La naturaleza nunca deja de sorprender. Mientras muchas aves dependen del camuflaje o de la protección de sus padres para sacar adelante a sus crías, los polluelos de abubilla (Upupa epops) cuentan con un auténtico arsenal defensivo que combina química, microbiología y comportamiento. Un reciente estudio científico ha confirmado que estas crías producen una secreción de olor extremadamente desagradable gracias a la acción de bacterias beneficiosas y, además, son capaces de lanzar sus excrementos hacia los depredadores cuando se sienten amenazados.
El trabajo, publicado en la revista científica Animal Microbiome, aporta nuevas evidencias sobre cómo estos mecanismos defensivos funcionan de forma coordinada para aumentar las probabilidades de supervivencia de los polluelos durante una de las etapas más vulnerables de su vida.
Un olor que mantiene alejados a los enemigos
La protagonista de esta estrategia es la glándula uropigial, situada en la base de la cola. En la mayoría de las aves, esta glándula produce una sustancia aceitosa que sirve para impermeabilizar y cuidar el plumaje. Sin embargo, en la abubilla ocurre algo muy diferente durante la época de reproducción.
Las hembras incubando y los polluelos desarrollan una secreción mucho más espesa y con un olor especialmente intenso. Esta sustancia alberga comunidades de bacterias simbióticas que producen compuestos químicos volátiles responsables del característico olor fétido.
Según los investigadores, estos microorganismos no son simples habitantes de la glándula, sino aliados esenciales que generan sustancias con propiedades antimicrobianas y defensivas. Gracias a ellas, la secreción puede ayudar tanto a reducir el crecimiento de microorganismos potencialmente dañinos como a disuadir a posibles depredadores.

Las bacterias también forman parte de la defensa
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que demuestra la estrecha relación entre la abubilla y las bacterias que viven en su glándula uropigial.
Lejos de representar un problema para el ave, estos microorganismos forman una auténtica asociación beneficiosa. Las bacterias obtienen un hábitat donde desarrollarse y, a cambio, producen metabolitos que refuerzan las defensas del animal.
Los investigadores analizaron la composición de estas comunidades microbianas y observaron cómo determinadas especies bacterianas están directamente relacionadas con la producción de compuestos químicos que explican el intenso olor de la secreción.
Este hallazgo refuerza la idea de que el microbioma puede desempeñar un papel fundamental en la evolución de las estrategias defensivas de muchas especies animales.
Un proyectil inesperado
El desagradable olor no constituye la única línea de defensa.
Cuando un depredador consigue acercarse al nido, los polluelos de abubilla adoptan una conducta que resulta tan eficaz como sorprendente: apuntan hacia el intruso y expulsan un chorro de excrementos con notable precisión.
Aunque pueda parecer una reacción simple, este comportamiento tiene una clara función defensiva. El impacto del material fecal, unido a su intenso olor, puede desconcertar al atacante y darle el tiempo suficiente al depredador para desistir o permitir que las crías permanezcan ocultas hasta que desaparezca el peligro.
Diversos estudios sobre la especie habían descrito este comportamiento anteriormente, pero las nuevas investigaciones permiten comprender mejor cómo se combina con la secreción bacteriana para formar un sistema de defensa altamente especializado.

Una adaptación fruto de millones de años de evolución
Los nidos de abubilla suelen encontrarse en cavidades de árboles, muros, construcciones rurales o huecos naturales. Aunque estos refugios ofrecen cierta protección, también pueden convertirse en trampas si un depredador consigue acceder a ellos.
Al no poder escapar volando durante las primeras semanas de vida, los polluelos han desarrollado mecanismos alternativos para defenderse. La combinación de señales químicas, compuestos producidos por bacterias simbióticas y respuestas conductuales representa una adaptación extraordinariamente eficaz frente a mamíferos, reptiles y otras aves depredadoras.
Los autores del estudio destacan que comprender estas interacciones entre el hospedador y su microbioma ayuda a explicar cómo la evolución puede aprovechar microorganismos beneficiosos para mejorar la supervivencia de determinadas especies.

Mucho más que un ave llamativa
La abubilla es una de las aves más fáciles de reconocer gracias a su característica cresta de plumas, su largo pico curvado y el llamativo patrón blanco y negro de sus alas. Además de su belleza, desempeña un importante papel ecológico al alimentarse principalmente de insectos y otras pequeñas presas que captura en el suelo.
Sin embargo, detrás de su aspecto inconfundible se esconde una biología mucho más compleja de lo que se pensaba. El nuevo estudio demuestra que incluso los microorganismos que viven asociados a esta especie forman parte de una sofisticada estrategia de supervivencia desarrollada durante millones de años de evolución.
Referencia científica
Este artículo está basado en el estudio publicado en Animal Microbiome:
Martin-Vivaldi, M. y colaboradores (2026). Animal Microbiome. DOI: 10.1186/s42523-026-00543-y.