Dejar a un compañero de vida en la clínica para una operación puede generar miedo e incertidumbre. Conocer cómo se prepara la anestesia, quién está pendiente del animal durante la intervención y qué cuidados necesita al despertar puede ayudar a las familias a afrontar ese momento con más tranquilidad
Hay momentos en la vida de quienes convivimos con un perro o un gato que nos encogen el corazón. Uno de ellos llega cuando tenemos que dejar a nuestro compañero en una clínica o en un hospital veterinario para someterlo a una cirugía. Y es que, aunque sepamos que es necesario y que está en buenas manos, cuesta marcharse y no pensar en ese deseado momento en el que volveremos a verlo salir por la puerta en brazos de su veterinario.
Por supuesto, siempre esperando que todo salga bien.
La anestesia suele ser una de las principales fuentes de preocupación en estos momentos y, aunque intentemos evitarlo, siempre pasa por nuestra cabeza la misma pregunta: ¿y si no se despierta?
Es un miedo comprensible. Para nosotros no es un animal más, sino el compañero que nos espera al llegar a casa, que se tumba a nuestro lado cuando estamos cansados, que vive auténticas aventuras con nosotros y que forma parte de nuestra vida. Por eso, cuando necesita una intervención, queremos saber que estará bien cuidado.
“Una de las principales preocupaciones de las familias de los animales a los que anestesiamos es que no despierten. Es un temor comprensible, y está en nuestras manos explicarles qué ocurre mientras su pequeño está bajo los efectos de la anestesia”, explica el veterinario especializado en anestesia y manejo del dolor, Agustín Martínez.
Como recuerda el especialista, “dormir a un animal es muy fácil, anestesiarlo ya no lo es tanto”, porque una anestesia no consiste únicamente en conseguir que el perro o el gato se duerma para poder realizar una operación, implica valorar sus necesidades, adaptar el procedimiento a sus características y cuidar de él hasta que se recupere.
Antes de la operación: cuatro aspectos que conviene conocer
Así pues, antes de que nuestro compañero entre en quirófano, hay algunas cuestiones que Agustín recomienda conocer a todos los tutores para así afrontar ese momento con más tranquilidad.
Preguntar cómo se ha valorado la salud de nuestro compañero
Antes de una anestesia, es importante conocer el estado de salud del animal, sus antecedentes y cualquier circunstancia que pueda influir en la intervención. Cada perro y cada gato tiene su propia historia y, por eso, la preparación no debería ser idéntica para todos.
En función del paciente y del procedimiento, pueden ser necesarias pruebas como una analítica u otras exploraciones que permitan conocer mejor su estado de salud. No todos los animales necesitan las mismas pruebas: “la valoración depende de cada caso.
También es importante que la familia comparta la información que conoce sobre su compañero y plantee sus dudas. Todo ello ayuda al equipo veterinario a valorar la situación y decidir cómo proceder”, explica el anestesiólogo.
Entender por qué cada anestesia debe adaptarse al animal
No todos los perros y gatos responden igual ni tienen las mismas necesidades. Por eso, el protocolo anestésico, los medicamentos y las dosis deben elegirse teniendo en cuenta las características de cada paciente.
Agustín Martínez define este enfoque como una «anestesia a la carta»: “Así es como tenemos que hacerlo, porque al final tú eliges el protocolo, las dosis, todo en función del paciente que tienes delante. Y la haremos en función del paciente, del procedimiento, de la logística que rodea la anestesia -si hay posibilidad de que se quede hospitalizado, si es una clínica que cierra por la noche y por lo tanto debe marcharse ese mismo día…- e incluso de la «delicadeza» del cirujano”.
Esta es una de las diferencias importantes entre limitarse a dormir a un animal para realizar una intervención y plantear una anestesia de forma individualizada. El objetivo no es solo que permanezca dormido durante la cirugía, sino atender sus necesidades y reducir los riesgos asociados al procedimiento.
Por eso, las familias pueden preguntar cómo se adaptará la anestesia a su compañero y qué aspectos de su salud se tendrán en cuenta.
Saber quién estará pendiente de él durante la anestesia
Entonces llega el momento más complicado, para las familias, pero también para los veterinarios. Y es que, mientras los tutores vuelven a su trabajo o esperan en una cafetería cercana a la clínica u hospital, el animal necesita una vigilancia continua.
Durante la anestesia, el equipo debe observar cómo evoluciona, interpretar la información que proporcionan los equipos de monitorización y actuar si detecta algún cambio que lo requiera. Disponer de aparatos que registran sus constantes es importante, pero también lo es que haya profesionales pendientes de esos datos y capaces de tomar decisiones.
Por eso, “una de las preguntas que las familias pueden hacer antes de una intervención es quién será el responsable de la anestesia y de supervisar al animal durante la cirugía.
No se trata de desconfiar, sino de comprender qué cuidados va a recibir nuestro compañero mientras no podemos estar a su lado”, aclara Agustín.
No olvidar que la anestesia continúa después de la operación
Tras horas intentando mantener la calma, llega la llamada que tanto esperábamos. Esa que nos alegra recibir, pero que también nos provoca un vuelco en el corazón al ver el número de la clínica o el hospital veterinario en la pantalla del teléfono: la cirugía ha terminado.
En ese momento es normal sentir alivio y empezar a pensar en volver a verlo. Sin embargo, todavía hay que esperar a que el perro o el gato se recupere de la anestesia, porque el despertar también requiere vigilancia.
El animal debe ir evolucionando adecuadamente y el equipo veterinario debe valorar cómo se encuentra antes de decidir cuándo puede regresar a casa, porque aunque la operación haya terminado no significa que todo el proceso haya concluido.
Además, “no todos los animales se recuperan al mismo ritmo. Si el despertar se prolonga o la familia tiene dudas, puede pedir que le expliquen cómo está evolucionando y qué necesita antes de volver a casa”, asegura el veterinario.
Porque, como bien explica Agustín, “la recuperación no es un detalle secundario, sino una parte más de la anestesia, y el cuidado debe continuar hasta que el animal se haya recuperado adecuadamente”.

La tranquilidad también empieza con la información
Ninguna pregunta puede eliminar por completo el miedo que sentimos cuando dejamos a nuestro perro o gato en el veterinario. Sin embargo, conocer cómo se prepara el procedimiento, quién estará pendiente de nuestro compañero y cómo se supervisará su recuperación nos permite afrontar ese momento con más información.
Por eso, antes de una intervención, conviene preguntar cómo se ha valorado el estado de salud del animal, de qué manera se adaptará la anestesia a sus necesidades, quién se responsabilizará de vigilarlo durante la cirugía y qué seguimiento recibirá al despertar.
También es importante pedir que nos expliquen los riesgos particulares de su caso.
Porque, cuando dejamos a nuestro perro o gato en la clínica, no podemos acompañarlo durante todo el proceso, pero sí podemos informarnos, preguntar y comprender qué cuidados necesita.
“Al fin y al cabo, anestesiar a un animal es mucho más que conseguir que se duerma. Es tomar decisiones pensando en el paciente que tenemos delante y cuidar de él antes, durante y después de la intervención, también durante esas horas en las que su familia espera volver a tenerlo entre sus brazos”, concluye Agustín.