Perrito de las Praderas

Nombre común: Perrito de las praderas de cola negra.

Nombre científico: Cynomys ludovicianus.

Distribución

Regiones de pradera con suelos arenosos y pastos bajos, así como algunas mesetas de Canadá, Estados Unidos y Méjico.

Características

Los perritos de las praderas son animales emparentados con las ardillas de tierra. Originarios de Estados Unidos y Méjico, es en este primer país donde se empezaron a mantener como mascotas. Aquellos que los han tenido afirman   que son unos animales maravillosos y simpáticos, cariñosos y apegados a sus dueños. Los perritos de las praderas son mamíferos roedores. El nombre científico del género Cynomys proviene del griego y vendría a significar “perro ratón”. En el siglo XVI Coronado ya mencionaba la presencia de estos animales. El nombre común de perritos de las praderas se le dieron los asombrados colonos que cruzaban las grandes praderas de Estados Unidos encontrando complejos de túneles construidos por estos animales de una extensión asombrosa, cuyos ocupantes “ladraban” para alertar de la presencia humana a sus congéneres. Son animales con un cuerpo de aspecto más bien corto y pesado, con una cola corta recubierto por un pelaje de color marrón muy claro o veis. Su cabeza es más bien corta, con orejas proporcionalmente pequeña, grandes ojos que les permiten detectar potenciales depredadores y un morro chato y corto en comparación con otros roedores (la cabeza guarda cierta similitud con la de un degú). Hay 5 especies diferentes de perritos de las praderas, pero la que más habitualmente se encuentra en los comercios es . ludovicianus, el perrito de las praderas de cola negra. Como es fácil suponer, estos animales se caracterizan por tener la cola de color negro. Un perrito de las praderas adulto puede medir entre 25 y 30 cm, y pesar entre 1,4 y 1,8 kg. La esperanza de vida para estos animales en cautividad se sitúa entre 10 y 12 años, en la naturaleza es tan solo de unos 6 años. La forma más sencilla de diferenciar los sexos, al igual que en el caso   de otros “roedores”, es la distancia entre el orificio anal (más cercano al dorso) y el orificio / “papila” genital, que es mucho más corto en las hembras que en los machos. Es más fácil la diferenciación por comparación, y como en otros casos puede ser muy difícil o casi imposible diferenciar los sexos en animales muy jóvenes.

Se podría decir sin demasiado temor a equivocarse que los perritos de las praderas constituyen probablemente el grupo de roedores con un comportamiento social más desarrollado. Poseen un sofisticado sistema de llamadas (hay hasta 11 distintas identificadas) apoyadas por distintas posturas corporales. Poseen centinelas que les avisan de distintos peligros… Construyen enormes complejos de túneles en los que viven miles de animales que se agrupan en “barrios” en los que habitan distintos clanes de unos 20 miembros formados por un macho dominante, un par de machos subordinados,   hembras y sus crías. Se ha hablado de la existencia de complejos en los   que podían llegar a vivir hasta 400.000.000 de estos roedores, que se extendían a lo largo de 40.000 kilómetros cuadrados. Sus “ciudades” subterráneas están constituidas por túneles y cámaras como letrinas, despensas, dormitorios, guarderías… De hábitos diurnos, estos animales ocupan praderas de hierba corta en llanuras y algunas mesetas. No les gusta el pasto alto puesto que les impide   detectar posibles predadores, así que evitan las zonas en las que está presente. La destrucción de su hábitat, la persecución por parte de los granjeros, enfermedades… han hecho descender drásticamente las poblaciones salvajes de perritos de las praderas, situando incluso en la lista de especies amenazadas al perrito de las praderas mejicano y al de Gunnison.

Alojamiento

Son animales muy sociables, que necesitan que se les dedique tiempo. Deberemos destinar al menos 4 horas diarias a nuestros perritos de las praderas. Privar a estos animales tan sociales de contacto con el resto de su clan (los humanos   que le cuidan) es una auténtica crueldad. Un perrito de las praderas no puede vivir es esas condiciones. Si no podemos dedicarle tiempo, deberemos proporcionarle un compañero. Los machos no llegan a adaptarse a convivir juntos debido a su territorialidad, pero dos hembras juntas no resultan ningún problema. El olor desprendido por sus heces y orina es mínimo, pero cuando se asustan o excitan, pueden   desprender cierto olor por estimulación de ciertas glándulas situadas   en torno a su ano. El olor se disipa rápidamente y sólo es una pequeña molestia (tampoco es que apesten). Para que su convivencia con los humanos sea adecuada han de adquirirse con 8 – 12 semanas. Según parece, los machos son mejores mascotas para las personas adultas o que viven solas, puesto que se muestran más afectivos, inquisitivos y dispuestos a explorar y aprender. Las hembras, en contraposición, son animales más tranquilos, mansos y tolerantes, más predispuestas a interactuar con diversos individuos, y por tanto se supone que son más adecuadas como mascotas para familias o niños. Imprescindible adquirir ejemplares criados en cautividad, pues están   más socializados y adaptados a los humanos, si son ejemplares criados a mano mejor que mejor. Los ejemplares salvajes raramente llegan a adaptarse   al contacto con las personas, aunque puede conseguirse en el caso de animales muy jóvenes. Los animales adultos que no se han acostumbrado al trato con personas casi nunca se logra que lleguen a amansarse. Requieren esterilización, después del primer invierno y antes de entrar en la época de celo, debido a que su carácter se modifica de manera radical en esta época. Se les puede esterilizar desde las 8 semanas y antes de los seis meses de vida. La jaula destinada a uno de estos animales deberá tener unas dimensiones mínimas de 1 m. de largo por 60 cm. de ancho al menos 70 cm. de altura para un animal. Una pareja necesitará el doble de superficie aproximadamente (120 cm2). El tamaño de la malla a emplear en el alojamiento de unos perritos de las praderas no ha de ser superior a 1,25 cm. Es preferible una jaula de malla a una de barrotes. Espacios mayores podrían permitir que en un despiste nuestra mascota pudiese llegarse a romper una pata. El suelo no ha de ser de barrotes sino sólido, puesto que de otra manera, estos animales acostumbrados a moverse por un suelo “sólido” terminan por desarrollar problemas a nivel de sus pies. Las jaulas con varias alturas no son adecuadas para estos animales por dos razones. En primer lugar no trepan,   por lo que los pisos superiores serían desaprovechados. En segundo lugar, podrían darse desagradables accidentes por caídas. Basta con pensar   que en las grandes llanuras no hay muchos sitios en los que los perritos de las praderas puedan practicar sus habilidades trepadoras.   La jaula ha de contar con una puerta lo suficientemente grande como para permitir pasar al animal sin problemas ni estrecheces. Muchos propietarios de estos roedores no usan ningún tipo de substrato en su jaula, pero si se quiere tener uno, no debemos usar nunca viruta de madera, panocha de maíz… u otros elementos susceptibles de causar irritación en el delicado sistema respiratorio de estos roedores.   Podemos utilizar papel de periódico cortado en tiras (sin tinta de colores) o una capa de papel de cocina. Los bordes inferiores de la jaula pueden cubrirse o introducirse toda la jaula en una bandeja de dimensiones adecuadas para evitar   que pueden caer fuera restos. Nuestros perritos de las praderas van a necesitar una serie de equipamientos   en su jaula. Un refugio en el que dormir y al cual poderse retirar a descansar es esencial   para estos animales. Podemos usar diversos elementos para construirlos, pero un tiesto de barro lo suficientemente grande como para que nuestra mascota se construya un confortable nido, con una apertura adecuada para que acceda a él   (unos 12 x 12 cm. aproximadamente) y cuyo interior este más o menos oscuro va bastante bien. Para que nuestro pequeño amigo se sienta a sus anchas tendremos que suministrarle un material para su nido. Lo mejor y lo más recomendable   sin duda alguna es heno de buena calidad, que no este pulverulento ni mohoso. Una reja para el forraje y dos comederos de base ancha para evitar vuelcos, de acero inoxidable o barro cocido uno para los vegetales y el otro para el   pienso y otros alimentos secos (semillas y pienso para perros) constituirán   el equipamiento alimentario. Así mismo han de disponer de un bebedero de botella, con el chupete de   acero inoxidable y la botella situada por fuera de la jaula. Si no saben usarlo, deberemos proporcionarles un cuenco con agua que se limpiará y rellenara a diario en lo que aprenden. Aprenden a usar una bandeja de arena como mucho con 5 meses de vida, debido a que en su medio natural ya tienen cámaras específicas para hacer sus necesidades. Necesitan un recipiente adecuado con unos 5 cm. de arena fina   al que puedan acceder con facilidad para hacer sus necesidades. Generalmente vuelven a esta bandeja para depositar sus heces cuando permanecen sueltos si   es que pueden acceder a ella, pero a veces (aunque raramente) están tan interesados en algo que se “olvidan” y ocurren accidentes, no obstante las heces son pequeñas bolitas secas, y su limpieza no es ni mucho menos   problemática.   Como elementos lúdicos, podemos proporcionarles un sistema de tubos de PVC acodados, con un diámetro de 11 – 12 cm. que simulen un sistema de galerías. Así mismo necesitan elementos para roer como ramas de árbol (abedul, manzano, peral, sauce…) no tóxicas y no tratadas, elementos atóxicos de madera, bloques para roer… Se encuentran a gusto   en un rango de temperaturas de entre 20 y 30 grados centígrados, pero   pueden sobrevivir dentro de unos valores más amplios (sobre todo en lo   referente a temperaturas bajas). Una rueda de ejercicio (como las que se venden para hurones) siempre es un elemento recomendable para el alojamiento de los perritos de las praderas. Cuidado, tienen tendencia a roer todo lo que hay a su alcance.

Cría

Puesto que no es posible mantener reproductores de esta especie como mascotas   consideramos innecesario tratar este punto.

Alimentación y cuidados

Los perritos de las praderas se han adaptado a alimentarse con pastos y plantas   de escaso poder alimenticio que encuentran en su hábitat. Requieren una   dieta rica en fibra, y proporcionalmente pobre en proteína y especialmente   en grasas (es lo que se llama alimentos volumétricos, elevado volumen en relación a su poder alimenticio). Una dieta inadecuada (por alimentos demasiado ricos) lleva irremisiblemente al animal a la obesidad y a desarrollar problemas respiratorios y cardiacos, llegando incluso a morir antes de alcanzar los 3 años de vida.

La dieta de un perrito de las praderas ha de estar compuesta por forraje verde y seco (heno), libre de substancias químicas, medicamentos o pesticidas, un poco de pienso para roedores (no medicado, no es necesario suplementar con vitamina C), vegetales de hoja verde (aproximadamente media taza por ejemplar adulto) y hortalizas (batatas, calabaza (sin semillas), habas verdes, zanahorias, brécol… están entre las preferidas. De estas verduras suministraremos como máximo dos cucharadas soperas por animal adulto. Se puede suplementar la dieta con algo de pienso seco para perros (no más de dos cucharaditas por animal adulto) y semillas y nueces (no más de una cucharadita por   animal adulto). Puede añadirse al alimento un compuesto polivitamínico   mineral si se desea. El forraje verde puede incluir las raíces de las   plantas, siempre y cuando se les haya retirado toda la tierra. Cuidado con la alfalfa, no les sienta nada bien a estos roedores. En ningún   caso debería exceder el 25 % del total de la dieta del animal, y es mejor   evitarla (vigilar la composición de los piensos). Su apetito a veces   puede ser algo caprichoso, lo que aceptan hoy pueden rechazarlo mañana, de hay que sea importante proporcionarles una dieta muy variada. Existen piensos específicos para los perritos de las praderas, pero dudamos   de que estén disponibles fuera de Estados Unidos y Canadá. Siempre han de disponer de agua fresca y heno a su disposición.

No necesitan ser vacunados, pero es recomendable que pasen por la consulta del veterinario una vez al año y que se les realicen análisis de heces cada seis meses. Necesitan roer, puesto que sus incisivos crecen de manera continua y tienen   que desgastarlos, o terminan por desarrollarse hasta perforar su paladar superior   y causar daños irreparables.   Debemos limpiar su jaula cuando sea necesario (como máximo una vez a la semana). Los comederos se lavan y desinfectan a diario, retirando la comida no consumida, igual que el heno viejo. Al menos una vez al mes hay que renovar el material del nido (sacarlo y dejar que el animal lo sustituya por heno fresco), más frecuentemente si es necesario. El bebedero se rellena a diario,   y se limpia y desinfecta al menos una vez a la semana. Vigilar siempre que el   chupete del bebedero no esté obstruido. Debemos de proporcionar algún tiempo de libertad todos los días a nuestra mascota para que se ejercite. Es un buen momento para interactuar con ella. Nunca debemos dejar un perrito de las praderas suelto sin supervisión.