Las aves migratorias también sufren jet lag: sus relojes biológicos pueden alterar su orientación

Parela pinchota - Foto propiedad de: A Manx Shearwater - WIKIPEDIA - CC BY-SA 3.0

Las largas migraciones de las aves esconden desafíos que todavía estamos empezando a comprender. Un estudio científico ha descubierto que algunas aves marinas pueden experimentar un fenómeno parecido al jet lag humano cuando recorren grandes distancias en poco tiempo. Este desfase entre su reloj biológico y la hora solar local puede afectar a su capacidad para orientarse y provocar pequeñas desviaciones durante sus desplazamientos.

La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Oxford (Reino Unido), aporta nuevas evidencias sobre la complejidad de los mecanismos que utilizan las aves para navegar durante sus viajes.

 

Las pardelas pichoneta, protagonistas del estudio

Para investigar este fenómeno, el equipo científico analizó datos de seguimiento GPS recopilados durante 20 años de 1.045 ejemplares de pardela pichoneta (Puffinus puffinus).

Esta especie de ave marina cría principalmente en islas situadas frente a las costas occidentales de Reino Unido e Irlanda. Durante sus desplazamientos en busca de alimento puede recorrer cientos de kilómetros mar adentro y alejarse hasta 1.000 kilómetros de sus colonias reproductoras.

En España, la pardela pichoneta está presente en número reducido en las islas de Tenerife y La Palma, aunque también puede observarse durante el otoño en las costas gallegas y cantábricas.

 

¿Por qué las aves pueden sufrir jet lag?

El secreto está en su reloj biológico. Las aves utilizan diferentes mecanismos para orientarse durante sus desplazamientos. Uno de ellos es la brújula solar, que les permite determinar la dirección de vuelo tomando como referencia la posición del sol.

Sin embargo, para interpretar correctamente esa posición necesitan saber qué hora es. El sol no permanece en el mismo lugar del cielo durante el día: aparece por el este, alcanza posiciones diferentes a lo largo de la jornada y desaparece por el oeste.

Por eso, el reloj interno resulta fundamental para calcular la dirección adecuada.

El problema aparece cuando las aves recorren grandes distancias hacia el este en poco tiempo. Al regresar a sus colonias pueden encontrarse con que el sol sale antes que en el lugar del que proceden, mientras que su reloj biológico todavía conserva el horario anterior.

Se produce así un desfase entre su ritmo interno y la hora solar del lugar en el que se encuentran, un fenómeno comparable al jet lag que experimentamos las personas cuando viajamos rápidamente entre diferentes husos horarios.

 

Los errores de orientación pueden alcanzar los 15 grados

Los investigadores analizaron 3.688 desplazamientos de las pardelas en busca de alimento y compararon sus trayectorias reales con las que deberían haber seguido teniendo en cuenta la posición del sol.

Los resultados mostraron desviaciones sistemáticas compatibles con los errores que provoca un reloj biológico desajustado.

Cuando las aves volaban hacia el este, tendían a desviarse ligeramente de la dirección esperada. En algunos casos, los errores de orientación alcanzaron aproximadamente los 15 grados.

Un aspecto especialmente interesante es que estas desviaciones también aparecían cuando las pardelas volaban cerca de costas visibles, donde podían disponer de referencias geográficas adicionales.

Esto apunta a que continuaban utilizando su brújula solar incluso cuando tenían a su alcance otras señales para orientarse.

 

Las aves consiguen corregir su rumbo

Aunque el descubrimiento resulta llamativo, los investigadores comprobaron que las consecuencias sobre los desplazamientos eran relativamente pequeñas.

Las pardelas no mantenían indefinidamente una trayectoria equivocada. Eran capaces de reevaluar su posición y corregir progresivamente el rumbo durante el vuelo.

Como ejemplo, el equipo calculó que un ejemplar que regresara desde una distancia de 1.000 kilómetros, con un error medio de orientación de siete grados y corrigiendo continuamente su trayectoria, recorrería solamente unos cinco kilómetros adicionales.

Esta capacidad de reajuste demuestra la eficacia de sus mecanismos de navegación, incluso cuando su reloj interno no está perfectamente sincronizado con el entorno.

 

Un fenómeno que podría afectar a otras especies

Los autores consideran que este fenómeno podría producirse también en otras aves y posiblemente en otros animales capaces de recorrer grandes distancias de este a oeste en periodos relativamente cortos.

Los relojes biológicos están presentes en numerosos organismos y se sincronizan, entre otros factores, mediante los ciclos naturales de luz y oscuridad.

Comprender cómo funcionan estos mecanismos ayuda a conocer mejor la navegación animal y los desafíos a los que se enfrentan las especies migratorias.

Las migraciones no dependen únicamente de la capacidad física para recorrer miles de kilómetros. También requieren sistemas de orientación muy precisos, sincronización biológica y una extraordinaria capacidad para adaptarse a las condiciones del entorno.

Este estudio demuestra que incluso un pequeño desfase horario puede modificar la manera en que un ave interpreta el cielo y calcula su trayectoria.

La investigación abre una nueva vía para comprender cómo los animales utilizan sus relojes internos para desplazarse por el planeta y cómo un mecanismo tan cotidiano como el ciclo de luz y oscuridad puede resultar decisivo para encontrar el camino de vuelta a casa.

Referencia científica

Lewin, P. et al. (2026). Rapid longitudinal flights cause time shifts and sun compass error. Revista científica Science.

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