Introducción

La preocupación ética por los animales ha aumentando exponencialmente en Occidente durante los últimos años. En las convulsas décadas de los 50 y 60, el movimiento a favor de los derechos civiles para la gente de raza negra coincidió con el origen de otro movimiento menos sonado por aquella época: el veganismo.

Donald Watson y Leslie Cross definieron el veganismo en 1951, como aquel principio ético por el cual los seres humanos debemos rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento de que los demás animales poseen intereses inalienables. El veganismo se distinguió así del vegetarianismo en el hecho de que se refiere a todas las facetas de nuestra vida.

En los años posteriores, la genética, la bioquímica y la etología vendrían a confirmar que los seres humanos no somos seres únicos ni demasiado diferentes de los demás animales. Todos los animales con células nerviosas podemos sentir. Esto significa que convertimos estímulos en sensaciones por medio de tejidos y órganos especializados. La sintiencia desemboca en la conciencia (percepción del yo) y en la memoria (retención de información y sensaciones). Otros seres vivos, como las plantas, los hongos o las bacterias, pueden reaccionar a estímulos; pero no cuentan con la capacidad de sentir porque carecen de estructuras especializadas para integrar, modular y retener potenciales de acción.

Estos hechos probados sobre los animales condujeron hacia la proposición de de los Derechos Animales, es decir, a la postura ética y legal por la cual se defiende que los animales deberían contar con derechos legales que protegieran sus intereses frente a las acciones humanas. Un derecho legal se define como la protección de un interés frente a actos ejercidos por agentes morales (humanos adultos con plenas facultades). El veganismo es, por tanto, el principio base y promotor de los Derechos Animales al tratar a los animales como personas (sujetos morales) que merecen respeto y protección por sí mismos, con independencia de que su existencia nos agrade o nos reporte algún beneficio.

 

Derechos animales

 

El movimiento animalista actual no defiende los Derechos Animales

El movimiento animalista, que cobró un gran auge en la década de los 70, podría haber reformulado sus bases gracias a estos conocimientos científicos para defender a los animales. Sin embargo, dicho movimiento, con el filósofo Peter Singer a la cabeza, se limitó a repetir la visión utilitarista ya extendida desde los tiempos del pensador utilitarista Jeremy Betham.

Desde entonces hasta ahora, el movimiento animalista únicamente se dedica a rechazar el «maltrato animal» y a exigir un mejor trato para los animales criados, manipulados, utilizados y asesinados por el ser humano; sin cuestionar en ningún momento la necesidad o legitimidad para realizar tales acciones. Esta ideología, hoy mayoritaria en el animalismo, se denomina «bienestarismo».

Debido a los conflictos de intereses que despierta la explotación animal (uso de animales como recursos para nuestros fines), el avance del bienestarismo ha venido ligado a la postura del «Bienestar Animal».

Relación entre el movimiento animalista y el Bienestar Animal

Esta doctrina, a pesar de lo que uno podría entender a raíz de su nombre, no persigue el bienestar de los animales. El Bienestar Animal se refiere a aquellas medidas para regular la forma en que gestionamos a los animales con objeto de aumentar la productividad, incrementar el consumo y tranquilizar la conciencia de los consumidores.

La relación entre el bienestarismo y el bienestar animal converge en que ambas posturas parten desde la premisa de que el ser humano es moralmente superior y de que los animales existen para servirnos. De esta manera, los animalistas piden un mejor trato para que los animales «no sufran tanto» durante su explotación y la industria, como respuesta, propone medidas que mejoran el rendimiento económico de las explotaciones a la par que pactan con organizaciones animalistas para que validen dichos cambios como un «paso» o una «victoria». Es un completo negocio a costa de la vida de los animales y de los animalistas que, erróneamente, creen que así protegen a los animales.

El fraude del Bienestar Animal y sus acciones

El especismo (la discriminación moral hacia los demás animales) y el interés humano fomentan la creación de términos, medidas y regulaciones con que maquillar el status legal de los animales en España y en el mundo. Para comprender los siguientes argumentos, recomiendo que se revisen los artículos ya enlazados y, especialmente, éste titulado «La discriminación moral: historia, sociología y psicología humana».

Si existe una regla biológica muy acertada para el ámbito social es que algo debe cambiar para que todo siga igual. El activismo por los Derechos Animales está calando muy fuerte gracias a las recientes tecnologías de la información (internet, redes sociales, etc.). Esto obliga a que quienes participan y se benefician de la explotación animal necesiten buscar caminos para perpetuar su negocio mediante un lavado de imagen.

 

Vaca

 

Sellos de Bienestar Animal y cambios nomenclaturales

Desde hace un par de años, existen «sellos de bienestar animal» para decirnos que el animal no sufrió tanto, como podría haberlo hecho, durante el tiempo en que le dieron con una porra eléctrica en las nalgas para que avanzara en la fila del matadero. Asimismo, en España se han copiado algunos lavados de cara del gobierno francés al reconocer a los animales como «seres sintientes». Este cambio nomenclatural no tiene validez en Derecho; pues los animales no son explotados porque los llamemos «objetos» sino porque legalmente son «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). A los animales no los explotamos por ser objetos en el sentido literal de la palabra; sino porque consideramos que sus intereses siempre quedan por debajo de los nuestros. De este modo, cualquier deseo humano queda legalmente legitimado sobre la vida, libertad e integridad del animal en cuestión.

Mataderos móviles y cámaras en alta definición

Desde hace poco, se pretenden implantar los «mataderos móviles» en Europa para transmitir la engañosa idea de que así reducen el estrés de los animales que van a ser asesinados sistemáticamente —por no ser humanos—, en lugar de sincerarse y señalar que ahorran costes derivados del manejo y de los traumatismos que padecen las «mercancías» durante el transporte; muchas de las cuales terminan descartadas y redundan en pérdidas para el ganadero. Y, por supuesto, también se ha propuesto instalar cámaras en mataderos; como si el hecho de que asesinar a un animal con una descarga eléctrica, un cuchillo, una pistola de pernos o por gaseamiento —esta técnica provino de los nazis— cambiara la moralidad de tan aberrante acto.

Creación de una institución falsa

Para completar la guinda del pastel, el Gobierno de España ha tenido la reciente desfachatez de apropiarse del término Derechos Animales para confundir intencionalmente a la sociedad mientras promociona el Bienestar Animal. Esta nueva oficina, dirigida por el tal García Torres —quien afirma ser vegano y no lo esapenas le ha faltado tiempo para blanquear la ganadería y para esgrimir todas y cada una de las falacias conocidas en el sector para obtener el apoyo de explotadores y animalistas a partes iguales.

Las medidas del nuevo ministerio

El nuevo ministerio del gobierno no defiende los Derechos Animales. Sólo pretende ejercer algunas regulaciones sobre el uso de la propiedad animal. Como se ha señalado con anterioridad, las leyes de Bienestar Animal sólo regulan la forma en que se los cría, hacina y asesina con fines meramente humanos (utilitaristas). Es injusto partir desde la premisa de que está bien hacerles a ellos lo que nunca querríamos para nosotros. No existe ningún bienestar animal durante el marcaje, el descorne, el despique, la separación de crías o el triturado de pollitos macho. Ni tampoco basta con rechazar el maltrato o con mostrar compasión.

El nuevo ministerio propone algunas medidas interesantes, como la reducción del IVA veterinario. No obstante, el grueso de sus propuestas actuales y futuras son y serán un fraude para los animales y sus derechos. Por ejemplo, dicho ministerio se ha pronunciado hace unos días respecto al abandono de animales domesticados usados como compañía (mascotas). En vez de señalar las causas evidentes de estos sucesos y tratar enmendarlos, propone aumentar las multas y sanciones al cometer estos delitos. Esto es un verdadero sinsentido; pues no puede evitarse el abandono mientras la crianza y compra-venta sean legales. Se abandonan animales por la misma razón por la que se dejan frigoríficos en mitad de un parque: la gente percibe a los animales como objetos a causa de sus prejuicios antropocéntricos. El argumento de la «tenencia responsable» es exactamente el mismo que esgrimían los negreros en la época colonial para excusar la esclavitud negra: no existe virtud ni protección para quien está considerado como un objeto a ojos de la ley y de la sociedad imperante.

 

Mataderos móviles
Mataderos móviles

 

Y, además, carece de sentido que acciones como el abandono sean punibles y, en cambio, no lo sea la caza. De hecho, el propio gobierno puede asesinar a cualesquier animales sin ningún problema —como a las cotorras y otros animales tachados de «especies invasoras»—debido a Y, además, carece de sentido que acciones como el abandono sean punique carecen de derechos legales. El nuevo ministerio hará, simplemente, lo que marquen los intereses de distintos colectivos respecto a los animales. Las víctimas, como tales, quedan y quedarán en segundo plano.

Conclusiones

Gracias a la ciencia sabemos que los animales sienten, padecen y poseen voluntad y conciencia. Las diferencias entre los humanos y otros animales de grado; no de clase. Por tanto, carece de sentido seguir postulando que sus comportamientos respondan al «instinto», entre otros criterios decimonónicos. Ello nos obliga, éticamente, a reconocerles derechos legales basándonos en los mismos argumentos que establecieron los Derechos Humanos: posesión de intereses inalienables.

Para que los animales puedan recibir derechos legales se necesita, por coherencia, dejar de participar en toda forma de explotación animal, es decir, se requiere asumir el principio ético del veganismo.

El Bienestar Animal busca reconducir la sensibilidad de los animalistas y otros individuos preocupados por los animales hacia consumidores «tranquilos» que continúen sosteniendo un paradigma basado en la crianza, manipulación y asesinato de animales por simple gusto y placer.

El nuevo ministerio del Gobierno aspira a institucionalizar el Bienestar Animal para tratar de acallar voces críticas y contentar a colectivos animalistas que no conocen los Derechos Animales.

Si realmente nos importan los animales, debemos hacernos veganos y promover el veganismo. Es tan sencillo como eso.

 

Autor: Adrián López Galera                    Web: www.derechosanimalesya.org