Verònica Cuevas de la Parra, tesorera del Colegio de Abogados de Manresa y Presidenta de la  Comisión de Protección de Derechos de los Animales del mismo.

El pasado mes de diciembre de 2017, nuestra compañera Rosario Monter publicó en este mismo blog un interesante artículo sobre el control de colonias felinas, analizando de forma pormenorizada y acertada, tanto desde una perspectiva ética como legal, la posibilidad y necesidad de dotar de mayor protección y control a los gatos callejeros, mediante, entre otras medidas, el reconocimiento y regulación de la figura del gato feral en las distintas ordenanzas de protección de animales desarrolladas y aprobadas por los Ayuntamientos de los municipios de nuestro país, así como la implantación del método C.E.S (captura, esterilización y suelta en su entorno) que en algunas municipalidades ya está siendo aplicado por asociaciones protectoras de animales con el fin de evitar una explosión demográfica de gatos asilvestrados.

La Ley de Protección animal de Catalunya, pese a ser una de las más garantistas del conjunto del Estado, así como de las primeras en aprobarse, no contempló, aún, la figura del gato feral como tal, y estableció en su artículo 16.1, relativo a la recogida de animales, que correspondería a los ayuntamientos recoger y controlar a los animales abandonados, perdidos o asilvestrados, así como controlar a los animales silvestres urbanos.

Se podría decir que la anterior delegación competencial a favor de los entes locales, así puede ser interpretada, constituye el marco legal que permite a los distintos consistorios catalanes regular en sus ordenanzas las formas de recogida y control de los animales descritos en el citado apartado del artículo 16 de la Ley catalana. Ahora bien, algunos Ayuntamientos, como el de Barcelona, pionero a nivel estatal en lo que a continuación se dirá, han ido un paso más allá y han incluido en sus ordenanzas de protección, tenencia y venta de animales algunas definiciones ciertamente innovadoras, relativas a lo que podríamos entender como subgrupos dentro de una especie ya definida por la ley catalana, y por lo tanto, no incluidas dentro del listado de definiciones del artículo 3 de la referida ley autonómica. Éste sería el caso del gato feral, al que en el apartado noveno del artículo 2 de la Ordenanza de protección, tenencia y venta de animales del Ayuntamiento de Barcelona se le otorga una consideración diferenciada respecto del gato doméstico; se reconoce su idiosincrasia y se le define como miembro de la especie del felino doméstico (felis catus), distinguiéndolo del mismo al no socializar con el ser humano y, por ende, no ser adoptable. Se expone también dentro de la definición del gato feral que los mismos aparecen por el abandono o huida de gatos domésticos, que se convierten en gatos asilvestrados tras vivir un tiempo por sí mismos, o por ser descendientes de otros gatos ferales. La definición concluye indicando que los gatos ferales llevan vidas saludables y naturales en su propio espacio, y que su hogar se encuentra al aire libre.

Bien, tras introducir al gato feral, como subgrupo autónomo, en el marco de protección de la normativa municipal, la misma desarrolla, en su artículo 28 la forma de alimentación de las colonias de gatos ferales, definiendo a éstas como agrupaciones controladas de gatos sin persona propietaria o poseedora conocida, debidamente esterilizados, que conviven en un espacio público o privado, a cargo de organismos y entidades cívicas sin ánimo de lucro, con el objetivo de velar por su bienestar y recibir atención, vigilancia sanitaria y alimentación, indicando que el Ayuntamiento de Barcelona promueve la existencia de las colonias controladas de gatos ferales y da soporte a las entidades que tienen cuidado de los mismos.

El hecho de tratarse de agrupaciones controladas de gatos parece llevar implícita, en una sociedad cada vez más sensibilizada con los derechos de los animales, la necesidad de que los mismos deban ser esterilizados, como apunta la ordenanza en cuestión. Dicha esterilización que, en resumen, constituye la principal medida de control de la población de gatos ferales, cuya efectividad y ética es muy superior a la captura y sacrificio eutanásico de los mismos, viene desarrollándose a través del método C.E.S.

Es indiscutible, la ciencia y la ética lo avalan, la mayor efectividad y sensibilidad, en lo que a derechos de los animales se refiere, del método C.E.S. frente al método de captura y sacrificio que en algunas poblaciones se ha utilizado. Parece, pero, que al primero de los métodos mencionados no le ha aparecido nunca un competidor real, capaz de ofrecer unos resultados mejores en un menor tiempo y con un coste económico inferior sin dejar atrás la ética y los derechos de los animales.

Más allá de ser obvia la necesidad de tener controladas, a nivel cuantitativo, las poblaciones de gatos ferales por los posibles problemas que un elevado índice de población podría causar sobre la fauna silvestre (en relación a poblaciones de aves, y pequeños mamíferos y reptiles) y la salubridad y seguridad alimenticia (en relación a la contaminación de huertos y hortalizas, jardines y parques públicos por zoonosis como la toxomplasmosis), es necesario conocer el funcionamiento de una colonia de gatos ferales para poder dar con la mejor herramienta de control.

En las colonias de gatos suele haber un macho dominante que monta a distintas hembras y que se caracteriza por tener un carácter extremadamente territorial y no aceptar fácilmente la entrada de nuevos ejemplares macho en la colonia. Los demás machos, que se sitúan por debajo del anterior en la escala jerárquica del grupo, tienen escasas oportunidades de aparearse con hembras en el entorno de la colonia.

Por otro lado, las gatas son poliéstricas estacionales (están en celo desde finales de invierno hasta finales de verano) y de ovulación inducida (el estímulo físico de la cópula desencadena la ovulación). Si el macho que las monta es fértil, entran en estado de gestación, durando la misma unos 60 – 65 días. Una vez han dado a luz, la gatas vuelven a entrar en celo si se encuentran dentro del período comprendido entre finales de invierno y finales de verano, por lo que una gata puede criar hasta 3 veces por año. Por el contrario, si el macho que las monta no es fértil, las gatas pueden entrar en un estado de pseudogestación que alcanza los 45 días.

El método C.E.S. consiste, como es conocido, en la captura, castración (en machos) u ovariohisterectomia (en hembras) y suelta en su entorno de gatos ferales o asilvestrados. Estos gatos pierden su sexualidad, las hembras no tienen celos y los machos pierden el interés por las hembras, así como su actitud dominante y territorial. Evidentemente tanto la castración como la ovariohisterectomia tienen un coste importante, siendo mucho mayor el coste de la esterilización de hembras. Además, el hecho de castrar al macho dominante implica que el mismo pierda su estatus jerárquico dentro de la colonia, pasando a ocupar su puesto el siguiente macho no castrado de la escala jerárquica, siendo éste último el que, de nuevo, copulará y dejará en estado a la mayoría de hembras no esterilizadas.

La eficacia del método C.E.S. no es discutida, aunque existe una alternativa al mismo que podría ser más económica e incluso más eficaz. Ahora bien, como toda alternativa también tiene aspectos negativos.

Así pues, algunos estudios científicos avalan que la práctica de vasectomías e histerectomías (prácticas más económicas que la castración o la ovariohisterectomia) a gatos ferales previamente capturados y posteriormente liberados de nuevo en sus respectivas colonias, permite reducir de forma rápida y eficaz la población de las mismas. Estaríamos hablando del método TVHR, por sus siglas en inglés (trap – vasectomy – hysterectomy – release).

Como se ha dicho, los gatos ferales viven en grupos que son controlados por un macho dominante. La vasectomía consiste en cortar el conducto deferente de los órganos sexuales del gato macho, sin extirpar los testículos. Así, un gato vasectomizado sigue conservando sus hormonas sexuales, lo que le permite mantener su posición dominante dentro de la colonia, y relacionarse con hembras sin dar lugar a un aumento de la población, en contraposición al gato esterilizado, sexualmente inactivo, cuyo lugar predominante en la colonia pasa a ser ocupado por otro gato no castrado que copulará con las hembras del grupo.

Además, hay que tener también en cuenta que cuando una hembra no esterilizada se relaciona con un macho vasectomizado, se somete a un período de presudoembarazo que dura alrededor de los 45 días, reduciendo aún más las posibilidades de reproducción.

Existen estudios, realizados a través de simulaciones, de colonias de gatos ferales con unos 200 ejemplares, en los que se ha observado la evolución de dichas colonias durante más de 16 años, es decir, durante un período mucho más largo que la vida típica de un gato feral, que es de una media de 3 años, frente a los 15 años que suelen vivir, de media, los gatos domésticos. Los resultados de algunos de estos estudios mostraron que si el 35% de esa población de gatos ferales se sometiera a la correspondiente vasectomía, dicha población se reduciría a la mitad y llegaría a desaparecer pasados 11 años. Alternativamente, para conseguir estos mismos resultados, haría falta que un 82% de los gatos fueran sometidos al método C.E.S., hecho que avalaría la mayor eficacia de la vasectomía sobre la esterilización, a lo que habría que añadir el menor coste del primero de los métodos frente al segundo.

Ahora bien, el TVHR no se configuraría como una solución universal o para todo, ya que como se ha anticipado, el mismo cuenta también con inconvenientes. Y es que, tal y como se ha expuesto ut supra, el gato vasectomizado mantiene intactas sus hormonas sexuales, hecho que comporta que siga aullando, peleando con otros machos por determinar su jerarquía dentro del grupo y marcando su territorio con la orina, lo que podrá causar quejas y molestias a las personas que vivan cerca de las colonias de gatos ferales; quejas que, por su parte, no existirán si se opta por el método C.E.S. La duda está servida…

Artículos científicos consultados:

  • Dell’Amore, Christine. Vasectomies Could Cut Feral Cat Population. A new study suggests surgery to control mating in free-roaming felines. National Geographic. Consultado en:

https://news.nationalgeographic.com/news/2013/08/130820-feral-cats-vasectomy-animals-science-pets-nation/

Autora: Verònica Cuevas de la Parra              Web: www.abogacia.es