Gatos sibaritas

 

 

Una correcta alimentación es el punto de partida para conseguir un óptimo estado sanitario en cualquier ser vivo. El gato no es una excepción; su ligero y ágil organismo requiere un aporte equilibrado de nutrientes y para ello debemos recurrir a alimentos comerciales de alta calidad.

Nuestro buen amigo el gato comparte, junto al perro, el orden de los carnívoros. Esta coincidencia taxonómica no implica que sus costumbres sean idénticas ni que sus requerimientos nutricionales sean coincidentes; ambos son carnívoros, pero con importantes diferencias: los felinos en estado salvaje presentan un comportamiento plenamente carnívoro, mientras que los cánidos suelen comportarse como omnívoros (comen de todo); alguno de los parientes cercanos del perro, como el coyote de California, suele consumir con gusto frutas como melón, melocotón, uvas, cerezas… Un importante dato que confirma la “preferencia cárnica” de los felinos es que no suelen comer las vísceras de sus presas. Dichas vísceras suelen pertenecer a animales herbívoros y por tanto contienen gran cantidad de “alimento verde”; los felinos salvajes no suelen prestar atención alguna a esta opción vegetariana: en la mayoría de los casos eligen la cabeza de la presa como plato único y desprecian el resto del festín.

UN SOLO INGREDIENTE

¿Se imaginan una comida en la que el primer plato, el segundo y el postre estuvieran compuestos del mismo ingrediente?. No solo sería tremendamente aburrido sino muy poco saludable. Algunos gatos padecen la gran falta de información de sus propietarios en lo más profundo de sus entrañas y reciben como única alimentación pescado, carne o vísceras. Ser carnívoro estricto no quiere decir que sólo coman carne y que el único nutriente necesario en su dieta sea la proteína. Una jugosa pieza de solomillo está exenta de hidratos de carbono, es pobre en calcio y deficiente en vitaminas A y D; el pescado más fresco tiene las mismas deficiencias que la mejor pieza de carne y las vísceras consumidas por ciertos gatos, como los poco nutritivos “higaditos”, pueden llegar a provocar una adicción o “tozudez alimentaria” que provoque el absoluto rechazo del animal a cualquier otro alimento. Estos “higaditos” provocarán además un exceso de vitamina A con pérdida de apetito, vómitos, caída de pelo, dolores articulares… Que los gatos tengan supuestamente siete vidas no es razón suficiente para realizar experimentos nutricionales que pongan en juego su salud. ¡Por cierto!… si quieren hacerlo aún peor y poner en riesgo la salud del resto de la familia, alimenten a su gato con carne o vísceras crudas; las enfermedades que estos alimentos puedan acarrear (principalmente parasitarias) no sólo afectarán a su minino, también podrán ser compartidas por el resto de la familia.

LA MEJOR OPCIÓN

No nos cansaremos de repetir que nuestros animales de compañía deben alimentarse con productos comerciales de la mejor calidad que nuestra economía nos permita; que entre la opción de alimento enlatado y alimento seco (pienso) deberíamos quedarnos con el alimento seco: la ración diaria es más económica, se conserva mejor y su estructura facilita la higiene dental por efecto mecánico de rozamiento. Estas razones deberían ser suficientes, pero todavía muchos gatos vuelven locos a sus propietarios que saltan desesperadamente de tienda en tienda buscando una nueva latita que satisfaga el fino paladar de tan exquisito amigo. Nos gustaría romper una lanza ante tan injusta idea: el gato no es sibarita, le hacemos sibarita. Si les acostumbramos desde pequeños a un alimento comercial seco adecuado a su edad y somos fieles a este sistema… ¡nunca tendremos problemas!; si por el contrario un día le damos Jamón York, otro la latita más exclusiva y “delicatessen”, otro un boquerón… estaremos creando un monstruo de caprichos insaciables y además con muchas papeletas para ser un animal enfermo. No caigamos en el cariño mal entendido, lo mejor es un alimento seco adecuado para su edad… ¡y punto!. Detrás de un gato sibarita siempre hay un dueño poco informado.

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