El Gato Oriental

Gato oriental - Foto propiedad de: Krista - Pexels - 22 Noviembre - 2013

El gato Oriental es una raza estrechamente relacionada con el Siamés, tanto por su morfología como por su carácter. Su cuerpo estilizado, la cabeza en forma de cuña, las grandes orejas y los ojos almendrados le proporcionan una apariencia elegante e inconfundible.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre ambas razas: mientras el Siamés tradicional presenta el característico patrón colourpoint, el Oriental puede mostrar una extraordinaria diversidad de colores y patrones en todo el cuerpo.

Estamos ante un gato activo, inteligente, curioso y especialmente comunicativo, que necesita sentirse integrado en la vida familiar.

 

Un gato originario del sudeste asiático

El origen del gato Oriental se sitúa en el sudeste asiático, en territorios que actualmente corresponden a Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya y Myanmar (antigua Birmania). Existen referencias antiguas a gatos de este tipo y se ha señalado una descripción fechada alrededor del año 1350, vinculada a la antigua Siam y conservada en textos procedentes de la región.

Durante mucho tiempo estos gatos formaron parte de la población felina de la zona, donde existían animales con diferentes colores y patrones de pelaje. El Siamés de coloración colourpoint sería una de las expresiones más conocidas de esta población felina.

La historia de ambas razas está, por tanto, profundamente relacionada.

 

Del gato oriental asiático a una raza reconocida

El desarrollo moderno de la raza tuvo lugar principalmente en Occidente. En Gran Bretaña se comenzó a trabajar con estos gatos buscando conservar la característica conformación del Siamés, pero incorporando colores y patrones diferentes.

En 1920, el nombre Oriental comenzó a utilizarse en Inglaterra para identificar este tipo de gato. Posteriormente, la raza fue reconocida en Estados Unidos en 1976, donde continuó ampliándose la variedad de colores y patrones aceptados.

Este proceso de selección permitió consolidar una raza que mantiene la silueta característica de los gatos de tipo Siamés, pero con una paleta cromática extraordinariamente amplia.

 

¿En qué se diferencia del Siamés?

A primera vista, un Oriental puede parecer un Siamés de otro color. Y no es extraño que se produzca esta confusión.

Ambos comparten una estructura corporal muy parecida: son gatos de líneas largas, delgados, musculosos y elegantes, con patas largas, cabeza triangular y orejas grandes.

La diferencia más evidente está en el patrón del manto. El Siamés tradicional presenta el patrón colourpoint, caracterizado por una coloración más intensa en las extremidades, la cara, las orejas y la cola. En cambio, el Oriental puede presentar una enorme variedad de colores y dibujos distribuidos por todo el cuerpo.

 

Un auténtico abanico de colores y patrones

Una de las características más sorprendentes del Oriental es precisamente la diversidad de su pelaje.

Dependiendo del estándar y de la asociación felina, podemos encontrar ejemplares con mantos:

  • Sólidos o uniformes.
  • Atigrados.
  • Manchados.
  • Bicolores.
  • Tortie o carey.
  • Sombreados.
  • Ahumados.
  • Plateados.
  • Con diferentes grados de dilución.
  • Con patrones que recuerdan al punteado.

Entre sus tonalidades aparecen colores como rojo, chocolate, canela, azul, lavanda, gamuza y diferentes variedades plateadas.

Algunas de estas tonalidades, como el canela y el gamuza, son especialmente poco habituales en otras razas felinas.

 

El Oriental blanco

Dentro de la historia de la raza existe además una particularidad relacionada con los ejemplares blancos.

En Gran Bretaña, el Oriental blanco recibió históricamente una denominación propia: Foreign White o Extranjero Blanco. Su aspecto mantiene las características corporales del tipo Oriental, pero el manto es completamente blanco. Dependiendo del estándar y de la variedad, los ojos pueden presentar diferentes colores, incluidos tonos verdes, azules o incluso ojos de distinto color.

 

 

Una silueta perfectamente equilibrada

El Oriental de pelo corto es un gato de apariencia extraordinariamente estilizada. Su cuerpo es largo, esbelto y musculoso, pero sin resultar pesado. Las patas son largas y finas, mientras que la cola es también larga y muy estrecha, afinándose hacia el extremo. Esta estructura corporal le proporciona una gran agilidad y explica en buena medida su facilidad para saltar y desplazarse por diferentes superficies.

 

La característica cabeza en forma de cuña

La cabeza es uno de los elementos más representativos de la raza. Vista de frente, debe formar una cuña de líneas limpias, que se prolonga desde la zona de las orejas hacia el hocico.

Las orejas son extraordinariamente grandes, anchas en la base y puntiagudas. Su posición continúa visualmente las líneas de la cuña facial, creando una de las características más reconocibles del Oriental.

El cuello es largo y fino, en armonía con el resto del cuerpo.

 

Los ojos del Oriental

Los ojos tienen forma almendrada y oriental, y se encuentran ligeramente inclinados hacia la nariz. Existe una separación considerable entre ambos, contribuyendo a la expresión característica de la raza.

En la mayoría de las variedades de color, el estándar contempla los ojos verdes. Sin embargo, existen excepciones relacionadas con determinadas variedades, especialmente algunos ejemplares blancos y ciertas coloraciones.

Precisamente la relación entre color del manto y color de ojos es uno de los aspectos que diferencia las distintas variedades reconocidas.

 

Un pelo corto, fino y brillante

El Oriental de pelo corto posee un manto muy corto, fino y pegado al cuerpo. Su textura es suave y satinada, con un brillo que resalta todavía más las líneas musculares y la silueta del animal.

Además de resultar muy atractivo visualmente, este tipo de pelo facilita considerablemente las tareas de mantenimiento.

Un cepillado periódico suele ser suficiente para retirar el pelo muerto y mantener el manto en buenas condiciones.

 

Un gato muy activo

El carácter del Oriental guarda una enorme semejanza con el del Siamés. Es un gato activo, curioso, inteligente y muy participativo. Le gusta explorar su entorno y conocer todo lo que ocurre a su alrededor.

No suele ser una buena elección para quienes buscan un animal que pase la mayor parte del día durmiendo y que apenas reclame interacción.

El Oriental necesita actividad física y estimulación mental. Los juegos, los rascadores, las plataformas elevadas y los juguetes interactivos son excelentes recursos para mantenerlo entretenido.

 

Un auténtico «hablador»

Otra de sus características más conocidas es su capacidad para comunicarse mediante vocalizaciones.

El Oriental puede ser un gato especialmente «hablador», utilizando diferentes sonidos para llamar la atención, pedir comida, reclamar juego o simplemente interactuar con las personas.

Esta característica puede resultar encantadora para algunos propietarios, pero conviene conocerla antes de incorporar un Oriental a la familia.

No estamos ante una raza silenciosa o excesivamente independiente.

 

Necesita mucha atención

El Oriental disfruta enormemente de la compañía humana y puede establecer vínculos muy estrechos con sus cuidadores. Por ello, necesita recibir atención y participar en las actividades cotidianas del hogar. El aburrimiento y la falta de estímulos pueden favorecer la aparición de conductas indeseadas. Proporcionarle juguetes, espacios de exploración y momentos diarios de interacción es fundamental para su bienestar.

También puede convivir con otros gatos compatibles, siempre que se realice una introducción adecuada y se respeten las necesidades individuales de cada animal.

 

Un gato ágil y con mucha energía

Su morfología no solo responde a criterios estéticos. Las largas extremidades y el cuerpo musculoso hacen del Oriental un excelente saltador y un gato especialmente ágil.

Por eso es recomendable aprovechar el espacio vertical de la vivienda mediante árboles para gatos, estanterías seguras y diferentes lugares elevados donde pueda descansar y observar su entorno.

Un hogar adaptado a sus necesidades permitirá que pueda desarrollar buena parte de sus comportamientos naturales.

 

Cuidados básicos

Los cuidados del Oriental de pelo corto no son especialmente complicados, aunque sí requiere una atención constante a sus necesidades físicas y emocionales.

Entre los aspectos que debemos cuidar se encuentran:

Alimentación: debe recibir una dieta completa y equilibrada, ajustada a su edad, condición corporal y nivel de actividad.

Ejercicio: necesita jugar y mantenerse activo todos los días.

Estimulación mental: los juegos de inteligencia y los juguetes interactivos son especialmente interesantes para una raza tan despierta.

Higiene: un cepillado regular ayuda a conservar el brillo del pelo. También debemos revisar periódicamente ojos, oídos, uñas y boca.

Veterinario: las revisiones periódicas permiten controlar su estado general y mantener al día las medidas preventivas necesarias.

 

Una raza para personas que buscan interacción

El Oriental no es simplemente un gato de apariencia elegante. Es un compañero con una personalidad intensa y muy participativa.

Su inteligencia, su curiosidad y su carácter comunicativo hacen que necesite una familia dispuesta a dedicarle tiempo.

Puede adaptarse perfectamente a la vida en un piso, siempre que disponga de suficientes estímulos, lugares donde trepar y descansar y, sobre todo, interacción diaria.

 

Oriental: elegancia, inteligencia y personalidad

El gato Oriental conserva la espectacular silueta de los gatos de tipo Siamés, pero ha convertido la diversidad de colores y patrones en una de sus principales señas de identidad.

Su origen asiático, su particular evolución en Occidente y la enorme variedad de mantos reconocidos hacen de él una de las razas felinas más interesantes.

Pero quizá su rasgo más importante no sea su aspecto. El Oriental es un gato que quiere participar, comunicarse y compartir su vida con las personas.

Activo, curioso, inteligente y muy «hablador», necesita una familia que comprenda su carácter y esté dispuesta a ofrecerle compañía, juegos y estimulación. A cambio, proporciona una convivencia llena de interacción y una personalidad felina realmente única.

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