Josefina Castellví: la mujer que abrió la Antártida a la ciencia española

Josefina Castellví

Hay figuras que no solo desarrollan una carrera científica brillante, sino que amplían los límites de lo posible para todo un país. Josefina Castellví i Piulachs pertenece a esa categoría excepcional. Oceanógrafa, microbióloga y pionera de la investigación polar en España, su trayectoria representa una combinación rara de rigor científico, valentía institucional y vocación pedagógica.

Nacida en Barcelona en 1935, Castellví creció en una época en la que la ciencia era un territorio casi vedado para las mujeres. Sin embargo, su curiosidad por el mundo natural la llevó a formarse en biología y a especializarse en microbiología marina, un campo que en aquel momento apenas empezaba a desarrollarse en España. Desde el inicio, su trabajo estuvo marcado por una idea clara: la ciencia no es un lujo cultural, sino una herramienta estratégica para comprender y proteger el planeta.

Su nombre quedó ligado de forma indeleble a la Antártida. En la década de 1980, cuando España aún no tenía presencia estable en el continente blanco, Castellví desempeñó un papel decisivo en la creación del programa antártico español. Fue una de las impulsoras científicas y organizativas de la Base Antártica Española Juan Carlos I, inaugurada en 1988. No solo participó en la expedición fundacional, sino que asumió la dirección de la base, convirtiéndose en la primera mujer en liderar una instalación científica española en la Antártida.

Su trabajo en condiciones extremas no fue un gesto simbólico: fue investigación de frontera. Estudió comunidades microbianas en ecosistemas polares, aportando conocimiento esencial sobre la adaptación de la vida a entornos límite. Estos estudios no solo amplían la biología básica, sino que también tienen implicaciones en ecología global, cambio climático y astrobiología. En un continente que funciona como laboratorio natural del planeta, Castellví ayudó a situar a España dentro de la conversación científica internacional.

Más allá de los datos y publicaciones, su legado incluye una dimensión institucional fundamental. Como investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), defendió la profesionalización de la ciencia, la cooperación internacional y la necesidad de políticas científicas estables. Entendía que la investigación polar no era una aventura exótica, sino una inversión estratégica en conocimiento climático y ambiental.

También fue una divulgadora incansable. A través de conferencias, libros y testimonios públicos, transmitió la experiencia antártica a generaciones que nunca pisarían el hielo, pero que podían comprender su importancia. Su relato combinaba precisión científica y una profunda conciencia ética: la Antártida como símbolo de cooperación global y de responsabilidad ecológica.

Josefina Castellví rompió barreras sin convertir su biografía en un manifiesto personal. Su autoridad provenía del trabajo, de la competencia técnica y de la coherencia intelectual. Precisamente por eso se convirtió en referente para científicas jóvenes, no como excepción heroica, sino como prueba tangible de que la excelencia científica no tiene género.

Recordarla hoy es reconocer que la ciencia española moderna se construyó gracias a personas que miraron más allá de sus circunstancias. Castellví no solo estudió uno de los territorios más inhóspitos del planeta: ayudó a expandir el horizonte científico de su país. Su figura resume una idea poderosa y vigente: explorar es comprender, y comprender es una forma de cuidar el mundo.

«En los hielos está escrita la vida del planeta»

– Josefina Castellví –

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