El pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) ha vuelto a ocupar titulares en España, pero esta vez no solo por los ejemplares que ya vuelan en libertad o por los nuevos pollos nacidos en el norte del país. El proyecto para recuperar esta gran rapaz está generando un debate entre científicos, organizaciones conservacionistas y entidades que cuestionan algunos de los fundamentos de la reintroducción.
La controversia no es nueva. Existe prácticamente desde que comenzaron las primeras liberaciones en 2021, pero los resultados obtenidos durante estos cinco años han añadido nuevos elementos a una discusión que continúa abierta.
En septiembre publicamos en Infoespecies todos los detalles sobre los nuevos nacimientos y la evolución del proyecto: El pigargo europeo vuelve a criar en España: tres nuevos pollos nacen en España.
Ahora, la pregunta es otra: ¿qué debate científico existe alrededor del regreso del pigargo y por qué no existe consenso sobre el proyecto?

La primera cuestión: ¿fue realmente una especie reproductora en España?
El pigargo europeo está incluido oficialmente en España en el listado de especies extinguidas en todo el medio natural español. Esta catalogación fue uno de los elementos que permitió plantear un proyecto de reintroducción.
Sin embargo, algunos investigadores han cuestionado que las evidencias históricas disponibles permitan afirmar con suficiente seguridad que existiera una población reproductora estable de pigargos en España.
Investigadores de la Universidad de Oviedo ya expresaron estas dudas cuando comenzó el proyecto en 2021. Su posición se basa en que algunas de las referencias históricas utilizadas para justificar la presencia de la especie podrían corresponder a ejemplares aislados, confusiones con otras especies o evidencias cuya interpretación resulta discutible.
Por ello, una parte del debate se encuentra en una cuestión aparentemente sencilla, pero fundamental para la conservación: si nunca existió una población reproductora estable, ¿puede hablarse técnicamente de una reintroducción?
GREFA defiende que existen evidencias históricas
GREFA mantiene una interpretación diferente. La organización responsable del Proyecto Pigargo sostiene que existen evidencias paleontológicas, arqueológicas e históricas suficientes para considerar que la especie formó parte de la fauna española en el pasado.
Según GREFA, el pigargo aparece documentado mediante restos fósiles de diferentes zonas de la Península Ibérica y referencias históricas de ejemplares observados o capturados. La entidad también recuerda que la inclusión de la especie en el listado español de fauna extinguida contó con el dictamen favorable del comité científico asesor correspondiente.
Por tanto, uno de los puntos centrales del debate no es si hoy existen pigargos en España —los hay—, sino cómo debe interpretarse su presencia histórica y qué implica esa interpretación para las actuaciones de conservación actuales.
¿Qué ocurre con las otras especies?
La segunda gran cuestión tiene que ver con la ecología. El pigargo europeo es un gran depredador y también puede comportarse como carroñero. Su alimentación incluye peces, aves acuáticas y mamíferos, además de animales muertos.
Precisamente por ello, algunos científicos y organizaciones conservacionistas han expresado preocupación por su posible interacción con especies que ya presentan problemas de conservación.
Entre las especies mencionadas durante el debate se encuentran el salmón atlántico y determinadas aves acuáticas. La preocupación planteada por los detractores del proyecto es que incorporar un gran depredador a un ecosistema puede generar efectos difíciles de anticipar cuando existen poblaciones de presas que ya están sometidas a otras presiones.
Esto no significa que el pigargo sea responsable del declive de esas especies. Los problemas que afectan actualmente a muchas poblaciones de peces y aves tienen múltiples causas y no pueden atribuirse automáticamente a la presencia de una rapaz.
La cuestión que se plantea es si el establecimiento de una nueva población debe estudiarse también desde el punto de vista de sus posibles interacciones ecológicas.
El proyecto asegura que el seguimiento no ha detectado los impactos temidos
Frente a esas preocupaciones, GREFA sostiene que el seguimiento realizado durante el proyecto no ha permitido observar hasta ahora impactos negativos atribuibles a los pigargos liberados sobre otras especies o sobre actividades humanas.
Los ejemplares están equipados con dispositivos GPS y son objeto de seguimiento para conocer sus desplazamientos, supervivencia y comportamiento.
Los últimos datos presentados por la organización señalan una supervivencia del 70 %, cinco parejas establecidas y dos parejas reproductoras, además de los tres pollos nacidos en libertad durante 2026.
Estos resultados muestran que los ejemplares liberados han conseguido adaptarse al medio y reproducirse, pero no resuelven por sí solos todas las cuestiones científicas que rodean el proyecto.

Reintroducción no significa simplemente liberar animales
Una de las claves para entender el debate es que una reintroducción de fauna no termina cuando los animales son liberados.
Es necesario comprobar durante años si sobreviven, se reproducen, utilizan el hábitat previsto, mantienen poblaciones viables y cómo interactúan con el resto de especies.
En el caso del pigargo, el seguimiento mediante GPS ofrece una herramienta especialmente importante para estudiar estas cuestiones.
El propio proyecto nació con una fase experimental destinada precisamente a evaluar la adaptación de la especie y sus interacciones con otras especies y con las actividades humanas. GREFA señala que este planteamiento se encuentra contemplado en la legislación española para las reintroducciones experimentales de especies autóctonas extinguidas.
Una discusión que continúa cinco años después
Cinco años después de las primeras liberaciones, existe un hecho que ya no admite discusión: los pigargos liberados han sobrevivido, han formado parejas y han conseguido reproducirse en libertad.
Lo que continúa siendo objeto de debate es cómo interpretar históricamente la presencia de la especie en España y qué consecuencias tendrá a largo plazo el establecimiento de una población reproductora en la cornisa cantábrica.
Para GREFA, los resultados obtenidos respaldan la viabilidad del proyecto y muestran que el territorio puede albergar nuevamente a esta gran rapaz.
Para sus críticos, la reproducción de los ejemplares liberados no resuelve las dudas sobre la base histórica de la reintroducción ni sobre sus posibles efectos ecológicos.
Ambas cuestiones requieren datos y seguimiento a largo plazo.
La ciencia tendrá que seguir al pigargo
La polémica alrededor del pigargo también pone de manifiesto una realidad importante en conservación: recuperar una especie no consiste únicamente en conseguir que vuelva a estar presente.
Hay que determinar qué papel desempeña en el ecosistema, qué relación mantiene con otras especies y si su población puede mantenerse sin generar efectos incompatibles con los objetivos de conservación de otros animales.
Por eso, los próximos años serán especialmente importantes.
Los nuevos pollos nacidos en 2026 representan un paso relevante para el establecimiento de la especie, pero también proporcionarán nueva información sobre su comportamiento, dispersión y utilización del territorio.
El pigargo europeo ya vuelve a formar parte del paisaje español. Ahora comienza otra etapa: conocer qué lugar ocupará en nuestros ecosistemas y qué nos dicen los datos científicos sobre su regreso.
El debate, lejos de estar cerrado, continuará acompañando a esta espectacular rapaz mientras se desarrolla el proyecto y aumenta el número de ejemplares nacidos en libertad.