Tener una mascota es una tremenda responsabilidad. Hablamos de tener un ser vivo a nuestro cargo, y que todas sus funciones vitales dependan de nosotros. Hablamos de compartir la vida con un animal, y en ese viaje, aprender muchas cosas, y recibir otras tantas. Pero de lo que muchas veces no se habla es de lo que debemos de dar a cambio: Dedicación.

Esta dedicación es mayor si cabe cuando hablamos de fauna exótica, dados los requerimientos específicos y particulares que tienen estas especies, que aún no han sido domesticadas por el hombre. Por desgracia, el mascotismo de estos animales parece haberse tornado moda, haciendo la tenencia de estos animales algo temporal.

Tortuga de orejas rojas- mascotas

Pongamos por ejemplo la tortuga de Florida: No comen lo que pensamos, no crecen lo que pensamos, y no viven lo que pensamos. Esto provoca que a los pocos años tengamos un animal que no entra en nuestra pecera, que esta sufriendo de enfermedades metabólicas y que aspira a vivir algunas décadas con nosotros.

El desconocimiento de los dueños impulsivos se une a la nula formación obligatoria de los vendedores para que fomenten la compra responsable. Mucha gente ignora que un loro puede vivir 80 años o que un mono es ilegal. En muchas ocasiones, lo que ocurre es que esta mascota es abandonada, y se convierte en especie invasora, amenazando a la fauna local y siendo exterminada por la administración. Otras no tienen tanta suerte, y mueren debido a los malos cuidados, o peor, son relegadas a un desván debido a que los dueños se enteran de que son ilegales.

El problema es que nuestra legislación con las invasoras (prácticamente el único motivo para que un animal no sea mascota en nuestro país) se basa, además, en las listas negativas: Decidimos, a posteriori, categorizar a una especie como invasora y prohibir su venta. Es entonces, tras la prohibición, cuando nuevas especies deben suplir la demanda, muchas veces animadas por la película o el viral de turno que torna a un animal exótico desconocido como popular. Pero suplir esta demanda sin una base de criaderos de fauna exótica se hace complicado, y es donde el tráfico ilegal de fauna entra en juego.

Mono - No mascota

En el caso de los animales ilegales, como los primates, obviamente la demanda es enteramente suplida por este mercado negro, a través del cual podemos adquirir animales con documentación falsa, que suponen un riesgo para la salud pública (entre primates compartimos muchas enfermedades y estos animales no pasan por el veterinario) y para el bienestar de estos animales, pues son muy sociables y mantenerlos como mascotas es una crueldad.

¿Tiene sentido toda esta dinámica? No parece muy razonable, desde luego. Y aunque podríamos hablar de como se podría luchar a nivel legislativo (en otros países de Europa apenas son legales 20 especies exóticas), todo queda al final en manos del consumidor. Las mascotas son una enorme responsabilidad, y estamos siendo tremendamente irresponsables con su posesión. Las soluciones pasan por educar a la población en la tenencia responsable, obligar a que la venta venga acompañada de información especializada y fortificar la legislación.

Autor: Eugenio Fernández Suárez                                     Web: Blog Nasua