Que un perro se escape de casa, del jardín o durante un paseo es una situación que preocupa mucho a cualquier familia. Además del susto, una fuga puede poner al animal en peligro: puede perderse, sufrir un atropello, enfrentarse a otros animales o acabar en un lugar desconocido.
Pero ¿por qué algunos perros intentan escapar? No existe una única respuesta. Detrás de una fuga puede haber desde un simple comportamiento exploratorio hasta miedo, ansiedad, aburrimiento o un fuerte instinto reproductivo.
Conocer la causa es el primer paso para poder prevenirlo.
El instinto de exploración
Los perros tienen una gran capacidad para explorar su entorno. Los olores, sonidos y movimientos pueden despertar su curiosidad y hacer que quieran descubrir qué hay al otro lado de una puerta, una valla o una verja.
Un perro puede encontrar especialmente estimulante seguir el rastro de otro animal, acercarse a una persona o investigar un lugar nuevo.
Por eso, que disponga de un jardín no significa necesariamente que no vaya a intentar salir. Para muchos perros, un espacio conocido termina siendo menos interesante que aquello que existe fuera.

Falta de ejercicio y estimulación
El aburrimiento es otra causa frecuente de las fugas. Un perro necesita mucho más que comida, agua y un lugar donde dormir. Dependiendo de sus características individuales, necesita ejercicio, juegos, interacción social y oportunidades para utilizar sus sentidos.
Cuando un animal pasa muchas horas solo o dispone de pocas oportunidades para explorar y entretenerse, puede buscar por sí mismo una actividad. Y escapar puede convertirse en una aventura especialmente estimulante.
Esto puede ocurrir con mayor facilidad en perros jóvenes y en animales con mucha energía.
El miedo también puede hacer que un perro huya
No todas las fugas tienen que ver con que el perro quiera «irse». En ocasiones, el animal está intentando alejarse de algo que percibe como una amenaza.
Los petardos, fuegos artificiales, tormentas, ruidos de obras, alarmas o incluso determinadas situaciones desconocidas pueden provocar una respuesta de huida.
Durante las fiestas en las que se utilizan fuegos artificiales aumentan especialmente los riesgos de que algunos perros escapen de jardines, viviendas o durante los paseos.
En estos casos, el perro no está desobedeciendo. Está reaccionando ante una situación que le produce miedo.

Ansiedad por separación
Un perro que tiene dificultades para quedarse solo también puede intentar salir de casa.
La ansiedad por separación puede manifestarse mediante ladridos, destrucción de objetos, eliminación inadecuada, inquietud o intentos de escapar.
Si el animal araña puertas, muerde marcos, intenta saltar una valla o busca desesperadamente una salida cuando se queda solo, conviene consultar con un veterinario y, si es necesario, con un profesional especializado en comportamiento canino.
El instinto reproductivo
El comportamiento sexual puede favorecer determinadas fugas, especialmente cuando existe un animal en celo en las proximidades.
Un perro puede detectar olores y señales químicas a distancia y tratar de llegar hasta otro animal. En determinadas circunstancias puede saltar una valla, abrirse paso por un hueco o recorrer una distancia considerable.
La esterilización puede reducir determinados comportamientos relacionados con la búsqueda de pareja, aunque no elimina por sí sola todas las causas posibles de una fuga.
El instinto de persecución
Algunos perros muestran una fuerte motivación para perseguir aquello que se mueve. Un gato, una ardilla, un conejo, un ave, una bicicleta o incluso un corredor pueden desencadenar una persecución.
El problema es que, una vez iniciada, el perro puede alejarse rápidamente y dejar de prestar atención a las llamadas de su familia.
Por este motivo es tan importante trabajar desde cachorro una llamada fiable y no confiar únicamente en que el perro regresará cuando se le llame.
Los perros jóvenes pueden ser más impulsivos
La edad también influye. Los cachorros y perros adolescentes todavía están aprendiendo a controlar sus impulsos y a interpretar correctamente el entorno. Además, suelen tener una enorme curiosidad y ganas de descubrir todo lo que les rodea.
Una puerta abierta durante unos segundos puede ser suficiente para que salgan corriendo.
Por eso conviene extremar las precauciones durante esta etapa y trabajar progresivamente la educación y la llamada.

Un cambio de domicilio también puede favorecer las fugas
Cuando un perro llega a una nueva vivienda necesita un periodo de adaptación.
Un animal que acaba de mudarse puede intentar regresar al lugar que conocía anteriormente o sentirse desorientado ante un entorno completamente nuevo.
Durante los primeros días y semanas en una nueva casa es recomendable extremar las medidas de seguridad, especialmente durante los paseos.
¿Qué podemos hacer para evitar que nuestro perro se escape?
La prevención debe adaptarse a la causa concreta, pero existen algunas medidas fundamentales.
Revisar puertas, ventanas, vallas y cerramientos. Un pequeño hueco puede convertirse en una vía de escape. También hay perros capaces de cavar bajo una valla o saltarla.
Proporcionar ejercicio adecuado. Los paseos no deberían limitarse únicamente a salir unos minutos para hacer sus necesidades. Caminar, olfatear y explorar forman parte de las necesidades del perro.
Estimular su mente. Juegos de olfato, juguetes interactivos, entrenamiento y actividades adaptadas a sus capacidades ayudan a combatir el aburrimiento.
Trabajar la llamada. Enseñar al perro a acudir cuando se le llama puede resultar decisivo si consigue escaparse. Este aprendizaje debe hacerse de forma progresiva y utilizando refuerzos positivos.
Evitar castigos cuando regresa. Si conseguimos que el perro vuelva después de haberse escapado, castigarlo puede ser contraproducente. Puede aprender que regresar junto a su familia tiene consecuencias negativas y mostrarse todavía más reticente la próxima vez.
Prestar especial atención a los momentos de miedo. Durante tormentas o celebraciones con petardos y fuegos artificiales es preferible mantener al perro en un lugar seguro y tranquilo, evitando dejar puertas o accesos abiertos.
El microchip puede marcar la diferencia
Incluso tomando todas las precauciones, ningún sistema es completamente infalible. Un perro puede escaparse después de que alguien deje una puerta abierta, romper un cerramiento o salir corriendo durante un paseo.
Por eso es fundamental que esté correctamente identificado mediante microchip y que los datos asociados estén actualizados.
También puede llevar una placa identificativa con un teléfono de contacto. Aunque la placa no sustituye al microchip, puede facilitar enormemente que una persona que encuentre al animal contacte rápidamente con su familia.

¿Qué hacer si nuestro perro se escapa?
Lo primero es intentar mantener la calma y actuar con rapidez. Hay que comprobar los lugares habituales y aquellos que puedan resultar atractivos para el animal. También es recomendable avisar cuanto antes a familiares, vecinos y personas de confianza.
Una fotografía reciente y una descripción clara pueden ayudar a difundir la búsqueda. Además, conviene comunicar la desaparición a los servicios municipales y entidades correspondientes y comprobar que el microchip figura correctamente como animal perdido.
Si se localiza al perro, es importante evitar perseguirlo si está asustado. Un animal que corre puede interpretar la persecución como un juego o aumentar todavía más su miedo. En muchas situaciones es mejor agacharse, utilizar una voz tranquila y tratar de atraerlo con algo que resulte familiar.
Escaparse no significa que el perro quiera abandonar a su familia
Esta es una de las ideas más importantes que debemos recordar.
Un perro que se escapa no necesariamente quiere marcharse de casa ni significa que no esté unido a su familia. Su comportamiento responde a motivaciones diferentes: explorar, perseguir algo, buscar pareja, huir de una situación que le produce miedo o simplemente intentar satisfacer una necesidad que no está cubierta.
Observar cuándo, cómo y por qué intenta escapar nos proporciona información muy valiosa.
La mejor estrategia no consiste únicamente en hacer más alta la valla, sino en averiguar qué está provocando el comportamiento y trabajar sobre esa causa. Una combinación de seguridad física, ejercicio, estimulación, educación y una correcta identificación puede reducir considerablemente el riesgo de que nuestro perro se pierda.