Los anfibios no son animales que deban manipularse habitualmente. Ranas, sapos, salamandras, tritones y cecilias tienen una piel muy delicada que desempeña funciones esenciales y que puede verse afectada por el contacto con sustancias presentes en nuestras manos.
Por eso, cuando tenemos un anfibio en cautividad, la primera regla debe ser sencilla: manipularlo solamente cuando sea necesario.
Limpiar o acondicionar el terrario, realizar una revisión veterinaria, trasladar al animal a otro recinto o efectuar determinadas tareas de mantenimiento pueden hacer imprescindible cogerlo. En esas situaciones debemos saber cómo hacerlo correctamente para reducir tanto el estrés como el riesgo de lesiones.
Los anfibios tampoco deben considerarse animales para coger, acariciar o manipular como si fueran un perro o un gato.
¿Por qué la piel de los anfibios es tan delicada?
La piel de los anfibios no es una simple cubierta corporal.
Interviene en el intercambio de agua y, dependiendo de la especie, también tiene una importante función en la respiración. Además, está cubierta por una película de mucus que contribuye a mantener la piel en buenas condiciones.
El contacto con nuestras manos puede alterar esta delicada superficie. El sudor, restos de jabón, cremas, perfumes, aceites, desinfectantes y otras sustancias pueden resultar perjudiciales.
A esto se añade otro problema: la temperatura de nuestras manos es muy superior a la de muchos anfibios. Mantenerlos durante demasiado tiempo en las manos puede provocarles un calentamiento innecesario y aumentar su estrés.
Las recomendaciones de manejo de Amphibian Ark señalan precisamente que la manipulación debe mantenerse en el mínimo imprescindible y que el tiempo de sujeción debe ser lo más corto posible.
Antes de coger al anfibio
La preparación es tan importante como la propia manipulación.
Antes de abrir el terrario debemos tener preparado todo lo que vayamos a necesitar. Si vamos a trasladar al animal, el recipiente debe estar listo antes de cogerlo.
No tiene sentido sujetar un anfibio mientras buscamos dónde colocarlo.
También debemos asegurarnos de que nuestras manos o guantes estén libres de cualquier producto químico. No debemos utilizar guantes que hayan estado en contacto con productos de limpieza, cosméticos, aceites u otras sustancias.
En el caso de utilizar guantes, las recomendaciones de manejo en cautividad aconsejan que sean desechables, sin polvo y adecuados para anfibios. Las guías de EAZA para salamandras de fuego recomiendan guantes nuevos de vinilo o nitrilo, sin polvo y sin látex, y enjuagarlos antes de utilizarlos.

¿Guantes o manos desnudas?
Durante años se ha recomendado utilizar diferentes tipos de guantes para manipular anfibios. Actualmente sabemos que no todos son igualmente apropiados.
Para animales adultos, una buena opción son los guantes de nitrilo o vinilo sin polvo, siempre que estén correctamente enjuagados y sean adecuados para el procedimiento.
En animales muy pequeños, larvas y renacuajos hay que extremar todavía más las precauciones. Algunas guías de manejo advierten de posibles efectos perjudiciales del látex en determinadas fases larvarias, por lo que resulta preferible evitar el contacto directo y utilizar una pequeña red blanda o un recipiente apropiado.
Lo importante no es simplemente «ponerse guantes», sino utilizar material apropiado y evitar la contaminación cruzada entre animales.
Cómo coger un anfibio terrestre
Cuando sea necesario coger una rana, sapo o salamandra terrestre, debemos hacerlo con movimientos tranquilos y sin perseguir continuamente al animal por el terrario.
Una vez cerca del ejemplar, se debe sujetar suavemente el cuerpo, proporcionando apoyo suficiente para evitar que pueda saltar y golpearse.
Nunca debemos cogerlo por una pata, una mano, un dedo o cualquier otra extremidad.
Tampoco debemos agarrarlo por la cabeza ni ejercer presión sobre el abdomen.
La sujeción debe ser firme únicamente en el sentido de impedir una caída, pero nunca debemos apretar al animal.
En muchos casos basta con mantenerlo apoyado suavemente sobre la palma de la mano enguantada.
Las guías de manejo de salamandras recomiendan precisamente una sujeción mínima, adaptada al procedimiento que se vaya a realizar.
Mucho cuidado con los saltos
Algunos anfibios pueden realizar movimientos bruscos cuando se sienten amenazados.
Una rana que intenta escapar de nuestras manos puede saltar directamente al suelo, contra una pared o contra otro objeto.
Por este motivo, nunca debemos manipularlos desde una altura considerable.
Lo más seguro es trabajar cerca de una superficie preparada y evitar que existan objetos duros o peligrosos alrededor.
En especies especialmente activas, también puede resultar más seguro conducir al animal hacia un recipiente en lugar de intentar atraparlo directamente.
Manipulación de anfibios acuáticos
Las especies acuáticas presentan una dificultad añadida: son extremadamente resbaladizas.
Intentar coger directamente con las manos una rana o un tritón que se encuentra dentro del agua puede terminar con el animal escapándose y golpeándose contra algún elemento del acuario.
Cuando únicamente necesitamos trasladarlo de un lugar a otro, puede ser preferible utilizar una red de malla fina y suave, adecuada al tamaño del animal.
La operación debe hacerse con calma, evitando perseguir al ejemplar repetidamente por todo el acuario.
Si necesitamos sacar al animal durante un periodo más prolongado, debemos disponer previamente de un recipiente adecuado, seguro y con las condiciones necesarias para mantenerlo durante el tiempo imprescindible.
¿Cómo trasladar un anfibio?
El recipiente de transporte debe estar preparado antes de sacar al animal del terrario o acuario.
Debe ser seguro, estar limpio y disponer de ventilación cuando sea necesaria. También debe impedir que el anfibio pueda escapar.
En función de la especie y de la duración del traslado, pueden utilizarse recipientes adecuados con material húmedo que ayude a mantener las condiciones ambientales apropiadas.
Nunca debemos colocar directamente al animal sobre materiales que puedan contener residuos de productos químicos.
El recipiente tampoco debe quedar expuesto al sol ni a temperaturas elevadas.
Los anfibios son especialmente sensibles al estrés térmico, y los ejemplares pequeños pueden calentarse rápidamente. Las recomendaciones de manejo de salamandras destacan precisamente el riesgo de sobrecalentamiento durante la manipulación.
No todas las especies se pueden manipular de la misma manera
El término «anfibio» engloba animales con características muy diferentes.
No se manipula igual una pequeña rana arborícola que una salamandra grande, un ajolote o un sapo de gran tamaño.
Tampoco debemos olvidar que algunas especies poseen secreciones cutáneas irritantes o tóxicas.
Por ello, antes de manipular una especie que no conocemos debemos informarnos sobre sus características particulares.
En caso de duda, especialmente si se trata de una especie potencialmente peligrosa, es preferible consultar con un veterinario especializado en animales exóticos o con un profesional con experiencia en anfibios.
¿Qué ocurre con las ranas venenosas?
Algunas especies de anfibios producen sustancias tóxicas o irritantes a través de la piel.
Las famosas ranas dardo de la familia Dendrobatidae son un buen ejemplo de animales que requieren precauciones específicas.
Además, la toxicidad no es una característica que debamos intentar valorar simplemente observando al animal.
Por seguridad, nunca debemos tocar directamente una especie cuya toxicidad desconozcamos.
En anfibios mantenidos en cautividad, además, la toxicidad de algunas especies puede variar en función de su alimentación y de otros factores, pero eso no significa que debamos asumir que un animal es seguro de manipular.
La higiene es fundamental
La higiene después de manipular un anfibio es importante tanto para proteger al animal como a las personas.
Los anfibios pueden transportar microorganismos potencialmente patógenos aunque parezcan completamente sanos. Entre ellos se encuentra Salmonella, que puede transmitirse a las personas mediante el contacto con animales o con elementos de su entorno, como el agua y los accesorios del acuario.
Por eso debemos lavarnos las manos con agua y jabón después de manipular un anfibio, sus heces, el agua del acuario, el terrario o cualquier elemento que haya estado en contacto con él.
Los elementos utilizados para su mantenimiento tampoco deberían limpiarse en lugares destinados a preparar alimentos.
Evitar la contaminación cruzada
La higiene no solo sirve para proteger a las personas.
También es esencial para evitar transmitir enfermedades entre los propios anfibios.
Si tenemos varios terrarios, no debemos utilizar sin más el mismo material de manejo, recipientes o utensilios de un recinto a otro.
Las recomendaciones de manejo de anfibios hacen especial hincapié en la bioseguridad y en evitar la transferencia de patógenos entre animales o poblaciones.
Cuando sea necesario manipular diferentes grupos de animales, lo adecuado es utilizar material específico para cada grupo o aplicar los protocolos de limpieza y desinfección correspondientes.
Esto adquiere especial importancia en colecciones con varias especies.
¿Y si encontramos un anfibio silvestre?
Aquí debemos hacer una distinción importante.
Un anfibio silvestre no debe capturarse ni manipularse simplemente por curiosidad.
Si encontramos una rana, sapo, tritón o salamandra en la naturaleza, lo mejor normalmente es observarlo sin tocarlo.
Si el animal se encuentra en peligro inmediato, por ejemplo en una carretera, una piscina o algún lugar del que no pueda salir, la actuación debe limitarse a lo estrictamente necesario y siguiendo las indicaciones de los servicios de fauna correspondientes.
La manipulación de fauna silvestre requiere además medidas de bioseguridad para evitar la propagación de enfermedades entre poblaciones.
La IUCN señala la importancia de prevenir la transmisión de patógenos mediante animales, agua, sustratos y herramientas contaminadas, especialmente cuando se trabaja con poblaciones de anfibios.

La quitridiomicosis y la importancia de la bioseguridad
Los anfibios se encuentran entre los grupos de vertebrados más amenazados del planeta y las enfermedades infecciosas constituyen una de las amenazas que deben tenerse en cuenta.
Entre ellas destaca la quitridiomicosis, asociada a hongos patógenos del género Batrachochytrium.
Por eso, en instalaciones que mantienen diferentes especies de anfibios, la higiene y la bioseguridad no son cuestiones secundarias.
Las medidas destinadas a impedir la transferencia de microorganismos entre animales y poblaciones forman parte de las buenas prácticas actuales de manejo.
Nunca debemos sujetarlos por las extremidades
Una regla básica que debemos recordar es que nunca se debe levantar un anfibio por una pata o por cualquier otra extremidad.
Las extremidades son estructuras delicadas y un movimiento brusco del animal puede provocar lesiones.
Tampoco debemos intentar inmovilizarlo ejerciendo una presión excesiva. La sujeción debe adaptarse al tamaño y a la anatomía de la especie y mantenerse durante el menor tiempo posible.
Después de la manipulación
Una vez terminado el procedimiento, debemos devolver al animal a su recinto con tranquilidad.
No debemos dejarlo caer ni soltarlo desde una altura.
Si estaba húmedo, debemos asegurarnos de que vuelve a unas condiciones ambientales adecuadas para su especie.
También debemos comprobar que el terrario o acuario queda correctamente cerrado.
Finalmente, retiraremos los guantes de forma adecuada y nos lavaremos las manos con agua y jabón.
Si hemos utilizado utensilios, recipientes o redes que vayan a entrar en contacto con otros animales, deberán limpiarse y desinfectarse según corresponda.
¿Cuándo debemos manipular a un anfibio?
En un animal mantenido en cautividad, la manipulación debería limitarse fundamentalmente a situaciones como:
- Limpieza o mantenimiento del recinto.
- Traslado entre instalaciones.
- Revisión del estado físico.
- Atención veterinaria.
- Administración de determinados tratamientos.
- Pesaje u otros controles necesarios.
- Situaciones de emergencia.
Fuera de estos casos, no existe ninguna necesidad de coger al anfibio para interactuar con él.
Observar su comportamiento es una forma mucho más adecuada de disfrutar de estos animales.
Una regla sencilla: cuanto menos, mejor
Los anfibios no necesitan nuestras caricias para sentirse queridos.
Su bienestar depende de que dispongan de un ambiente adecuado, temperatura y humedad apropiadas, agua de calidad cuando corresponda, alimentación correcta, refugios y unas condiciones que les permitan desarrollar su comportamiento natural.
La manipulación debe reservarse para aquello que realmente sea necesario.
Cuando tengamos que hacerlo, debemos actuar con calma, utilizar material adecuado, reducir al mínimo el tiempo de contacto y extremar las medidas de higiene y bioseguridad.
Manipular menos a un anfibio no significa cuidarlo peor. Al contrario: en muchas ocasiones, significa cuidarlo mejor.