La ingestión continua de huesos sin una cobertura importante de carne (restos, carcazas de pollo, etc) pueden conducir a una coprostacia intestinal ó impactación colónica de difícil resolución espontánea: El FECALOMA.
El paciente normalmente llega a la consulta por intentos continuos e infructuosos de defecar, emisiones pequeñas de material fecal y restos de sangre, y en algunos casos sin emisión de ningún tipo.
Suele coincidir con antecedentes de ingestión esporádica de restos de huesos ó ingestión continua como dieta habitual.
El perro, aunque considerado en esta página como “el peor masticador de la Naturaleza”, llega en algunos casos a producir una arenilla por trituración de los restos de huesos que conduce a la formación de un bolo de material indigerible, de escaso o nulo tránsito intestinal, que llega a la última porción del colon y sufre una deshidratación añadida que termina en una bola que no puede progresar.
Los esfuerzos peristálticos continuos terminan modelando una bola casi esférica de mayor tamaño que el diámetro pelviano y conducen a la imposibilidad de defecar.
El tratamiento conservador durante las primeras 24 hs suele ser efectivo. Se realiza en base a hidratantes locales como los microenemas utilizados en medicina humana y lubricación oral con vaselina líquida.

Si después de las primeras 24 hs el animal continúa sin defecar, se debe sugerir al propietario la sedación del ejemplar y la remoción manual del fecaloma. La técnica es muy sencilla, requiere de una buena relajación del paciente y una dosis de paciencia importante para ir rompiendo con el dedo insertado en el ano la porción del fecaloma que se puede llegar a tomar contacto. Para ayudarnos, debemos hacer presión desde el exterior presionando el abdomen y empujando el fecaloma hacia la cavidad pelviana. En los peores de los casos se ha de intervenir el animal.

Autor:  Marc Ros de Vilallonga Nº Col 592

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