Una nueva herramienta desarrollada por investigadores de la Universidad de Arizona permite evaluar la memoria, el control de los impulsos y la flexibilidad mental de los perros. El objetivo es identificar cambios relacionados con el envejecimiento cerebral antes de que sus efectos sean claramente visibles en el comportamiento cotidiano.
El envejecimiento no solo afecta al cuerpo de los perros. También puede modificar sus capacidades cognitivas, su memoria y su manera de relacionarse con el entorno. Detectar estos cambios a tiempo es uno de los grandes retos de la medicina veterinaria, especialmente cuando las primeras señales pasan desapercibidas para las familias.
Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Arizona (Estados Unidos) ha desarrollado una herramienta que podría contribuir a avanzar en este campo. Se trata de CANID (Cognitive Assessment for Neuropsychological Impairments in Dogs), una batería de pruebas que se completa en aproximadamente 40 minutos y que permite evaluar diferentes capacidades mentales de los perros.
La investigación, publicada en la revista científica Animal Cognition, se realizó con 239 perros y plantea una nueva forma de estudiar cómo evoluciona el funcionamiento cerebral canino con la edad.
¿Qué es CANID y qué pretende detectar?
CANID es un sistema de evaluación diseñado para medir determinadas funciones cognitivas mediante ejercicios prácticos. A diferencia de los cuestionarios habituales, que dependen en buena medida de las observaciones de los propietarios, esta metodología permite comprobar directamente cómo responde el perro ante diferentes situaciones.
Su principal interés reside en que puede identificar diferencias en el rendimiento cognitivo incluso cuando todavía no existen alteraciones evidentes en la vida diaria del animal.
La herramienta estudia tres capacidades fundamentales: el control de los impulsos, la memoria y la flexibilidad cognitiva. Todas ellas intervienen en la manera en la que los perros aprenden, resuelven problemas y se adaptan a los cambios.

Tres ejercicios para evaluar el cerebro de los perros
La batería CANID está formada por tres pruebas diferentes, cada una centrada en una función cognitiva.
1. Control de los impulsos
En este ejercicio se coloca una recompensa alimentaria dentro de un tubo transparente. El perro debe encontrar la manera correcta de conseguirla, evitando intentar atravesar directamente la superficie cerrada y buscando la abertura lateral.
Con esta actividad se observa su capacidad para inhibir una respuesta inmediata y modificar su comportamiento para alcanzar un objetivo.
2. Evaluación de la memoria
En la segunda prueba, el perro observa cómo se esconde una recompensa detrás de una de cuatro barreras. Después de un intervalo de espera que puede llegar a los 40 segundos, debe recordar dónde se encontraba.
Este ejercicio permite analizar su capacidad para retener información y recuperarla posteriormente.
3. Flexibilidad cognitiva
La última actividad estudia cómo responde el animal cuando cambia la estrategia que necesita utilizar para conseguir una recompensa.
El perro debe adaptarse a un recorrido diferente y encontrar una nueva solución. De esta forma, los investigadores pueden valorar su capacidad para abandonar una estrategia que ya no funciona y probar otra alternativa.
Las puntuaciones obtenidas en los tres ejercicios se combinan para elaborar una valoración global del rendimiento cognitivo.

Un seguimiento de los perros durante un año
Para comprobar la utilidad de esta herramienta, los investigadores realizaron una primera evaluación a 239 perros y repitieron las pruebas seis y doce meses después.
En el seguimiento participaron 138 animales a los seis meses y 114 al cumplirse un año.
Los resultados mostraron una reproducibilidad sustancial de las puntuaciones, lo que indica que el sistema puede ofrecer mediciones relativamente consistentes cuando se repiten las evaluaciones.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que permitió observar diferencias cognitivas relacionadas con la edad en perros de mediana edad. Según los investigadores, algunos cambios pueden identificarse aproximadamente entre los siete y los ocho años.
Esto resulta especialmente relevante porque el deterioro cognitivo no siempre aparece de forma repentina. En ocasiones, las modificaciones son progresivas y pueden confundirse con cambios propios de la edad.
¿Cómo reconocer el deterioro cognitivo en un perro?
El síndrome de disfunción cognitiva canina es un trastorno neurodegenerativo asociado al envejecimiento. En algunos aspectos presenta similitudes con enfermedades neurodegenerativas humanas, aunque no debe interpretarse como una equivalencia directa.
Entre las señales que pueden alertar a los propietarios se encuentran:
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Desorientación: el perro parece perderse en lugares conocidos o se queda mirando fijamente sin una finalidad aparente.
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Alteraciones del sueño: duerme más durante el día y muestra inquietud o actividad durante la noche.
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Cambios en las relaciones sociales: puede mostrarse menos interesado en interactuar con su familia o buscar atención de manera diferente.
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Pérdida de hábitos aprendidos: vuelve a hacer sus necesidades en casa después de haber aprendido a hacerlo en el exterior.
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Cambios de comportamiento: aparecen episodios de ansiedad, irritabilidad o comportamientos repetitivos.
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Dificultades de aprendizaje: le cuesta adaptarse a situaciones o rutinas que antes conocía perfectamente.
Es importante recordar que estas manifestaciones también pueden estar relacionadas con otros problemas de salud, como dolor, pérdida de visión o audición y enfermedades neurológicas. Por eso, cualquier cambio de comportamiento debe ser valorado por un veterinario.

¿Puede esta prueba utilizarse en las consultas veterinarias?
Aunque CANID representa un avance interesante, sus investigadores advierten de que todavía tiene limitaciones.
La prueba necesita personal formado y material específico, por lo que no está pensada para que los propietarios la realicen en casa.
Además, todavía es necesario investigar hasta qué punto sus resultados permiten anticipar qué perros desarrollarán un síndrome de disfunción cognitiva en el futuro.
Por tanto, CANID no es todavía una prueba diagnóstica validada para detectar la demencia canina en la práctica veterinaria habitual. Su utilidad actual se encuentra principalmente en el ámbito de la investigación y en el estudio del envejecimiento cerebral.
La importancia de cuidar la salud cerebral durante el envejecimiento
El desarrollo de herramientas como CANID abre nuevas posibilidades para comprender cómo envejece el cerebro de los perros y qué factores pueden influir en el mantenimiento de sus capacidades cognitivas.
Los investigadores consideran especialmente interesante estudiar la relación entre el envejecimiento cerebral y aspectos como la alimentación, la genética, el ejercicio físico y las condiciones ambientales.
Mientras avanzan estas investigaciones, las familias pueden contribuir al bienestar de sus perros mayores manteniendo rutinas estables, ofreciendo paseos adaptados a sus capacidades, proponiendo juegos de olfato y actividades de estimulación mental y evitando cambios bruscos en su entorno.
También es importante realizar revisiones veterinarias periódicas. Detectar enfermedades, controlar el dolor y atender los cambios de comportamiento permite mejorar la calidad de vida de los animales durante esta etapa.
Envejecer no significa necesariamente perder la capacidad de disfrutar, aprender o relacionarse con el entorno. Comprender qué sucede en el cerebro de nuestros compañeros de cuatro patas permitirá avanzar hacia una atención veterinaria más precisa y adaptada a sus necesidades.
Referencia científica
Hargrave, S. H. y colaboradores (2026). Cognitive assessment for neuropsychological impairments in dogs (CANID): an efficient, repeatable, and sensitive evaluation for studies of cognitive aging. Revista científica Animal Cognition.