En el fondo del mar viven animales capaces de sorprender incluso a los científicos. Uno de ellos es la gamba mantis, un crustáceo depredador que destaca por sus ojos extraordinarios, sus colores y la velocidad con la que puede golpear a sus presas. Aunque su nombre recuerda a una gamba y a una mantis religiosa, pertenece a un grupo propio de crustáceos marinos: los estomatópodos.
Su anatomía y sus habilidades la convierten en uno de los habitantes más singulares del océano. Pero ¿cómo consigue capturar a sus presas con tanta rapidez y qué hace que su sistema visual sea tan especial?
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¿Qué es la gamba mantis?
La gamba mantis es el nombre común que reciben distintas especies del orden Stomatopoda. No es una gamba verdadera, aunque ambos animales son crustáceos. Su aspecto recuerda al de una mantis religiosa por la disposición de sus apéndices delanteros, que utiliza para capturar presas.
Existen numerosas especies de estomatópodos, con diferencias importantes en tamaño, coloración, comportamiento y hábitat. Algunas presentan tonalidades muy llamativas, mientras que otras tienen colores más discretos que les permiten camuflarse en el fondo marino.
Entre las especies más conocidas se encuentra la llamada gamba mantis pavo real (Odontodactylus scyllarus), famosa por sus vivos colores. En el Mediterráneo también vive la galera (Squilla mantis), una especie de interés pesquero que habita sobre fondos blandos.
Un golpe tan rápido como potente
Una de las características más sorprendentes de algunas gambas mantis es la fuerza de sus apéndices delanteros. Según la especie, estos pueden estar adaptados para golpear o para atrapar a sus presas mediante movimientos rápidos y precisos.
Las especies conocidas como smashers poseen apéndices robustos, terminados en una estructura semejante a una maza. Con ellos pueden romper las conchas de moluscos y los caparazones de otros animales. Otras especies, denominadas spearers, tienen apéndices alargados y puntiagudos que utilizan para ensartar presas, como pequeños peces.
En las especies golpeadoras, el movimiento es tan rápido que puede generar cavitación: la formación de burbujas en el agua que colapsan y producen una onda de presión adicional. Este fenómeno contribuye al impacto y puede provocar daños en la presa incluso cuando el golpe inicial no la alcanza directamente.
¿Cómo evita lesionarse al golpear con tanta fuerza? La estructura especializada de sus apéndices ayuda a absorber y distribuir las tensiones mecánicas. Este diseño ha despertado el interés de investigadores que estudian materiales resistentes a los impactos.

Una visión diferente a la de otros animales
Los ojos de la gamba mantis son otra de sus grandes particularidades. Están situados sobre pedúnculos móviles y pueden orientarse de forma independiente, lo que le permite explorar su entorno desde distintos ángulos.
En algunas especies se han identificado hasta 12 tipos de fotorreceptores relacionados con la detección del color, y otras presentan un número todavía mayor de clases de receptores. También pueden detectar luz ultravioleta y percibir la polarización de la luz, una propiedad que permite distinguir determinados patrones luminosos invisibles para las personas.
Sin embargo, tener más receptores no significa necesariamente que discriminen los colores con mayor precisión que los humanos. Las investigaciones sugieren que su sistema visual procesa la información cromática de una manera diferente, posiblemente útil para reconocer señales y objetos con rapidez.
Esta combinación de movilidad ocular y sensibilidad a distintas características de la luz constituye una adaptación extraordinaria a la vida marina.
¿Dónde vive la gamba mantis?
Las gambas mantis habitan principalmente en aguas marinas tropicales y subtropicales, aunque el grupo también está presente en el Mediterráneo y en zonas próximas del Atlántico.
Dependiendo de la especie, pueden encontrarse en arrecifes de coral, fondos arenosos, sedimentos fangosos y otros ambientes costeros. Muchas excavan madrigueras o aprovechan refugios naturales donde pueden esconderse, esperar a sus presas y protegerse frente a los depredadores.
La galera (Squilla mantis), por ejemplo, está asociada a fondos blandos y puede construir refugios en forma de galerías. Se distribuye por el Mediterráneo y también se encuentra en áreas del Atlántico oriental.
¿De qué se alimenta?
La gamba mantis es un depredador carnívoro. Su dieta depende de la especie, del hábitat y de los animales disponibles.
Entre sus presas pueden encontrarse moluscos, pequeños crustáceos, gusanos y peces. Las especies con apéndices golpeadores son especialmente eficaces al romper estructuras duras, mientras que las que presentan apéndices puntiagudos están adaptadas a capturar animales más vulnerables a una emboscada.
Esta actividad depredadora contribuye a regular las poblaciones de otros organismos y forma parte de las relaciones alimentarias de los ecosistemas marinos.
Además, especies excavadoras como Squilla mantis pueden remover los sedimentos al construir y mantener sus refugios. Este comportamiento contribuye a modificar las condiciones del fondo marino y forma parte de la dinámica natural de estos ambientes.
Reproducción y ciclo de vida
La reproducción presenta diferencias entre las especies de estomatópodos. En algunas, los adultos muestran comportamientos de cortejo y cuidado de la puesta, mientras que otras tienen estrategias reproductivas distintas.
En la galera mediterránea (Squilla mantis), los estudios realizados en el Adriático central indican que la temporada reproductiva puede prolongarse desde el invierno hasta la primavera. Tras la eclosión, las larvas pasan por fases de desarrollo antes de asentarse en el fondo y adquirir hábitos más propios de los adultos.
Conocer estos procesos resulta importante para comprender la renovación de las poblaciones naturales y mejorar la gestión de las especies sometidas a explotación pesquera.
¿Está amenazada la gamba mantis?
No existe una única respuesta válida para todas las gambas mantis, ya que el orden Stomatopoda incluye numerosas especies con distribuciones, poblaciones y amenazas diferentes.
En el caso de Squilla mantis, la pesca comercial constituye un factor relevante. Se captura principalmente mediante artes que trabajan sobre el fondo marino, por lo que la evaluación de las poblaciones y el seguimiento de las capturas son importantes para favorecer una explotación sostenible.
Otras especies que viven en arrecifes pueden verse afectadas por la degradación de su hábitat, el deterioro de la calidad del agua y las alteraciones de los ecosistemas costeros. Para determinar su situación de conservación es necesario valorar cada especie por separado, sin atribuir a todo el grupo una misma categoría de amenaza.
Un pequeño depredador que inspira a la ciencia
La gamba mantis demuestra que la evolución puede producir soluciones biológicas extraordinarias. Sus apéndices especializados, su sistema visual y su capacidad para desenvolverse en distintos ambientes marinos son objeto de estudio en campos como la biomecánica, la óptica y la ecología.
Comprender cómo funcionan estas adaptaciones no solo amplía nuestro conocimiento sobre la biodiversidad marina. También puede aportar ideas para desarrollar materiales resistentes a los impactos y nuevas tecnologías ópticas.
La próxima vez que pensemos en los grandes depredadores del océano, conviene recordar que algunos de los más sorprendentes apenas necesitan unos centímetros de cuerpo para desplegar habilidades extraordinarias.