Historia

Angora Turco Istek de Miraval

El Angora Turco es un gato bastante desconocido. Aunque se piensa que es una de las razas felinas más antiguas, apenas hay un pequeño grupo de criadores en Europa. Quizá parezca una pena, pero también pudiera ser una ventaja: su rareza le ha permitido salvarse de las alteraciones sufridas por otras razas. Y los criadores que nos empeñamos en la ardua tarea de criar Angoras Turcos tratamos, por encima de todo, de preservar estas sorprendentes cualidades y ampliar el material genético facilitando el intercambio de animales de pura raza por todo el mundo. Es el caso de los Angoras Turcos importados del Zoo de Ankara (Turquía), los llamados Foundation animals, imprescindibles en cualquier programa de cría que pretenda mantener la apariencia física de esta raza siempre próxima a la del original. No obstante, a pesar de la aparición de nuevas líneas, los esfuerzos por conseguir un standard homogéneo no han dado todavía su fruto…

Como su nombre indica, el Angora Turco es originario de Ankara (Turquía), donde los ejemplares blancos de ojos dispares de esta raza, denominados Ankara kedi, son el símbolo tradicional de la pureza, considerados por el pueblo turco como su tesoro nacional. Curiosamente, hay un nombre específico para muchas de las variedades de color del Angora Turco: sarmen si se trata de un rojo tabby, o teku si nos encontramos con un silver tabby.

Existen tres diferentes teorías acerca del origen del Angora. La primera sugiere que evolucionó a partir de la cría del Felis manul (gato salvaje) en China y Tartaria, desde donde llegó a Turquía; pero no hay ninguna prueba o evidencia científica de esta posibilidad.

La teoría más aceptada explica la transformación de una antigua raza de gatos domésticos afincados en el sur de Rusia (Cáucaso) que desarrolló un largo pelaje para defenderse de los terribles fríos invernales. Esta raza llegó hasta Persia, India y Asia Menor (la actual Turquía) entre los siglos IX y XI, en las caravanas de los mercaderes que cruzaban Turquía e Irán, y sería el origen de los Angoras y de los Persas. Ya en el siglo X, los vikingos llevaron algunos de estos gatos a los países nórdicos, de regreso de sus correrías, con lo que el Angora Turco sería uno de los antepasados más lejanos del Bosque de Noruega. El Maine Coon podría ser también el resultado del cruce entre Angoras Turcos importados y los gatos autóctonos de la zona del Maine.[1]

Y aún hay quien opina que el Angora llegó desde las frías montañas de Persia gracias a las invasiones islámicas del siglo XV. En Turquía, su pelaje se hizo más ligero, diferenciándose de sus ancestros los Persas.

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Lo cierto es que el Angora Turco es una raza documentada hacia el siglo XV, y se dice, aunque no queda constancia de ello, que fue el primer gato de pelo largo que llegó a Europa ya a finales del siglo XVI, como regalo del Sultán turco a las familias nobles inglesas y francesas. Poco después, el italiano aristócrata y viajero Pietro della Valle, destacado naturalista, trajo a Europa los primeros Angoras Turcos, pues se sintió maravillado con aquellos felinos de sobria belleza que había descubierto durante sus viajes (1614-26) a través de la India, Persia y Turquía. Sus descripciones acerca de los ejemplares de aquel tiempo nos permiten imaginar un gato de talla media, del estilo de los actuales gatos comunes, pero en absoluto frágil (como algunos todavía creen). También concuerda la descripción de della Valle con su aspecto elegante, debido especialmente a su sedoso y fino pelaje. Un contemporáneo de della Valle y discípulo de Galileo, el francés Nicholas-Claude Fabri, señor de Peiresc, también quedó impresionado con esta raza y fue el primer criador europeo de Angoras Turcos, ya entrado el primer cuarto del siglo XVII. Fabri ofreció como regalo un precioso gatito blanco al Cardenal Richelieu… y pronto el Angora Turco se convertiría en un gato muy popular entre la nobleza y la corte francesas durante los siglos XVII y XVIII, llegando a ser un símbolo de la realeza. Se pagaban auténticas fortunas para conseguir un ejemplar…

Sin embargo, a principios del siglo XIX, el glamuroso Persa se convirtió en la raza favorita y el Angora pasó a ser un mero exotismo, una rareza. Poco a poco, los ejemplares de Angora Turco de pura raza fueron quedando relegados. En 1887, el British Cat Fancy decidió que todos los gatos de pelo largo o semilargo deberían ser denominados Persas o Gatos de Pelo Largo, y se determinó un estandar claro para la nueva raza. Los Angoras Turcos fueron suprimidos de este grupo y, en consecuencia, olvidados.

Ya en el siglo XX, cuando el Angora estaba realmente en peligro de extinción, el Gobierno Turco decidió recuperar su “gato nacional” y todos los animales que respondían a las características morfológicas (fenotipo) de un Angora Turco fueron enjaulados en el Zoo de Ankara, para así preservar y proteger la raza aplicando un estricto programa de cría en cautividad. Programa que continúa aplicándose hoy día con los ejemplares blancos de ojos azules, ámbar o dispares: es prácticamente imposible conseguir importar un Angora Turco procedente del Zoo de Ankara.[2] Está terminantemente prohibido exportar Angoras Turcos blancos fuera del país. Y existe otro problema: se trata de felinos que viven enjaulados en condiciones casi salvajes, por lo que muchos expertos consideran que no son gatos socializados (como lo sería un gatito crecido en una casa conviviendo estrechamente con otros humanos). Además, los ejemplares del Zoo turco no cumplen el estandar ni poseen el temperamento necesario para poder ser exhibidos en una exposición felina cualquiera.

Gracias, sin embargo, a la iniciativa del Gobierno Turco, el Angora llamó la atención de Lisa Grant, esposa del Coronel Walter Grant, destinado en 1962 en Turquía. De regreso a los EE.UU, los Grant importaron una pareja de Angoras Turcos: Yildiz (un macho blanco de ojos dispares) y Yildizcik (una hembra blanca de ojos color ámbar). Y en 1966 lograron traerse una nueva pareja, Yaman y Marvis… Estos cuatro ejemplares fueron el origen de la recuperación del Angora Turco a nivel mundial. Entre 1970-73, el Angora Turco fue finalmente aceptado y reconocido como raza por la CFA en los EE.UU (aunque en un principio sólo los gatos blancos, hasta que en 1978 se reconocieron algunos otros colores), y se constituyó la Original Turkish Angora Society. También en los 70, otros “Foundational” TUA fueron importados del Zoo de Ankara hacia Inglaterra y Suecia, y la raza pudo recuperarse nuevamente en Europa.

Mitos y Leyendas

Angora Turco FANGORIA DE MIRAVAL

Cuenta una leyenda, que la gata favorita de Mahoma, Muezza, estaba profundamente dormida sobre la túnica del profeta, cuando alguien le llamó. Entonces, para no interrumpir el descanso de su animal favorito, cortó su túnica y abandonó la habitación muy despacio, con extremo cuidado y volviendo la vista hacia atrás enternecido.

Los turcos describen la curiosa variedad de gatos blancos con ojos dispares como “regalos de Alá” o “tocados por Alá”. Quizá porque algunos gatitos blancos nacen con marcas de color en su cabeza, las llamadas “marcas de Alá”. O tal vez porque Muezza, la gata idolatrada por Mahoma de la que ya hablamos, era un ejemplar blanco de ojos dispares…

Otro mito habla de los llamados “gatos de los deseos”: si alguien tiene un deseo muy fuerte, para que se cumpla debe colocar un gato en su regazo y susurrar en el oído del animal su petición. Después le ofrecerá abundantes golosinas, y si al gato le gustan, el deseo se cumplirá. Pero esto sólo ocurre si es realmente un “gato de los deseos”. Aunque nadie sabe de su existencia con seguridad, porque trae mala suerte si alguien cuenta que gracias a su gato su deseo se ha hecho realidad…

Según una superstición del pueblo turco, su líder Mustafa Kemal Atatürk (fundador de la República de Turquía) renacerá algún día y se reencarnará en un Angora Turco blanco con un ojo verde y otro ámbar. Es por esto que los gatos con ojos dispares son reverenciados en Turquía y reciben el nombre de Ankara kedi.

La relación del Islam con los gatos es muy curiosa: un devoto de Mahoma debe respetar y cuidar a todas las criaturas de Alá. Debe alimentarlas, pero no permitirles que compartan su mismo espacio vital. Por esta razón, los mercaderes turcos, especialemente los vendedores de alfombras, tienen a sus Angoras Turcos en sus tiendas y almacenes. De esta forma, este grupo social relativamente adinerado ha conseguido preservar esta raza y ayudarles a reproducirse sin contradecir sus creencias y sin tener problemas existenciales. Y por ello, el Angora Turco es también un símbolo de cierto “status” social y se considera que, si alguien te lo regala, te concede un gran honor.

Apariencia y Aspecto Físico

Angoras Turcos

El Angora Turco es un gato elegante pero atlético, bien proporcionado y de sobria belleza, de tamaño entre pequeño y mediano: las hembras suelen pesar algo más de tres kilos y los machos adultos pueden alcanzar los cuatro kilos y medio. Se incluye en la categoría II de FIFE, como gato de pelo Semi-Largo, y hoy día se reconocen las mismas variedades de color que al Maine Coon y al Bosque de Noruega.

La cabeza del Angora Turco es de tamaño pequeño a mediano, suavemente cuneiforme, y su afilado hocico se funde en las mejillas sin que haya una marcada depresión detrás de las almohadillas de los bigotes (lo que conocemos como “pinch”). Las orejas son grandes, situadas bastante altas en la cabeza y ligeramente puntiagudas. Los ojos también son grandes, ovalados y algo oblicuos, y pueden ser de cualquier color: ámbar, cobre, verde, azul o dispares (en los ejemplares de color blanco). Perfil recto, con una ligerísima curva, pero sin stop. Mentón suavemente redondeado, cuyo extremo forma una línea perpendicular con la nariz. El cuello ha de ser delgado y elegante. El cuerpo, como dijimos, largo y esbelto pero musculoso; las patas traseras son más altas que las delanteras. Las almohadillas plantares son pequeñas, con tufos entre los dedos. El manto carece de subpelo, es largo y sedoso, extraordinariamente suave al tacto, y puede formar un vaporoso collar en el cuello, sobre todo en los machos adultos (hacia los dos-tres años). La cola de un Angora Turco es grácil, ahusada, de raíz ancha pero acabada en fina punta, como una pluma, y suele estar baja con respecto al cuerpo, si bien cuando el animal se desplaza deprisa puede incluso alcanzar la cabeza.

En conjunto, el Angora Turco debe dar una impresión de equilibrio y de proporción y ligereza. La combinación de un cuerpo esbelto, largo, con patas traseras altas y cola ahusada en dirección a la cabeza y las orejas, produce un efecto de movimiento flotante y vaporosa elegancia.

Defectos descalificatorios: cuerpo de tipo Persa.

Carácter y temperamento

Angora Turco Istek de Miraval

Quien elija como compañero a un Angora Turco se encontrará con un gato inteligente, activo, fiel y cariñoso.

El Angora Turco siente fascinación por escalar los lugares más inaccesibles de la casa, le encanta trepar a lo más alto y contemplar sus dominios desde el lugar más elevado. Sin embargo, sabe sortear los obstáculos con exquisita delicadeza, y las figuritas de porcelana, la refinada marquetería y los pequeños tesoros decorativos quedan siempre a salvo de forma milagrosa… siempre y cuando no contrariemos sus decisiones, pues en ese caso es posible que su protesta nos haga reflexionar sobre la oportunidad de nuestro desafío. Hay que convencerle con palabras afectuosas, mimos y caricias. Posee un carácter fuerte y arrogante, y no soportará un trato despótico o rudo.

Dotado de una sorprendente inteligencia, el Angora Turco es capaz de reconocer un vocabulario básico (hasta un máximo de diez palabras) y de aprender determinados “juegos”: practicará el “hockey” con cualquier pelota pequeña (¡o, en su defecto, con las bolitas de pienso!) y algunos ejemplares incluso son capaces de recoger la pelota o el juguete que les lanzamos y traerlo en la boca. Conservan fuertes instintos como depredadores (les encanta jugar a “cazar” ratones de tela o cuerda, en especial los que están rellenos de arena) y necesitan juegos que les permitan liberar su exceso de energía. Les encantan los juguetes interactivos y aprenden con facilidad a comunicarse de forma lúdica con sus propietarios.

Curiosamente, a pesar de esta apariencia indomable, el rasgo más destacado del carácter del Angora Turco es su afectuosidad. Es un gato enormemente cariñoso, devoto de su dueño y capaz de demostrar una extraordinaria paciencia con los niños.[3] Eso sí, es un ser muy independiente, prefiere convivir con un único humano y no siempre acepta a otros congéneres o, si lo hace, necesita su tiempo. En la mayoría de los casos, el Angora Turco tiene un favorito en la familia, a quien sigue de habitación en habitación y a quien da constantes y refinadas muestras de afecto (restregando su cabeza y su hocico contra sus piernas e incluso lamiendo sus manos y rostro).

Sin embargo, todas estas extraordinarias cualidades se ensombrecen casi siempre a la hora de exhibir un Angora Turco en una exposición felina. Detestan el ruido, las luces, los olores extraños, el incesante movimiento, los viajes y, sobre todo, les resulta insoportable sentirse encerrados en una pequeña jaula, ellos que aman los espacios libres y la tranquilidad de su hogar. Exponer un TUA exige grandes dosis de paciencia y una gran dedicación, pues se ha de acostumbrar al gato paulatinamente a ser acicalado, manipulado, elevado, aplaudido…

Autor: Catherine  Soriano de Angoras Turcos de Miraval