El abandono y la pérdida de animales de compañía continúan siendo uno de los principales problemas de bienestar animal en España. Así lo vuelve a poner de manifiesto el estudio «Él nunca lo haría», elaborado por Fundación Affinity, que analiza cada año la evolución de los perros y gatos que llegan a las entidades de protección animal.
Los últimos datos, correspondientes a 2025, muestran una realidad que apenas ha cambiado en los últimos años: 285.720 perros y gatos llegaron a centros de acogida públicos y privados de España durante el año. La cifra supone alrededor de 783 animales cada día, una situación que mantiene una importante presión sobre las protectoras y refugios.

Más de 169.000 perros y 116.000 gatos recogidos
Del total de animales recogidos durante 2025, 169.268 eran perros y 116.452 gatos. Es decir, los perros representaron el 59,2 % de las entradas y los gatos el 40,8 %.
Aunque la cifra global es ligeramente inferior a la registrada en 2024, Fundación Affinity advierte de que la evolución de los últimos años no permite hablar de una reducción significativa. El problema permanece prácticamente estancado y continúa afectando a animales de diferentes edades, tamaños y características.
Esto es importante porque desmonta una idea todavía bastante extendida: el abandono no responde a un único perfil de animal ni se concentra exclusivamente en determinados momentos del año.

Las camadas no deseadas continúan siendo una de las principales causas
Entre las causas de abandono declaradas por las entidades participantes, las camadas no deseadas ocupan el primer lugar, con un 15,3 % de los casos conocidos.
Después aparecen la pérdida de interés por el animal, con un 14 %, los cambios de domicilio o traslados, con un 11,9 %, el final de la temporada de caza, con un 10,5 %, y los problemas de comportamiento, con un 9,8 %.
En el caso de los gatos existe además una marcada estacionalidad. El 44,1 % de las recogidas se concentran en el segundo cuatrimestre del año, coincidiendo con el periodo de mayor actividad reproductiva.
La prevención de camadas no deseadas sigue siendo, por tanto, una pieza fundamental para reducir la llegada de animales a protectoras. La identificación, la esterilización cuando esté indicada y la tenencia responsable forman parte de una misma estrategia preventiva.
Un animal con microchip tiene muchas más posibilidades de volver a casa
El estudio también pone el foco en un aspecto que a menudo queda eclipsado por las cifras de abandono: la pérdida de animales.
Durante 2025, aproximadamente el 13,3 % del total de perros y gatos que llegaron a los centros de acogida pudieron ser recuperados por sus familias. Sin embargo, cuando los animales estaban correctamente identificados mediante microchip, la recuperación alcanzó el 65,2 %.
La diferencia es enorme.
Un perro o un gato correctamente identificado tiene entre cuatro y cinco veces más posibilidades de regresar con su familia cuando se pierde que otro cuya identificación no permite localizar a sus responsables.
Por eso, el microchip no debe entenderse únicamente como una obligación legal. Es también una herramienta fundamental para reducir las consecuencias de una pérdida accidental.

Adoptar funciona, pero no todos los animales parten de la misma situación
La adopción continúa siendo una de las principales vías de salida de los animales que llegan a las protectoras. En 2025 encontraron un nuevo hogar el 42,9 % de los perros y el 41,9 % de los gatos recogidos por las entidades participantes.
Pero detrás de esta cifra existe otra realidad: algunos perros y gatos esperan durante mucho más tiempo que otros.
Los cachorros de perro permanecen de media 2,7 meses en las entidades antes de ser adoptados, mientras que en los perros adultos y sénior la estancia media asciende a 12,8 meses.
En los gatos ocurre algo similar. Los gatitos permanecen una media de 3,3 meses, frente a los 13,2 meses de los gatos adultos y mayores.
La edad, el tamaño, el estado de salud o determinados problemas de comportamiento pueden convertirse en barreras adicionales para encontrar una familia.
Los problemas de comportamiento aparecen en ambos extremos del problema
Uno de los datos más interesantes del estudio es la relación entre abandono y adopción.
Los problemas de comportamiento aparecen entre las principales causas declaradas de abandono, pero también son el factor que más entidades señalan como relacionado con una estancia prolongada de los animales en los refugios.
En 2025, el 77,6 % de las entidades participantes identificaron los problemas de comportamiento como un factor que dificulta especialmente la adopción.
Esto demuestra la importancia de no esperar a que una dificultad de convivencia se convierta en un motivo para renunciar al animal.
Problemas relacionados con el miedo, la ansiedad, la frustración, la convivencia con otros animales o determinadas conductas pueden requerir la intervención de profesionales especializados. Buscar ayuda a tiempo puede evitar que una situación familiar complicada termine con el animal en una protectora.

Los llamados «animales invisibles»
El estudio de Fundación Affinity utiliza también el concepto de «animales invisibles» para referirse a aquellos perros y gatos que, por determinadas características, parecen quedar fuera de las preferencias de muchos adoptantes.
Son animales que pueden pasar meses o incluso años esperando una oportunidad: perros grandes, animales mayores, aquellos con enfermedades crónicas, determinados perfiles considerados potencialmente peligrosos o animales con problemas de comportamiento.
Según los datos de 2025, después de los problemas de comportamiento aparecen como factores que dificultan la adopción la pertenencia a razas consideradas potencialmente peligrosas, las enfermedades crónicas, el tamaño grande y la edad avanzada.
Adoptar no debería consistir únicamente en buscar al animal que encaja en una imagen determinada. Las protectoras pueden orientar a cada familia para valorar qué animal puede adaptarse realmente a su estilo de vida, experiencia y posibilidades.
Detrás de cada cifra hay una protectora que tiene que seguir adelante
Las estadísticas hablan de animales recogidos, adoptados o recuperados, pero existe otra parte de esta realidad que también merece atención: las personas que trabajan cada día en las entidades de protección animal.
Fundación Affinity señala que las protectoras participantes reclaman más recursos, ayudas, voluntariado e implicación institucional. El estudio destaca además la presión que supone trabajar de manera continuada con situaciones de abandono, enfermedad, maltrato, pérdida y animales que permanecen durante largos periodos sin encontrar un hogar.
En 2025, el 39 % de las entidades participantes no contaban con ningún empleado remunerado y la media era de 29,1 voluntarios por entidad, aunque con grandes diferencias entre organizaciones.
La protección animal necesita, por tanto, algo más que buenas intenciones. Necesita recursos, profesionales, voluntariado, prevención y familias dispuestas a asumir una responsabilidad que puede prolongarse durante muchos años.

Prevenir el abandono empieza antes de incorporar un animal a la familia
Los datos del estudio vuelven a poner sobre la mesa una cuestión fundamental: combatir el abandono no consiste únicamente en conseguir más adopciones. La prevención comienza antes de que el animal llegue al hogar.
Elegir de forma responsable, conocer las necesidades de la especie, valorar el tiempo y los recursos disponibles, identificar correctamente al animal, prevenir camadas no deseadas y pedir ayuda profesional cuando aparecen problemas de convivencia son algunas de las medidas que pueden contribuir a reducir las pérdidas y los abandonos.
Y cuando una familia decide incorporar un animal mediante la adopción, también está ofreciendo una oportunidad a aquellos perros y gatos que llevan meses esperando detrás de las puertas de una protectora.
285.720 historias que todavía necesitan una respuesta
Las cifras del estudio «Él nunca lo haría» no deberían convertirse simplemente en una estadística anual.
285.720 perros y gatos llegaron a centros de acogida durante 2025. Detrás de ese número hay animales perdidos, camadas no deseadas, cambios familiares, problemas de convivencia y decisiones que, en muchos casos, podrían haberse prevenido.
La ligera reducción respecto a años anteriores no permite hablar todavía de un cambio de tendencia. El abandono continúa siendo un problema estructural que requiere prevención, identificación, educación, recursos para las entidades de protección y, sobre todo, una mayor responsabilidad antes y durante la convivencia con un animal.
Porque evitar que un perro o un gato termine en una protectora siempre será más eficaz que intentar encontrarle un nuevo hogar después.