Durante décadas, los científicos asumieron que las aves nocturnas dependían casi exclusivamente de sonidos para comunicarse. El canto, los reclamos territoriales y otras señales acústicas parecían ser la solución lógica para especies que desarrollan gran parte de su actividad en condiciones de escasa iluminación. Sin embargo, una investigación liderada por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cambió esta visión al demostrar que algunas aves nocturnas también utilizan señales visuales para transmitir información a sus congéneres.
Un descubrimiento inesperado en el búho real
El estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE, se centró en el comportamiento del búho real, Bubo bubo, una de las mayores rapaces nocturnas del mundo. Los investigadores observaron que estas aves depositan excrementos y restos de presas, especialmente plumas claras, en lugares estratégicos y muy visibles dentro de su territorio reproductor.
A primera vista, estos restos podrían parecer simples desechos acumulados alrededor del nido. Sin embargo, el análisis detallado reveló que su ubicación no era aleatoria. Los materiales aparecían en rocas, posaderos y otros puntos destacados del paisaje, donde el contraste de los colores blancos o brillantes resulta especialmente visible incluso con la escasa luz nocturna.
Un sistema de señalización territorial
Los resultados sugieren que estas marcas funcionan como señales territoriales permanentes. Mientras los búhos salen a cazar o se encuentran lejos del nido, los excrementos y plumas continúan transmitiendo información a posibles intrusos sobre la ocupación del territorio.
Este comportamiento recuerda al marcaje territorial de muchos mamíferos, aunque con una diferencia fundamental: en lugar de depender principalmente del olor, las aves aprovechan el componente visual de las señales. Según los investigadores, se trata de la primera evidencia clara de que las aves nocturnas pueden emplear elementos visuales para comunicarse entre sí.
Señales que aparecen en la época de cría
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que estas marcas se concentran durante la temporada reproductora. Los científicos comprobaron que los búhos renovaban los excrementos y restos visibles cada pocos días mientras defendían el área del nido. Cuando la reproducción terminaba o fracasaba, la frecuencia de renovación disminuía notablemente.
Esta relación directa con la reproducción refuerza la idea de que las señales desempeñan una función comunicativa y no son simplemente un subproducto de la actividad diaria de las aves.
La comunicación nocturna es más compleja de lo que creíamos
El hallazgo abrió nuevas perspectivas sobre la comunicación en animales activos durante la noche. Tradicionalmente se pensaba que la oscuridad limitaba enormemente el uso de señales visuales. Sin embargo, este trabajo demuestra que incluso niveles bajos de luz pueden ser suficientes para que determinadas marcas contrastadas sean detectadas por otros individuos.
Además, investigaciones posteriores han mostrado que otras aves nocturnas también utilizan información visual en distintos contextos. Por ejemplo, se ha comprobado que algunos autillos son capaces de percibir señales relacionadas con la coloración de sus polluelos para decidir cómo distribuir el alimento entre ellos.
Una nueva forma de entender a las aves nocturnas
Este descubrimiento obligó a reconsiderar la idea de que la comunicación nocturna depende exclusivamente del sonido. Los búhos reales han demostrado que la evolución puede aprovechar cualquier recurso disponible, incluso en condiciones aparentemente desfavorables para la visión.
La combinación de señales acústicas y visuales ofrece ventajas evidentes: mientras los cantos pueden escucharse a distancia, las marcas visibles permanecen activas las veinticuatro horas del día y continúan transmitiendo información cuando el propietario del territorio está ausente.
En definitiva, el trabajo publicado reveló una faceta desconocida de la biología de las aves nocturnas y abrió nuevas líneas de investigación sobre cómo los animales se comunican en ambientes con poca luz. Lo que parecía un simple rastro de excrementos resultó ser, en realidad, un sofisticado sistema de señales visuales capaz de transmitir mensajes esenciales para la supervivencia y el éxito reproductor.