¿Por qué mi tortuga no come? Causas frecuentes y cuándo preocuparse

Geochelone sulcata - Tortuga sulcata

Que una tortuga deje de comer puede preocupar mucho a quien convive con ella. Sin embargo, antes de pensar que está enferma, hay que tener en cuenta que los reptiles tienen un metabolismo diferente al de los mamíferos y que su apetito está muy condicionado por factores ambientales.

La temperatura, la iluminación, la humedad, el estrés, la alimentación e incluso los cambios propios de la estación pueden hacer que una tortuga coma menos o rechace temporalmente el alimento.

Pero tampoco conviene restarle importancia. Si la falta de apetito se mantiene o aparece acompañada de otros síntomas, puede ser la primera señal de un problema de salud.

Por eso, cuando una tortuga deja de comer, la pregunta no debería ser solamente cuánto tiempo lleva sin hacerlo, sino qué ha cambiado y cómo se encuentra el animal.

 

La temperatura puede estar detrás de la falta de apetito

Las tortugas y otros reptiles son animales ectotermos. Esto significa que dependen del ambiente para regular su temperatura corporal.

La temperatura del recinto tiene una relación directa con su actividad y con la digestión. Si el animal permanece demasiado frío, puede reducir su actividad y dejar de alimentarse.

Por eso, cuando una tortuga deja de comer, una de las primeras cosas que debemos comprobar es si el recinto mantiene las temperaturas adecuadas para su especie y si dispone de una zona más cálida donde pueda termorregularse. No existe una temperatura universal para todas las tortugas. Las necesidades cambian según la especie, su origen geográfico, su edad y la época del año.

El Manual Veterinario Merck señala que el recinto debe proporcionar un gradiente térmico que permita al reptil desplazarse entre zonas con diferentes temperaturas. Ese gradiente es importante para mantener funciones como la digestión y la respuesta inmunitaria.

 

tortuga rusa - Testudo horsfieldii
Tortuga rusa (Testudo horsfieldii)

 

¿Tiene suficiente luz y radiación UVB?

La iluminación también es fundamental para muchas tortugas mantenidas en cautividad. La radiación ultravioleta B (UVB) participa en el metabolismo del calcio y en la síntesis de vitamina D3. Una iluminación inadecuada mantenida durante tiempo puede favorecer problemas metabólicos y óseos.

Una deficiencia de calcio o vitamina D3, junto con una iluminación UVB insuficiente y unas condiciones ambientales incorrectas, puede contribuir a la aparición de enfermedad ósea metabólica en reptiles. Entre los signos pueden encontrarse debilidad, deformidades y también pérdida de apetito.

Por eso no basta con colocar una lámpara en el terrario. Hay que comprobar que sea adecuada para la especie, que esté instalada a la distancia correcta y que se sustituya siguiendo las indicaciones del fabricante.

 

Un cambio de alimentación también puede hacer que rechace la comida

Las tortugas pueden desarrollar preferencias alimentarias y algunas son especialmente selectivas. Un cambio brusco de alimento puede hacer que rechacen temporalmente una comida que antes aceptaban.

También hay que tener en cuenta que no todas las tortugas comen lo mismo. Las necesidades de una tortuga terrestre herbívora no son las mismas que las de una tortuga acuática.

Las tortugas terrestres necesitan una alimentación basada principalmente en materia vegetal y fibra, mientras que las necesidades de las tortugas acuáticas varían considerablemente según la especie y la edad.

Por eso, ofrecer alimentos que no corresponden a la especie puede terminar provocando tanto problemas nutricionales como rechazo de la comida.

 

El estrés también puede quitarle el apetito

Las tortugas pueden verse afectadas por cambios en su entorno. Un traslado reciente, un terrario nuevo, exceso de manipulación, falta de escondites, convivencia con otros animales o incluso una ubicación demasiado transitada pueden generar estrés.

En recintos con varios reptiles también puede producirse competencia por los lugares de descanso, las zonas de calor o los puntos de alimentación. El entorno debe permitir que el animal pueda esconderse, descansar y desplazarse entre zonas con diferentes condiciones de temperatura y humedad.

En ocasiones, mejorar las condiciones del recinto puede ser suficiente para que una tortuga que estaba comiendo poco vuelva progresivamente a su comportamiento habitual.

 

Tortuga Morrocoy
Tortuga Morrocoy – Chelonoidis carbonaria- Autor: Flintsjunior

 

¿Puede ser algo normal por el cambio de estación?

En algunas especies, la disminución de actividad y apetito puede estar relacionada con los cambios estacionales. Las especies que realizan brumación pueden reducir progresivamente su actividad y su ingesta cuando se aproximan las condiciones ambientales que desencadenan este proceso.

Pero esto no significa que debamos asumir que cualquier tortuga que deje de comer está preparándose para hibernar.

La brumación es un proceso que depende de la especie y de las condiciones ambientales. No debe provocarse ni gestionarse sin conocer las necesidades concretas del animal.

Una tortuga enferma también puede mostrarse menos activa y dejar de comer, y confundir una enfermedad con una supuesta preparación para la hibernación puede retrasar una atención veterinaria necesaria.

 

¿Cuándo debemos preocuparnos?

La falta de apetito adquiere mayor importancia cuando aparece junto a otros cambios.

Debemos prestar especial atención si la tortuga:

  • Está mucho más inactiva de lo habitual.
  • Permanece constantemente escondida.
  • Ha perdido peso.
  • Presenta los ojos hinchados, cerrados o con secreciones.
  • Tiene secreción nasal o dificultad para respirar.
  • Presenta lesiones en la boca.
  • Tiene el caparazón blando, deformado o con lesiones.
  • Presenta diarrea u otros cambios importantes en las heces.
  • Tiene problemas para moverse.
  • Mantiene una postura anormal.
  • Está deshidratada.
  • Ha dejado de beber además de no comer.

La deshidratación puede acompañar a periodos prolongados de anorexia y puede manifestarse, entre otros signos, mediante ojos hundidos o cambios en la elasticidad de la piel.

 

Los problemas de boca también pueden impedir que coma

En ocasiones la tortuga tiene apetito, pero existe un problema que le impide alimentarse con normalidad.

Las alteraciones de la boca y del pico pueden dificultar la alimentación. En tortugas y galápagos, un crecimiento anormal del pico puede estar relacionado con problemas nutricionales, incluida una alimentación inadecuada o desequilibrios de calcio.

También pueden existir infecciones o lesiones en la cavidad oral que produzcan dolor y hagan que el animal rechace la comida.

Si observamos heridas, placas, inflamación, secreciones o cualquier alteración en la boca, no debemos intentar solucionar el problema por nuestra cuenta.

 

Tortugas de Florida - Autor: Lucas Pezeta - Pexels

 

¿Debemos obligar a comer a una tortuga que no come?

No. Es importante no recurrir por nuestra cuenta a la alimentación forzada mediante jeringa.

Un reptil que lleva tiempo sin comer puede estar deshidratado o padecer una enfermedad subyacente. En estas circunstancias, una alimentación asistida sin supervisión veterinaria puede resultar perjudicial.

El Manual Veterinario Merck recomienda que la alimentación asistida de reptiles con desnutrición o falta de apetito sea dirigida por un veterinario, especialmente cuando existe deshidratación.

Lo primero es determinar por qué no está comiendo.

 

¿Qué podemos revisar en casa?

Si nuestra tortuga ha dejado de comer pero por lo demás parece encontrarse bien, podemos revisar algunos aspectos básicos de su mantenimiento.

  • Temperatura: comprobar con un termómetro fiable las diferentes zonas del recinto.
  • Iluminación: revisar que dispone de la iluminación adecuada y de un sistema UVB apropiado cuando la especie lo necesita.
  • Humedad: comprobar que se encuentra dentro del rango recomendado para esa especie.
  • Agua: asegurarnos de que tiene acceso al agua que necesita.
  • Alimentación: revisar si estamos ofreciendo una dieta apropiada para su especie y edad.
  • Entorno: comprobar si existen cambios recientes, exceso de manipulación o problemas de convivencia.
  • Peso: si disponemos de una báscula adecuada, controlar periódicamente el peso puede proporcionar información mucho más útil que observar únicamente cuánto come.

 

Tortuga comiendo

 

No todas las tortugas tienen el mismo ritmo de alimentación

Uno de los errores más habituales es comparar una tortuga con otra. Una tortuga terrestre de una determinada especie puede tener unas necesidades completamente diferentes a las de una tortuga acuática. Incluso dentro de una misma especie, un ejemplar joven no tiene necesariamente las mismas necesidades que un adulto.

Por eso no debemos establecer un número de días universal a partir del cual una tortuga que no come está necesariamente enferma.

El contexto es fundamental: especie, edad, peso, temperatura, época del año, dieta, actividad y estado general.

 

¿Cuándo hay que acudir al veterinario?

Si la falta de apetito persiste, si la tortuga está perdiendo peso o si aparecen otros signos de enfermedad, lo adecuado es acudir a un veterinario con experiencia en animales exóticos y reptiles.

Hay enfermedades que pueden comenzar con un signo aparentemente sencillo, como dejar de comer.

Además, los reptiles pueden ocultar los signos de enfermedad durante bastante tiempo. Esperar a que el animal se encuentre claramente deteriorado puede complicar el tratamiento.

Especialmente importante es buscar atención veterinaria si la falta de apetito se acompaña de dificultad respiratoria, secreciones, debilidad marcada, alteraciones neurológicas, deshidratación, lesiones, pérdida de peso importante o incapacidad para moverse con normalidad.

 

 

Observar a nuestra tortuga es la mejor herramienta

Una tortuga que un día rechaza la comida no tiene necesariamente un problema grave.Pero una tortuga que deja de comer y además cambia su comportamiento, pierde peso o presenta otros síntomas necesita que averigüemos qué está ocurriendo.

Antes de ofrecer más comida, cambiar radicalmente la dieta o intentar alimentarla a la fuerza, debemos revisar las condiciones del recinto y observar al animal.

La alimentación, la temperatura, la humedad, la iluminación y el manejo forman un conjunto. En reptiles, no podemos valorar uno de estos elementos sin tener en cuenta los demás. Y si algo no encaja, la mejor decisión no es esperar a que la tortuga vuelva a comer por sí sola, sino consultar con un profesional especializado.

Porque detrás de un simple «mi tortuga no come» puede haber desde un cambio ambiental fácilmente corregible hasta un problema de salud que necesita atención.

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