Una verruga, una pérdida de pelo, una trufa agrietada o una “codera” pueden ser lesiones benignas, pero también signos de un problema que necesita diagnóstico
A veces la encontramos mientras le acariciamos. Un pequeño bulto bajo el pelo, una verruga que antes no estaba, una zona en la que ha perdido pelo o una pequeña herida que no recordamos haber visto. Y casi sin pensarlo, buscamos una explicación que nos tranquilice: “será una verruga”, “es un bulto de grasa”, “ya es mayor”. Pero precisamente porque conocemos tan bien a nuestros perros, cualquier cambio nuevo en su piel debería llamar nuestra atención y no convertirse automáticamente en “cosas de la edad”.
Una gran parte de estas lesiones serán benignas y no tendrán mayor importancia, pero otras pueden ser la primera señal de un problema que necesita diagnóstico. Por eso, Irene Alfonso, veterinaria especializada en dermatología en DerMadridVet, recuerda que el mejor momento para consultar por una masa o lesión no es cuando ha crecido o empieza a molestar, sino cuando nos damos cuenta de que está ahí.
Para ayudar a los tutores a distinguir entre lo que pueden vigilar en casa y lo que deberían consultar, la especialista ofrece 7 consejos para no normalizar los cambios en la piel de los perros:
- No des por hecho que un bulto es una verruga
Que una masa tenga aspecto de verruga no significa que necesariamente lo sea. Especialmente en perros adultos y senior, cualquier masa nueva debería ser valorada por un veterinario. “Las verrugas suelen ser benignas, pero primero tenemos que estar seguros de que lo que estamos viendo es realmente una verruga y no otra lesión”, señala Irene Alfonso.
Una de las señales que más debe llamar la atención es un crecimiento especialmente rápido. - Si aparece un “bulto de grasa”, que lo confirme el veterinario
Los lipomas son frecuentes y normalmente benignos, pero una masa blanda no puede diagnosticarse como grasa simplemente tocá
Una citología puede ayudar a determinar qué tipo de células contiene la masa y confirmar si realmente se trata de un lipoma. “Es mejor decir ‘parece un lipoma, vamos a comprobarlo’ que asumir que todo lo que está blandito es grasa”, explica la veterinaria. - Vigila cinco cambios: tamaño, color, sangrado, ulceración y nuevas lesiones
Una vez detectada una lesión, el tutor puede desempeñar un papel importante observando su evolución.
Irene Alfonso recomienda controlar especialmente si crece rápidamente, cambia de color o aspecto, sangra, se ulcera o aparecen nuevas lesiones, y si se produce cualquiera de estos cambios, conviene consultar al veterinario. - Si una lesión molesta al perro, no esperes
Una masa que se encuentra en una zona delicada puede generar problemas aunque sea benigna. Es el caso, por ejemplo, de algunas lesiones situadas en los párpados. Pueden interferir con la visión o hacer que el animal se frote, provocando heridas, sangrado o ulceración.
En estos casos, puede ser recomendable retirarla quirúrgicamente y analizar posteriormente el tejido para confirmar el diagnóstico. - Una “codera de apoyo” también merece una revisión
Las lesiones que aparecen en los codos de perros grandes que se tumban habitualmente sobre superficies duras suelen normalizarse con facilidad.
Sin embargo, algunas pueden irritarse, infectarse o llegar a supurar. “Que sea habitual no significa que tengamos que ignorarlo”, recuerda la veterinaria. - No atribuyas cualquier cambio en la trufa a la edad
Hay cambios de pigmentación que pueden ser completamente benignos y aparecer incluso de forma estacional, pero una trufa que se agrieta, se endurece, cambia de textura o presenta lesiones debe revisarse.
Algunas enfermedades pueden manifestarse mediante alteraciones en la piel, por lo que no conviene asumir que una nariz más seca, rugosa o agrietada es simplemente consecuencia de que el perro sea mayor. - Perder pelo no es una consecuencia inevitable de hacerse senior
Otro error frecuente es pensar que un perro mayor “tiene menos pelo porque es mayor”. Y es que la pérdida de pelo puede estar relacionada con diferentes problemas dermatológicos o enfermedades internas. Entre ellas se encuentran patologías como el hipotiroidismo o el síndrome de Cushing, que pueden aparecer en perros adultos y senior y manifestarse también mediante alteraciones de la piel y el pelaje.
Por eso, ante una pérdida de pelo llamativa o que no tenga una explicación evidente, lo recomendable es consultar y buscar la causa.
El consejo más importante: no diagnosticar en casa
Para Irene Alfonso, todos estos casos tienen un punto en común: no hay que confundir observar con diagnosticar.
Porque el tutor puede detectar que algo ha cambiado, controlar su evolución y acudir a consulta, pero determinar si una masa es una verruga, un lipoma u otro tipo de lesión requiere una valoración veterinaria y, cuando sea necesario, pruebas diagnósticas. “Puede que finalmente no sea nada importante y que simplemente tengamos que vigilarlo, pero si es un tumor, cuanto antes sepamos qué tenemos delante, antes podremos decidir qué hacer”, concluye la especialista.
La recomendación, por tanto, es sencilla: si aparece algo nuevo en la piel de nuestro perro, especialmente si crece, cambia, sangra, se ulcera o molesta, no hay que esperar a que desaparezca por sí solo y debemos consultarlo con el veterinario.
