El perro tiene tres genes de los carece el lobo, que le permiten ingerir el almidón de alimentos como la patata y el maíz.

Imagen: Ellie Attebery

El perro se hizo amigo del hombre gracias a la alimentación. Los canes evolucionaron a partir de lobos que comían la basura vegetal y restos de cosechas de los humanos, afirman los científicos. En este artículo se revelan los detalles de esta fascinante investigación. Pero eso no es todo: el modo de examinar el mundo por parte de los cachorros de perros y lobos también es diferente.

El estómago del perro contiene algunas claves para explicar la evolución del lobo hasta convertirse en el actual perro. La comida -o mejor dicho la falta de ella- tuvo un papel central en este acercamiento del lobo a las personas, afirman los expertos.

El estómago de algunos lobos aprendió a metabolizar los restos vegetales de la basura de los humanos

Una investigación coordinada por científicos estadounidenses y suecos, y publicada en la revista científica ‘Nature’, concluye que algunos lobos experimentaron cambios en su estómago para poder comer restos de alimentos vegetales abandonados por los humanos.

Estas alteraciones en el estómago del lobo fueron clave para que aparecieran los primeros perros, hace entre diez y doce mil años. “Estas pequeñas adaptaciones del estómago de los lobos permitió a los ancestros del perro alimentarse no solo de carne sino también comer alimentos vegetales ricos en almidón, presente en las sobras de los humanos”, asegura Erik Axelsson, que encabeza la investigación. Los científicos han estudiado el material genético de 12 lobos y 50 perros de todo el mundo.

En época de escasez de presas, los restos de cosechas ricos en almidón (como patatas, arroz o maíz) permitieron a algunos de estos primos lejanos del perro sobrevivir.

El perro tiene tres genes de los que carece el lobo

El material genético de perros y lobos es muy similar. Sin embargo, una mirada científica más atenta permite detectar algunas diferencias esenciales. Los canes tienen tres genes de los que carecen los lobos -llamados AMY2B, MGAM y SGLT1. El papel que juegan estos tres genes es relevante: permiten al perro metabolizar el almidón de los vegetales.

Los ancestros del perro se acostumbraron a convivir con los humanos

Esta revelación implica que los canes evolucionaron a partir de lobos que aprendieron a alimentarse de un recurso alimentario antes desaprovechado: la basura vegetal y restos de cosechas de las personas.

Los ancestros del perro afinaron su habilidad para robar comida de los humanos. Y, con el paso del tiempo, se acostumbraron a convivir con ellos.

Cachorros de perro y lobo no se enfrentan igual al mundo

Imagen: BuzzFarmers

La alimentación no es lo único que diferencia a perros y lobos. El comportamiento de los cachorros de estas dos especies también ofrece interesantes diferencias. Esta disparidad explica por qué, mientras que un lobo es salvaje, el perro puede llegar a ser el mejor amigo de hombres y mujeres.

“Los cachorros de lobo comienzan a explorar el mundo que les rodea con apenas 15 días de vida, casi dos semanas antes que las crías de perro”, asegura la bióloga experta en comportamiento animal Kathryn Lord en un estudio publicado en la revista científica ‘Ethology’.

Esta precocidad hace que el pequeño lobo comience a investigar su entorno cuando todavía no oye, ya que su sentido del oído no aparecerá hasta las cuatro semanas de edad. El lobezno tampoco ve, su vista, como la del perro, se desarrolla hacia la sexta semana de vida.

¿Qué implicaciones tienen estas carencias para el joven lobo explorador? El lobato debe fiarse casi en exclusiva de su sentido del olfato. Ello explica que reaccione con temor y desconfianza ante nuevos estímulos, y que se acostumbre a ser poco confiado con otros animales o personas a las que no conoce.

Por el contrario, el cachorro de perro comienza su comportamiento explorador casi dos semanas después que el lobo, cuando su oído está bastante desarrollado. Este sentido otorga una potente herramienta al cachorro de perro, que investigará el mundo con más confianza en sí mismo.

“El modo en que perros y lobos descubren su entorno es muy diferente, lo que sin duda explica por qué la socialización de un cachorro de can, así como su convivencia con las personas, es mucho más sencilla”, concluye Lord.

Autor: Eva San Martín                                               Web: www.consumer.es