El veneno invisible que amenaza a los caracales en las ciudades de Sudáfrica

Caaracal - Foto propiedad de: Michael M - Pexels

En las ciudades, la contaminación no siempre se percibe a simple vista. Algunos de los peligros más graves para la fauna silvestre se encuentran en sustancias utilizadas habitualmente para combatir plagas, capaces de desplazarse por la cadena alimentaria y alcanzar a animales que nunca han tenido contacto directo con ellas. Es lo que está ocurriendo con el caracal (Caracal caracal), un felino salvaje que habita en los alrededores de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

Un estudio científico publicado en 2026 ha puesto de manifiesto hasta qué punto estos depredadores están expuestos a los rodenticidas anticoagulantes, productos empleados para controlar las poblaciones de roedores. Los resultados muestran que la expansión urbana, la gestión de los residuos y determinadas actividades comerciales pueden contribuir a aumentar la exposición de la fauna a estos contaminantes.

 

El caracal, un depredador cada vez más expuesto a la contaminación urbana

El caracal es un felino de tamaño mediano, reconocible por sus largas orejas terminadas en pinceles negros. Se distribuye por distintas regiones de África, Oriente Medio y partes de Asia, y destaca por su capacidad para adaptarse a ambientes variados.

En los alrededores de Ciudad del Cabo, estos animales se mueven por un paisaje donde conviven zonas urbanizadas, espacios naturales, humedales, vegetación y terrenos agrícolas. Esta proximidad a las actividades humanas les permite encontrar refugio y alimento, pero también los expone a amenazas que pueden pasar inadvertidas.

Una de ellas es el uso de rodenticidas anticoagulantes, sustancias que interfieren en la coagulación de la sangre y pueden provocar hemorragias internas y externas potencialmente mortales.

El problema no afecta únicamente a los roedores que consumen los cebos. Cuando otros animales se alimentan de presas envenenadas, también pueden incorporar estos compuestos a su organismo. De esta manera, los tóxicos llegan a depredadores situados en niveles superiores de la cadena alimentaria.

 

Casi ocho de cada diez caracales presentaban residuos de rodenticidas

Para investigar la magnitud de este problema, un equipo internacional de científicos analizó muestras de hígado de 102 caracales recogidas entre 2015 y 2024.

Los resultados fueron preocupantes: aproximadamente el 80 % de los ejemplares examinados presentaba residuos de rodenticidas en su hígado. Además, más de la mitad había estado expuesta a varios compuestos diferentes.

Los investigadores detectaron una media de tres rodenticidas por animal en los casos descritos, con ejemplares en los que se encontraron hasta seis sustancias distintas. Esta exposición simultánea evidencia la complejidad de la contaminación química a la que están sometidos estos felinos.

Entre los compuestos identificados destacaron los rodenticidas anticoagulantes de segunda generación, conocidos por sus siglas en inglés como SGAR. Dos de ellos fueron el brodifacoum y la bromadiolona.

Estas sustancias pueden permanecer durante periodos prolongados en el tejido hepático. Por eso, un animal puede acumular residuos tras consumir distintas presas a lo largo del tiempo, incluso aunque nunca haya ingerido directamente un cebo envenenado.

Es importante señalar que detectar residuos químicos no significa necesariamente que todos los animales estén intoxicados clínicamente. Sin embargo, la elevada frecuencia de exposición revela un problema ambiental que merece atención, especialmente por los posibles efectos de la acumulación y de la combinación de diferentes sustancias.

 

Caracal - Foto propiedad de: Bobby VD Merwe - Pexels
Caracal – Foto propiedad de: Bobby VD Merwe

 

La hostelería, un factor relacionado con la presencia de venenos

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la relación entre la densidad de establecimientos de hostelería y la exposición de los caracales a los rodenticidas.

Los restaurantes, cafeterías y otros negocios de alimentación pueden generar residuos orgánicos que atraen a los roedores cuando no se almacenan o recogen correctamente. Para controlar estas poblaciones, se recurre en ocasiones al uso de cebos tóxicos.

El problema aparece cuando estas sustancias se utilizan sin una estrategia integral de prevención y control de plagas. Los rodenticidas pueden acabar afectando a animales silvestres que cazan en las inmediaciones, aunque no sean el objetivo de la intervención.

El estudio también encontró concentraciones más elevadas de rodenticidas en caracales asociados a zonas urbanas con mayor cubierta vegetal y en determinados entornos próximos a viñedos y humedales.

Estos espacios son especialmente interesantes desde el punto de vista ecológico porque conectan áreas naturales y urbanizadas. Los animales pueden utilizarlos como corredores para desplazarse y buscar alimento, pero también pueden quedar expuestos a contaminantes procedentes de las actividades humanas.

Los resultados señalan así que el riesgo no depende exclusivamente de la cantidad de veneno utilizada, sino también de dónde se emplea y de cómo se relacionan los distintos elementos del paisaje.

 

El veneno llega al caracal a través de la cadena alimentaria

Una de las particularidades del caso es que las ratas pardas o de alcantarilla (Rattus norvegicus) representan una proporción muy pequeña de la dieta del caracal estudiado: aproximadamente el 0,61 %, según los datos recogidos en la investigación.

Esto indica que la exposición a los rodenticidas no puede explicarse simplemente por el consumo directo de las principales especies contra las que se colocan los cebos.

Los contaminantes pueden llegar al caracal mediante el consumo de otros animales que han ingerido previamente presas envenenadas. Entre las posibles vías de exposición se encuentran pequeños carnívoros, reptiles y aves que se alimentan de roedores o de otros animales afectados.

Este proceso se conoce como envenenamiento secundario cuando un depredador ingiere una presa contaminada. Si los tóxicos pasan sucesivamente por varios organismos, pueden producirse transferencias a través de distintos niveles de la red alimentaria.

La exposición puede ser especialmente difícil de detectar porque el depredador no necesita entrar en contacto con el cebo. Basta con que consuma animales que hayan incorporado los compuestos a sus tejidos.

 

Los ejemplares adultos acumulan una mayor carga tóxica

La edad también apareció como un factor relevante. Los caracales adultos presentaban una carga total de rodenticidas significativamente superior a la de los ejemplares jóvenes.

Este patrón es compatible con una exposición acumulada durante periodos prolongados. Al alimentarse repetidamente de presas contaminadas, los animales pueden incorporar nuevas cantidades de sustancias que permanecen en el organismo.

Los investigadores también encontraron evidencias de transferencia maternofetal de cumatetralilo, un rodenticida anticoagulante. Este hallazgo indica que la exposición puede alcanzar a las crías antes de su nacimiento.

Aunque este resultado no demuestra por sí solo que todos los fetos expuestos sufran daños, plantea interrogantes importantes sobre los posibles efectos durante el desarrollo y la reproducción.

En conjunto, los datos muestran que el problema no se limita a episodios aislados de envenenamiento. La exposición puede mantenerse a lo largo de la vida de los animales y alcanzar incluso a la siguiente generación.

 

Qué efectos pueden tener los rodenticidas en la fauna silvestre

Los rodenticidas anticoagulantes interfieren en el ciclo de la vitamina K, necesaria para que el organismo produzca varios factores de coagulación. Cuando su acción es suficientemente intensa, pueden aparecer hemorragias internas, debilidad y otras complicaciones graves.

En los animales silvestres, los efectos dependen de la sustancia, la dosis, la duración de la exposición y las características de cada individuo. También es importante distinguir entre la presencia de residuos en los tejidos y la demostración de una intoxicación con síntomas clínicos.

La exposición repetida o a varios compuestos puede incrementar la preocupación por los efectos adversos, aunque no todos los posibles daños pueden atribuirse directamente a los residuos detectados en cada ejemplar.

Además, un animal debilitado puede tener más dificultades para cazar, escapar de una amenaza o cruzar una carretera. En un entorno urbano, estas limitaciones podrían aumentar su vulnerabilidad ante otros peligros, como los atropellos.

Por eso, estudiar la presencia de estos contaminantes en depredadores es una herramienta importante para conocer el impacto real de las actividades humanas sobre la fauna.

 

Caracal
Caracal

 

Cómo reducir el riesgo para los caracales y otros depredadores

La solución no consiste únicamente en eliminar los cebos que ya se han colocado. Es necesario reducir las condiciones que favorecen la proliferación de roedores y revisar las estrategias empleadas para controlarlos.

Entre las medidas que pueden ayudar a disminuir el riesgo destacan:

  • Mejorar la gestión de los residuos orgánicos. Los establecimientos de hostelería y los comercios deben evitar que los restos de comida queden accesibles a los roedores.
  • Prevenir el acceso a edificios y almacenes. Sellar huecos, reparar desperfectos y mantener los alimentos en recipientes resistentes reduce las oportunidades de entrada y alimentación.
  • Priorizar la prevención y el control integrado de plagas. La vigilancia, las medidas físicas y los métodos de control adecuados deben formar parte de una estrategia que evite depender exclusivamente de sustancias tóxicas.
  • Utilizar los rodenticidas con responsabilidad. Cuando sean necesarios, deben emplearse conforme a la normativa y a las instrucciones autorizadas, evitando usos indiscriminados y reduciendo la posibilidad de que otros animales accedan a los cebos.
  • Vigilar los espacios de contacto entre ciudad y naturaleza. Los humedales, las zonas verdes, los terrenos agrícolas y los corredores ecológicos requieren especial atención cuando están próximos a áreas con un uso intensivo de rodenticidas.

Las administraciones, los profesionales del control de plagas, los negocios y la ciudadanía tienen un papel importante en la prevención. La gestión responsable de los residuos y la reducción del uso innecesario de sustancias tóxicas pueden beneficiar no solo al caracal, sino también a aves rapaces, pequeños carnívoros y otros animales que comparten estos entornos.

 

Proteger al caracal es proteger el equilibrio ecológico

El caso de Ciudad del Cabo muestra que la urbanización puede generar amenazas que van mucho más allá de la pérdida directa de hábitat. Los contaminantes utilizados para resolver un problema concreto pueden extenderse por el ecosistema y afectar a especies que desempeñan funciones importantes como depredadores.

La presencia de rodenticidas en una proporción tan elevada de los caracales analizados constituye una señal de alerta. Aunque los resultados corresponden a una población y una región determinadas, ayudan a comprender cómo las actividades humanas pueden dejar una huella química persistente en la fauna silvestre.

Desde el enfoque de Una Sola Salud, que reconoce la conexión entre la salud humana, animal y ambiental, reducir la contaminación por rodenticidas es también una forma de mejorar la gestión de los espacios urbanos.

Proteger a estos felinos exige mirar más allá del animal afectado y actuar sobre las causas del problema: los residuos, el uso de venenos y la falta de coordinación entre las zonas urbanas y los espacios naturales. La convivencia con la fauna silvestre requiere soluciones que controlen las plagas sin trasladar el coste ambiental a los depredadores que mantienen el equilibrio de los ecosistemas.

 

Artículo científico de referencia

Leighton, Gabriella R. M. y otros autores (2026). “Toxic towns: Drivers of anticoagulant rodenticide exposure in an urban edge carnivore”. Environmental Pollution, volumen 407, artículo 128859.

Consulta el estudio científico original en ScienceDirect.

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