Autor:  White  Costa

¿Depende el comportamiento de la raza o del tamaño?

No debemos juzgar nunca a un conejo ni por su raza ni por su tamaño,   sino por su personalidad individual. Creer que cuanto más pequeño   sea el tamaño de su raza más obediente será su comportamiento   es una equivocación. Incluso si nos viéramos obligados a generalizar,   diríamos que las razas más grandes tienden a ser menos activas   que las pequeñas.

La genética ha permitido a los hombres crear muchísimas razas   distintas de conejos, que varían según colores y tamaño,   pero desde luego todavía no existe el conejo cuyo comportamiento o personalidad   puedan ser predefinidos antes del nacimiento.

En términos de apariencia, es más provechoso fijarse en cada   conejo en concreto (su expresión facial, sus movimientos) que en la raza.   Así pues, los conejos gentiles tienen caras gentiles y los asustadizos   caras asustadizas. Un conejo asustadizo raramente se revolcará o tumbará   con las patas traseras extendidas; uno confiado se tumbará tranquilamente   y subirá tus brazos para lamerte o en busca de caricias; y uno irritable   tendrá una cara amargada y probablemente intente morderte si te acercas   a él. Por lo tanto, no debemos hacer caso de aquellos que recomiendan   ciertas razas “porque son más tranquilas y dóciles”,   sino fijarnos en el comportamiento del animal e intentar adivinar lo que su   actitud nos dice. Y desde luego, jamás descartaremos a conejos de raza   mixta, pues es un error considerarlos de segunda categoría sólo   porque no pertenezcan a una raza pura.   Tu conejo es como es, sin depender de nada más. El proceso de llegar   a conocerlo y apreciarlo no requiere de generalizaciones, y su hermosura no   dependerá jamás ni de su raza ni de su tamaño.

Comportamiento según la edad

Conejo bebé 

Los pequeñines requieren de tiempo y paciencia para ser entrenados, y   de mucha comprensión ante más que posibles travesuras. Necesitan   ejercicio, retos y juguetes, por lo que no es recomendable tenerles encerrados   todo el día. Debemos ser conscientes de que son sólo unos gazapos   llenos de alegría y de que su entrenamiento será lento pero satisfactorio   a la vez. Les costará más sentarse a tu lado, dejarse acariciar   o sujetar en brazos, y preferirán correr como locos por toda la casa   o mordisquear tu mesa de trabajo.
Conejo adolescente

Durante esta época notarás un gran número de transiciones   y cambios de personalidad. Generalmente es una etapa difícil porque,   con la llegada de la madurez sexual, te parecerá que tu conejo ha olvidado   las buenas formas que había aprendido hasta la fecha. Se mostrará   más curioso, hiperactivo y más proclive a conductas “destructivas”   como masticar y excavar. Estas características pueden resultar molestas,   pero debemos comprenderlas, ya que son causa de un comportamiento inducido por   las hormonas y por la adolescencia en sí misma. Si no quieres criar,   es el momento de castrarle para ayudarle a calmar esta conducta alocada, para   facilitar su entrenamiento y porque de ese modo prevendrás enfermedades   futuras relacionadas con sus aparatos reproductores (ver “Reproducción”).  Durante este período debes proporcionarle juguetes para que pueda llevar   a cabo dichas necesidades y proteger así tu casa en la medida de lo posible.   Te aseguro que es mucho mejor jugar con tu conejo adolescente a lo que le gusta   (masticar, excavar, etc.), que pasarse el día enfadándote con   él y castigándole en su jaula.

Conejo maduro

Su comportamiento difiere en varios sentidos, sobretodo porque es mucho más   fácil tratar a un conejo que ya se siente establecido en el hogar. Durante   esta etapa su conducta será más apacible y notarás que   sus movimientos cada vez son más lentos. Sabrá utilizar perfectamente   su bandeja para orinar, será más obediente, cariñoso y   dócil que nunca, y también dormirá más tiempo, aunque   su energía y curiosidad continuarán siendo altas. Los comportamientos   “destructivos” serán mínimos y por ese motivo el conejo   maduro podrá estar menos vigilado.