España presenta ante la Comisión Europea su Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza

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España ha dado un nuevo paso en la protección de la biodiversidad y la recuperación de los ecosistemas degradados. El Gobierno ha remitido a la Comisión Europea el proyecto de Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza, un documento que pretende coordinar durante las próximas décadas las actuaciones destinadas a recuperar hábitats, mejorar la conectividad ecológica y favorecer la recuperación de especies y poblaciones.

El proyecto ha sido coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y responde a las obligaciones establecidas por el Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza (UE) 2024/1991, que fija objetivos jurídicamente vinculantes para los Estados miembros.

La propuesta española llega después de un proceso de participación en el que han intervenido administraciones públicas, organizaciones, entidades científicas, sectores económicos y ciudadanía.

 

Un plan para recuperar la naturaleza deteriorada

El Reglamento europeo establece por primera vez objetivos comunes y obligatorios para que los países de la Unión Europea restauren los ecosistemas que presentan un estado deficiente.

La meta comunitaria es que las medidas de restauración alcancen, de forma conjunta, al menos el 20 % de las zonas terrestres y el 20 % de las zonas marinas de la Unión Europea antes de 2030, avanzando posteriormente hacia la restauración de todos los ecosistemas que lo necesiten para 2050.

En este contexto, el plan español pretende adaptar esos objetivos a la realidad de nuestro territorio, teniendo en cuenta la enorme diversidad de ecosistemas existentes en España.

El documento contempla actuaciones en bosques, ríos, humedales, zonas costeras y marinas, espacios agrarios y ciudades, además de medidas específicas para mejorar las condiciones de los hábitats de numerosas especies.

Realizada con IA

 

Más de 9.400 kilómetros cuadrados de hábitats de interés comunitario

Uno de los apartados destacados del proyecto está relacionado con los Tipos de Hábitats de Interés Comunitario (THIC).

El trabajo realizado junto a las comunidades autónomas ha permitido recopilar propuestas de actuación sobre una superficie agregada de aproximadamente 9.475 km², además de actuaciones destinadas a favorecer la restauración del hábitat de cerca de 200 especies de interés comunitario.

La recuperación de estos espacios no solo pretende mejorar la vegetación o el paisaje. Los hábitats en buen estado proporcionan refugio, alimento y zonas de reproducción para numerosas especies de fauna, por lo que su conservación resulta fundamental para mantener la biodiversidad.

 

También se actuará en el medio marino

La restauración no se limita a los ecosistemas terrestres.

El proyecto incorpora actuaciones en el medio marino y contempla medidas sobre 288 km² antes de 2030, además de actuaciones destinadas al posible restablecimiento de 12,3 km² de hábitats de fanerógamas marinas.

Las praderas de fanerógamas marinas, como las formadas por Posidonia oceanica, tienen una gran importancia ecológica. Proporcionan refugio y zonas de alimentación y reproducción para numerosas especies, contribuyen a la calidad del agua y desempeñan un papel relevante en el almacenamiento de carbono.

 

Posidonia Oceanica - Foto propiedad de: Frédéric Ducarme - Wikipedia
Posidonia Oceanica – Foto propiedad de: Frédéric Ducarme

 

Ríos más conectados y menos barreras artificiales

Los ecosistemas fluviales constituyen otro de los grandes ámbitos de actuación.

El plan plantea mejorar el estado de los ríos y recuperar parte de su conectividad ecológica, incluyendo actuaciones dirigidas a eliminar o reducir el impacto de determinadas barreras artificiales.

El objetivo fijado para 2030 contempla la recuperación de 65 kilómetros de ríos de flujo libre y más de 120 km² de llanuras aluviales.

La conectividad de los ríos es especialmente importante para la fauna acuática. Las presas, azudes y otras infraestructuras pueden impedir los desplazamientos de peces y otros organismos, fragmentando sus poblaciones y dificultando procesos esenciales como la reproducción.

 

Más naturaleza dentro de las ciudades

La restauración de la naturaleza también llegará a los entornos urbanos.

El proyecto incorpora medidas para mantener y aumentar los espacios verdes y la cobertura arbórea de las ciudades, con el objetivo de evitar la pérdida neta de estas superficies.

Antes de 2030 se plantean medidas municipales sobre más de 200 km², mientras que hasta 2050 se contemplan actuaciones estratégicas sobre más de 10.000 km² para incrementar estos espacios.

Los espacios verdes urbanos tienen además una función importante para la fauna. Parques, jardines, arbolado, corredores verdes y otras zonas naturalizadas pueden convertirse en refugios para aves, insectos, pequeños mamíferos y otros animales, especialmente en ciudades cada vez más fragmentadas.

 

 

Los polinizadores, otra prioridad

El declive de los polinizadores también ocupa un lugar destacado en el proyecto.

Las medidas previstas pretenden frenar su disminución y favorecer la recuperación de sus poblaciones. Para ello se contemplan actuaciones sobre 576 km² antes de 2030 y un mínimo de 1.079 km² antes de 2050.

Abejas silvestres, mariposas, sírfidos y otros insectos polinizadores desempeñan un papel esencial en el funcionamiento de los ecosistemas y también en la producción de numerosos alimentos.

La restauración de sus hábitats pasa, entre otras medidas, por conservar la vegetación autóctona, mejorar la disponibilidad de alimento y mantener elementos del paisaje que proporcionen refugio y lugares de reproducción.

 

Agricultura y bosques más resilientes

El proyecto también contempla medidas relacionadas con los ecosistemas agrarios. Se prevén actuaciones para mejorar la biodiversidad, conservar elementos del paisaje y mantener sistemas agrarios de alto valor natural.

Las medidas previstas abarcarían 1.982 km² hasta 2030 y alrededor de 2.363 km² en los horizontes de 2040 y 2050.

En los ecosistemas forestales se pretende mejorar la biodiversidad, la estructura y la naturalidad de los bosques, al mismo tiempo que se refuerza su capacidad para hacer frente al cambio climático y a los incendios forestales.

El plan contempla actuaciones sobre 3.241 km² antes de 2030 y actuaciones estratégicas sobre otros 3.242 km² hasta 2050.

La restauración forestal tiene además efectos que van más allá de la conservación de especies: contribuye a la regulación del agua, el almacenamiento de carbono, la protección del suelo y la adaptación frente al cambio climático.

 

Una primera estimación de 3,5 millones de árboles

El proyecto español también contribuirá al objetivo europeo de plantar 3.000 millones de árboles adicionales.

En el caso de España, la primera estimación incluida en el plan apunta a unos 3,5 millones de ejemplares.

No obstante, restaurar un ecosistema no consiste simplemente en plantar árboles. La recuperación de la naturaleza requiere tener en cuenta las especies adecuadas para cada territorio, la disponibilidad de agua, la estructura del hábitat, la conectividad entre espacios naturales y las necesidades de la fauna y flora autóctonas.

 

Un plan elaborado con participación pública

La elaboración del proyecto ha contado con la participación de numerosas administraciones y organizaciones.

Según el MITECO, se celebraron cuatro rondas de reuniones con casi 500 entidades. Además, entre el 21 de enero y el 31 de marzo de 2026 se desarrolló una consulta pública que recibió 26.543 aportaciones.

Estas aportaciones han permitido incorporar diferentes perspectivas sobre las necesidades de restauración y las prioridades existentes en los distintos territorios.

 

¿Qué ocurrirá ahora?

La remisión del proyecto a Bruselas no supone todavía la aprobación definitiva del Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza.

La Comisión Europea analizará el documento y podrá formular observaciones. Posteriormente deberá avanzar el proceso hasta llegar a la versión definitiva del plan.

El Reglamento europeo establece que España deberá remitir a la Comisión Europea el plan nacional definitivo antes del 1 de septiembre de 2027.

El documento se convertirá así en el marco de referencia para aplicar en España las obligaciones europeas relacionadas con la restauración de los ecosistemas.

 

Restaurar la naturaleza también es proteger a los animales

La restauración ecológica tiene una relación directa con la conservación de la fauna.

Un bosque fragmentado, un río con barreras, un humedal degradado o una costa deteriorada no son únicamente problemas ambientales: también significan la pérdida de lugares donde los animales encuentran alimento, refugio y zonas para reproducirse.

Por eso, recuperar los ecosistemas significa también recuperar las condiciones necesarias para que las poblaciones de animales silvestres puedan mantenerse.

El reto será conseguir que las actuaciones previstas se traduzcan en resultados medibles sobre el terreno y que la restauración no se limite a recuperar superficies, sino que permita reconstruir ecosistemas funcionales, conectados y capaces de resistir mejor las presiones del cambio climático.

España cuenta con una extraordinaria diversidad de paisajes y especies. El nuevo Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza plantea ahora una hoja de ruta para conservarla y recuperar aquellos espacios que han sufrido un mayor deterioro.

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