Los perros pueden mostrar una actitud triste o irritada a la vuelta de vacaciones. Dependiendo si has viajado con él o ha tenido que separarse de la familia, la vuelta a la rutina va a exigir algo de atención por tu parte.

Una clave fundamental para que tu perro esté feliz y tranquilo es cuidar de las rutinas. Por ello cuando se cambian, como ocurre en vacaciones, y se pretenden volver a retomar a la vuelta pueden generar apatía, nerviosismo, irritabilidad o cambios de comportamiento para llamar la atención.

 

Vacaciones con perro

Vuelta a casa tras las vacaciones

Si durante las vacaciones hemos viajado con ellos, habremos disfrutado de más tiempo con el perro, al aire libre, con más actividad. Y a la vuelta vuelve a encontrarse solo, y con una rutina otra vez cambiada.

Para evitar cambios tan bruscos, tenemos dos opciones. La primera es que durante las vacaciones se mantenga, en la medida de lo posible, las rutinas horarias de comidas, salidas a hacer sus necesidades y las horas de sueño. De esta forma la vuelta será menos confusa.

La otra opción, es establecer unos días de transición donde nos adaptemos de nuevo a los horarios, pero con el dueño en casa.

También aumentar la actividad física para controlar la ansiedad y seguir realizando actividades en familia, ya que la compañía y hacer cosas juntos es el mejor de los premios para tu perro.

Vuelta a casa desde una residencia canina

Vacaciones con perroSi el perro se ha quedado en una residencia canina o con algún familiar, a tu vuelta su actitud puede mostrar tristeza, desgana e incluso estar a la defensiva.

La “ansiedad por separación” es un síntoma bastante común en perros que estado alejados de sus dueños durante días o semanas, y para paliarlo es necesario paciencia y ser consciente que es exige un tiempo de adaptación.

Los síntomas más habituales son:

  • Cambios en hábitos higiénicos, no recordando cuándo y dónde debe hacer sus necesidades, por lo que habrá que enseñarle nuevamente las rutinas olvidadas.
  • Reclama nuestra atención de forma constante.
  • Exceso de energía por todas las actividades que ahora cesan.
  • Tristeza y desmotivación por volver a estar encerrado y solo en casa.
  • No quiere quedarse en casa mientras vamos a trabajar, y muestra su disgusto con ladridos, gemidos, lloriqueos, …
  • Comportamiento agresivo, mordiendo y rompiendo cosas, cuando antes no lo hacía.
  • Bajones anímicos que crean poco apetito, dormir mal, no querer salir de paseo, no jugar,…

Si tras unas semanas, el problema persiste, consulta a tu veterinario.

 

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