¿Los perros y gatos reducen el estrés? Un nuevo estudio cuestiona una creencia muy extendida

Perro y gato - Foto propiedad de: Helena Jankovičová - Pexels

Durante años se ha afirmado que convivir con un perro o un gato ayuda a reducir el estrés. Muchas personas aseguran sentirse mejor después de acariciar a su mascota, jugar con ella o simplemente compartir su compañía. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista científica Frontiers in Psychology aporta una visión más matizada sobre esta relación entre mascotas y bienestar emocional.

 

Las mascotas sí mejoran el estado de ánimo, pero no actúan como un “escudo” contra el estrés

El estudio, realizado por investigadores de la Open University (Países Bajos), analizó a 188 propietarios de perros y gatos mediante una metodología conocida como evaluación ecológica momentánea (EMA). Durante cinco días consecutivos, los participantes respondieron a cuestionarios enviados aleatoriamente a través de una aplicación móvil hasta diez veces al día.

Los investigadores recopilaron cerca de 8.000 registros en tiempo real sobre el estado emocional de los participantes, sus niveles de estrés y las interacciones que mantenían con sus animales de compañía.

Los resultados mostraron algo muy interesante: interactuar con perros o gatos se relacionó con emociones más positivas y con una disminución de los sentimientos negativos en ese momento concreto. En otras palabras, las mascotas parecen contribuir al bienestar emocional cotidiano.

Sin embargo, los autores no encontraron evidencias de que estas interacciones amortiguaran el impacto emocional del estrés. Es decir, aunque estar con una mascota puede hacernos sentir mejor, no parece impedir que una situación estresante nos afecte emocionalmente.

 

La sorprendente diferencia observada en algunos propietarios de gatos

Uno de los hallazgos más llamativos apareció en el grupo de personas que convivían con gatos. Los investigadores observaron que, en determinadas circunstancias, una mayor interacción con estos animales se asociaba a una relación más intensa entre el estrés y las emociones negativas.

No obstante, los propios autores piden cautela al interpretar este resultado. La muestra de propietarios de gatos era más reducida y el efecto no apareció de forma consistente en todos los análisis realizados. Por ello, no puede concluirse que los gatos empeoren el bienestar emocional ni que sean peores compañeros que los perros.

Según los investigadores, una posible explicación es que las interacciones con los gatos suelen ser más tranquilas y menos demandantes, lo que podría favorecer una mayor introspección emocional en algunos momentos de estrés. Aun así, esta hipótesis requiere más investigación.

 

Entonces, ¿qué nos aportan realmente las mascotas?

La principal conclusión del estudio es que perros y gatos proporcionan beneficios emocionales similares. La sensación de compañía, la creación de vínculos afectivos y la reducción de la soledad podrían explicar por qué muchas personas experimentan emociones más positivas cuando interactúan con sus animales.

Esto no significa que las mascotas no sean beneficiosas para la salud mental. Lo que sugiere la investigación es que su efecto es más complejo de lo que se pensaba. No funcionan como una herramienta automática para eliminar el estrés, pero sí pueden contribuir a generar momentos de bienestar, afecto y conexión emocional en la vida diaria.

 

Una relación que la ciencia sigue explorando

Los resultados encajan con una tendencia creciente en la investigación sobre la interacción humano-animal: los beneficios de las mascotas existen, pero dependen de numerosos factores, como la personalidad del propietario, el tipo de vínculo establecido, el contexto social y las circunstancias concretas de cada momento.

Lejos de desacreditar la importancia de perros y gatos en nuestras vidas, este trabajo ayuda a comprender mejor cómo influyen realmente en nuestro bienestar emocional. La compañía de una mascota puede alegrarnos el día, hacernos sentir acompañados y mejorar nuestro estado de ánimo, aunque no necesariamente elimine las fuentes de estrés que afrontamos.

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