin sufrir accidentes.
Sin embargo, ese primer vuelo constituye uno de los momentos más delicados de su vida. Una vez que dejan atrás sus refugios, las aves jóvenes deben orientarse en la oscuridad y encontrar el camino hacia el océano, donde comenzarán una vida marcada por los desplazamientos y la búsqueda de alimento.

La contaminación lumínica desorienta a los pollos
La iluminación de carreteras, puertos, hoteles, viviendas y otras instalaciones puede alterar la orientación de las pardelas jóvenes. Durante sus primeros vuelos nocturnos, algunos ejemplares se sienten atraídos por las luces artificiales y terminan desviándose de su trayectoria hacia el mar.
Cuando caen al suelo, tienen dificultades para volver a levantar el vuelo. En estas circunstancias quedan expuestos a atropellos, colisiones, ataques de animales y otros peligros que pueden acabar con su vida.
El problema no se limita a una localidad concreta. La contaminación lumínica afecta a distintas zonas del archipiélago y puede tener consecuencias importantes durante los periodos en los que los pollos abandonan sus nidos.
Por eso, rescatar a las aves accidentadas resulta necesario, pero no suficiente. También es imprescindible actuar sobre el origen del problema y adaptar la iluminación a las necesidades de la fauna nocturna.
Brigadas científicas para localizar las zonas de riesgo
La conservación de las pardelas requiere conocer dónde se producen los accidentes y qué características del alumbrado pueden estar contribuyendo a ellos.
En este ámbito, SEO/BirdLife ha impulsado iniciativas de seguimiento y rescate vinculadas al proyecto europeo LIFE Natura@night, que trabaja para reducir los efectos de la contaminación lumínica sobre la biodiversidad de Canarias, Madeira y Azores.
Las denominadas brigadas científicas realizan recorridos sistemáticos por sectores del litoral para localizar aves accidentadas y recopilar información sobre los lugares en los que se producen los deslumbramientos. Estos datos ayudan a relacionar los incidentes con las características de la iluminación y a identificar áreas prioritarias de actuación.
El trabajo de campo permite avanzar hacia soluciones más eficaces: no se trata únicamente de recoger ejemplares, sino de comprender por qué se desorientan y qué cambios pueden evitar que vuelva a ocurrir.
La colaboración entre especialistas, administraciones, centros de recuperación y personas voluntarias resulta esencial para que la información obtenida se traduzca en medidas concretas de conservación.

Rescatar a las pardelas y devolverlas al mar
Las campañas de rescate permiten atender a las aves que han caído en zonas urbanas o en otros lugares donde no pueden continuar su vuelo.
Cuando una persona encuentra una pardela desorientada, es importante evitar que permanezca expuesta a vehículos, depredadores o a la manipulación de curiosos. Si se encuentra en peligro, se debe contactar con los servicios de emergencia o con el centro de recuperación de fauna correspondiente para recibir instrucciones.
Si las autoridades o los especialistas indican que se puede recoger, debe hacerse con cuidado, utilizando una caja de cartón ventilada y manteniendo al ave en un lugar tranquilo y oscuro hasta su entrega. No hay que alimentarla ni darle agua por la fuerza, ni intentar liberarla sin valorar antes su estado.
En Canarias, estas actuaciones cuentan con el apoyo de centros especializados que revisan a los ejemplares recogidos y determinan cuándo están preparados para regresar al medio natural.
La participación ciudadana puede marcar la diferencia, especialmente durante las semanas de otoño en las que muchos pollos abandonan sus nidos.
Reducir la iluminación para evitar nuevos accidentes
Las campañas de rescate son importantes, pero la solución a largo plazo pasa por disminuir los deslumbramientos antes de que se produzcan.
Entre las medidas que pueden contribuir a proteger a las pardelas destacan:
- Adaptar el alumbrado exterior. Las luminarias deben dirigir la luz hacia el suelo y evitar que se disperse innecesariamente hacia el cielo o el entorno natural.
- Reducir la intensidad cuando sea posible. Ajustar la potencia y los horarios de iluminación puede disminuir el impacto sobre la fauna sin renunciar a las necesidades de seguridad.
- Evitar la iluminación ornamental innecesaria. Durante los periodos sensibles para las aves, apagar luces decorativas y reducir la iluminación de instalaciones que no necesitan permanecer encendidas puede ayudar a minimizar los riesgos.
- Identificar los puntos negros. Los registros de las brigadas y de los centros de recuperación permiten localizar las áreas con mayor incidencia y priorizar las actuaciones.
- Implicar al sector turístico y a las administraciones. Una planificación responsable del alumbrado en municipios costeros puede beneficiar tanto a las aves como a la calidad del cielo nocturno.
Estas medidas deben diseñarse teniendo en cuenta las características de cada lugar. La finalidad no es eliminar toda la iluminación, sino utilizarla de forma eficiente y compatible con la conservación de la biodiversidad.

Otras amenazas que afectan a las aves marinas
La contaminación lumínica no es el único desafío al que se enfrentan las pardelas. La presencia de depredadores introducidos, como gatos y ratas, puede afectar a las colonias reproductoras, mientras que las capturas accidentales en artes de pesca, la contaminación marina y la disponibilidad de alimento también condicionan su supervivencia.
Además, las pardelas tienen una reproducción relativamente lenta: normalmente crían un solo pollo por temporada. Por ello, la pérdida de ejemplares jóvenes o adultos puede tener consecuencias importantes para la evolución de sus poblaciones.
Proteger sus lugares de reproducción, reducir los riesgos en el mar y mejorar las condiciones de su primer vuelo son actuaciones complementarias. Ninguna medida aislada resolverá todas las amenazas, pero la combinación de investigación, prevención y vigilancia puede contribuir a mejorar sus perspectivas de futuro.
La conservación también depende de la ciudadanía
La experiencia de las campañas de rescate demuestra que la implicación social puede ayudar a salvar animales y, al mismo tiempo, mejorar el conocimiento sobre los problemas ambientales.
Observar una pardela caída en una calle puede parecer un incidente aislado, pero los datos recopilados en numerosos avisos permiten detectar patrones y orientar las decisiones de conservación.
También es importante que residentes, visitantes, establecimientos turísticos y responsables municipales comprendan que el exceso de luz tiene consecuencias que van más allá del consumo energético. La iluminación nocturna modifica el entorno y puede interferir en procesos naturales esenciales para muchas especies.
Proteger a las pardelas en Canarias significa, por tanto, mirar más allá de los rescates puntuales y trabajar para que cada vez menos aves necesiten ayuda.
Un futuro con menos luz y más biodiversidad
Las pardelas representan una parte esencial de la biodiversidad marina de Canarias. Su conservación depende de que puedan reproducirse en condiciones adecuadas, desplazarse por el océano y superar los riesgos que encuentran al abandonar sus nidos.
Las brigadas científicas, el voluntariado y los proyectos de investigación aportan información valiosa para comprender mejor estas amenazas. Pero el verdadero avance llegará cuando ese conocimiento permita corregir las causas de los accidentes y reducir la mortalidad de forma sostenida.
Ajustar el alumbrado, proteger las colonias y mantener una ciudadanía comprometida son pasos necesarios para que las pardelas puedan completar su primer viaje hacia el mar. A veces, una actuación tan sencilla como iluminar mejor y evitar luces innecesarias puede contribuir a conservar una especie emblemática de las islas.