La beluga Jelly Bean, una de las dos belugas trasladadas desde el clausurado Marineland Canadá al Oceanogràfic de València, ha muerto de forma repentina apenas unas semanas después de su llegada. El animal había sido trasladado a España dentro de una operación internacional destinada a reubicar a los cetáceos que permanecían en las instalaciones canadienses.
Jelly Bean llegó a València el pasado 27 de agosto junto a otra beluga, Cleopatra, y cuatro delfines. Desde entonces permanecía bajo vigilancia continua de veterinarios y cuidadores, dentro del proceso de adaptación a su nuevo entorno.
Una beluga con dificultades para alimentarse
Durante los últimos días, Jelly Bean había presentado problemas relacionados con la alimentación. Ante esta situación, el equipo veterinario del Oceanogràfic intensificó su seguimiento y mantuvo al animal bajo vigilancia las 24 horas.
Según la información facilitada por el propio centro, durante este periodo llegó a mostrar algunos signos de mejoría y una actitud receptiva con sus cuidadores. Sin embargo, su estado empeoró de manera inesperada y murió durante la noche del 17 al 18 de septiembre.
Por el momento no se ha determinado la causa de la muerte. Los veterinarios del Oceanogràfic realizarán una necropsia en colaboración con el grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera para intentar establecer qué factores pudieron contribuir al fallecimiento.
Jelly Bean formaba parte de un complejo rescate internacional
La historia de Jelly Bean está vinculada al cierre de Marineland Canadá, unas instalaciones que llevaban cerca de dos años cerradas e inactivas.
El traslado de los animales fue una operación internacional de gran complejidad. Dos belugas y cuatro delfines fueron trasladados al Oceanogràfic de València, mientras otros cetáceos fueron reubicados en diferentes instalaciones.
El objetivo era proporcionar una nueva ubicación a los animales que permanecían en Marineland tras el cierre del recinto. En el caso de Jelly Bean, el traslado supuso también comenzar un proceso de adaptación a unas instalaciones y unas condiciones ambientales diferentes.
Las primeras semanas después de un traslado son especialmente delicadas
Los cetáceos mantenidos bajo cuidado humano pueden enfrentarse a importantes cambios cuando son trasladados entre instalaciones. En una operación de este tipo deben controlarse de forma individual aspectos como la alimentación, el comportamiento, la interacción con otros animales y diferentes parámetros veterinarios.
En el caso de Jelly Bean, el problema de alimentación detectado durante los últimos días hizo necesario incrementar todavía más la vigilancia.
Eso no permite establecer por sí solo una relación entre el traslado y su muerte. La causa deberá determinarse mediante la investigación veterinaria y la necropsia anunciada por el Oceanogràfic.
Precisamente por ello, cualquier conclusión sobre las circunstancias concretas del fallecimiento sería prematura hasta disponer de los resultados veterinarios.
Cleopatra y los delfines continúan bajo supervisión
La otra beluga trasladada desde Canadá, Cleopatra, continúa en el Oceanogràfic junto a los cuatro delfines que participaron en la misma operación.
Según la información facilitada por el centro, estos animales evolucionan favorablemente y permanecen bajo supervisión de los profesionales responsables de su cuidado.
La muerte abre también un debate sobre los cetáceos en cautividad
La muerte de Jelly Bean ha generado además nuevas peticiones para revisar las condiciones en las que viven los cetáceos mantenidos en instalaciones zoológicas.
La Fundación Franz Weber ha anunciado que solicitará a la Generalitat Valenciana una auditoría sobre el fallecimiento y ha planteado un debate más amplio sobre el mantenimiento de cetáceos en cautividad. Estas son posiciones expresadas por la organización y no constituyen, por sí mismas, una conclusión sobre la causa de la muerte de Jelly Bean.
El debate sobre la cautividad de belugas, delfines y otros cetáceos incluye cuestiones relacionadas con el espacio disponible, las necesidades sociales y conductuales de los animales, su bienestar y los objetivos educativos y científicos de las instalaciones.
En este caso concreto, sin embargo, existe un elemento que debe mantenerse separado del debate general: todavía no se conoce qué provocó la muerte de Jelly Bean.
Una especie adaptada a las aguas frías del Ártico
La beluga (Delphinapterus leucas) es un cetáceo odontoceto propio de las regiones árticas y subárticas. Se caracteriza por su coloración blanca, la ausencia de aleta dorsal y una gran capacidad para producir diferentes sonidos.
Es una especie social con un complejo sistema de comunicación acústica. El Oceanogràfic señala precisamente la comunicación, la fisiología, la audición, el comportamiento y el bienestar entre las áreas de investigación que desarrolla con estos animales.
La muerte de Jelly Bean pone así el foco sobre una operación de rescate que pretendía ofrecer una nueva oportunidad a animales procedentes de unas instalaciones cerradas, pero también recuerda la enorme complejidad que implica trasladar y adaptar a cetáceos con historiales individuales y necesidades específicas.
Ahora, la necropsia será fundamental para conocer qué ocurrió realmente y evitar conclusiones anticipadas sobre el fallecimiento.