España concentra cerca del 90 % de la población de buitres de toda Europa, una circunstancia que, unida a la correcta gestión de los subproductos cinegéticos, supone una ventaja estratégica de primer orden frente a la expansión de la peste porcina africana (PPA). Estas aves carroñeras actúan como eliminadores naturales de cadáveres, reduciendo de forma significativa los riesgos sanitarios asociados a la permanencia de restos animales en el medio natural.
Así lo concluye el artículo científico “Cómo mejorar la gestión de subproductos cinegéticos a través de las aves carroñeras”, elaborado por las investigadoras de Fundación Artemisan Inmaculada Navarro y Raquel Castillo y publicado en la revista Animals. El estudio demuestra que la ubicación estratégica de los cadáveres en espacios abiertos y a mayor altitud favorece una eliminación mucho más rápida por parte de los buitres, evitando que sean consumidos por otras especies, como el jabalí, principal reservorio silvestre y vector de transmisión de la PPA.
Desde la reciente detección de la peste porcina africana en Cataluña el pasado mes de noviembre —tras haber sido erradicada en España en 1994—, la correcta localización de los restos de animales abatidos se ha convertido en una herramienta clave para contener su propagación. Esta práctica se suma a las tareas de vigilancia sanitaria y control poblacional que ya desarrollan de forma habitual los cazadores.
La vegetación y la altitud, factores determinantes
El trabajo se enmarca en el proyecto Caza en la Ecología de Aves Carroñeras (CEAC), impulsado por Fundación Artemisan y Fundación Bergara, y pone de relieve la influencia decisiva de factores como la densidad de la vegetación y la altitud sobre la capacidad de los buitres para detectar y consumir los cadáveres de ungulados silvestres.
Para ello, las investigadoras analizaron un total de 67.510 fotografías obtenidas mediante cámaras trampa durante un periodo de 30 días, en ocho localizaciones distintas y con tres réplicas experimentales. El estudio documentó la actividad de dos especies de carroñeros obligados —buitre leonado y buitre negro— y cuatro carroñeros facultativos —cuervo, jabalí, zorro y perro—.
Los resultados muestran que el jabalí estuvo presente en el 75 % de las localizaciones. Mientras que los buitres eliminaron completamente 13 cadáveres en un tiempo medio de apenas 24 horas, los jabalíes consumieron por completo cinco cadáveres, pero con un tiempo de permanencia en el campo superior a seis días, incrementando notablemente el riesgo sanitario.
Ventaja sanitaria en espacios abiertos y de mayor altitud
El estudio confirma que en zonas abiertas y a mayor altitud los buitres llegan antes a los cadáveres y los eliminan con mayor rapidez. En estos entornos, los restos permanecieron en el campo una media de 51 horas, frente a las 132 horas registradas en hábitats más cerrados y con vegetación densa, donde la detección por parte de los buitres se retrasa de forma significativa.
Estos datos refuerzan la importancia de una adecuada selección de los puntos de depósito de los restos de caza, una práctica en la que la colaboración de los cazadores resulta esencial.
Un modelo de gestión con ventajas comparativas
La combinación entre la labor de los cazadores en la gestión responsable de los subproductos cinegéticos y la presencia de la mayor población de buitres de Europa convierte a España en un país especialmente preparado para hacer frente a la amenaza de la peste porcina africana. Esta situación contrasta con la de otros países europeos que, pese a contar con altas densidades de jabalí, carecen del apoyo de estas aves carroñeras como aliadas naturales en la gestión del ecosistema y en la protección de la salud ambiental, animal y humana.