Autor:  Mª Isabel Santos                                 Web: www.peluzzo.com

 

Muchos criadores de jerbos dicen que a pesar de haber manipulado miles de veces a jerbos domesticados y no domesticados en las más variadas condiciones, nunca han sido mordidos con fuerza suficiente como para dañar la piel. Por lo general, un jerbo sólo morderá con fuerza si se le manipula incorrectamente -acosándolo, apretándolo, engañándolo, etc.-. Naturalmente, si pones un dedo directamente frente a su boca y lo mantienes allí, puedes recibir un ligero mordisco si el animal tiene hambre o si está royendo algún objeto. Esta reacción es casi instintiva. Si una mordedura consigue romperte la piel, deberás tomar las precauciones médicas adecuadas al igual que en el caso de cualquier mordedura de otro animal.

jerbo

La docilidad del jerbo cuando es manipulado, su curiosidad, su amistosidad, su ciclo de actividad y sus preferencias alimentarias constituyen tus claves para domesticar y adiestrar con éxito a tu animalito. Además, su inteligencia parece muy desarrollada para su tamaño.

Por ejemplo, aprende a evitar ciertas situaciones unas diez veces más rápidamente que las ratas blancas.

La paciencia, la comprensión, la repetición y el premio resultan esenciales para domesticar y adiestrar a un jerbo. Serán tus herramientas para desarrollar en tus animales una sensación de confianza.

Las sesiones de adiestramiento tienen que ser cortas, especialmente si estás tratando con jerbos jóvenes, que pueden ser algo nerviosos o saltones hasta que cumplan algunas semanas de edad. Recuerda el ciclo de actividad de los jerbos. Si interrumpes o impides un período de descanso, muy necesario, pueden ponerse algo irritables.

Procede lentamente, con calma, haz que tus movimientos sean deliberados y háblales continuamente. Deja que los jerbos se acostumbren a tu tamaño; incluso tu mano puede parecerles un gigante.

A la hora de comer, permite a los animales comer algunas semillas o pedacitos de lechuga directamente de tu mano. Mientras comen, ráscales suavemente con un dedo la cabeza, las orejas o la espalda; de este modo se irán acostumbrando a tu contacto. Después, durante las sesiones de adiestramiento, ofréceles varias golosinas como premio, especialmente si estás intentando enseñarles algunos trucos sencillos.

A medida que progreses, deja que tus jerbos salgan de la jaula para que puedan moverse con cierta libertad en un área limitada, como una caja grande, la superficie de una mesa o incluso una bañera. Los jerbos disfrutarán con estas salidas periódicas, especialmente si les das algunos objetos interesantes para que los exploren. Lo más probable es que los jerbos vuelvan voluntariamente a su jaula cuando tengan hambre o estén cansados; de no ser así, puedes incitarlos para que vuelvan a su jaula o simplemente cogerlos.

No debes permitir que los jerbos estén en libertad en la casa. Es muy posible que se pierdan o se accidenten. Sin embargo, de vez en cuando puedes dejarlos en libertad dentro de una habitación o de un recinto cerrado; asegúrate de que el espacio está bien cerrado para evitar que los jerbos se escapen o que puedan meterse perros o gatos. Tendrás que vigilar tus pasos -literalmente- porque los jerbos se acercarán a tus pies, ya sea por su curiosidad o debido a la necesidad de sentirse físicamente seguros.

Puedes llevar tus jerbos al aire libre, si el clima lo permite, pero tienes que confinarlos dentro de una caja, corral o algún otro tipo de recinto cerrado. Si escaparan de tu control, podrían ser víctimas de los pájaros o de animales domésticos, de depredadores, de sustancias venenosas o del clima frío.

No es conveniente sacar al aire libre a los jerbos más nerviosos o asustadizos. Asimismo, los animales muy activos y excitables pueden ser demasiado ingobernables. Muchos propietarios de jerbos son partidarios de un estilo de vida absolutamente interior para sus animales.