Las polillas suelen pasar desapercibidas. Muchas salen al anochecer, se refugian entre la vegetación o descansan sobre los troncos de los árboles, lejos de la atención que reciben otros insectos. Sin embargo, desempeñan funciones importantes en los ecosistemas y su situación merece una mayor atención.
La primera Lista Roja Europea de las Polillas, publicada en septiembre de 2026, revela un dato preocupante: cerca del 11 % de las especies evaluadas en Europa se encuentra amenazado de extinción. En los 27 países de la Unión Europea, la proporción se acerca al 12 %. La evaluación también pone de manifiesto una importante falta de información sobre muchas especies, lo que dificulta conocer su verdadero estado de conservación.
Una evaluación que revela una situación preocupante
El informe europeo analiza 3.082 especies de polillas y constituye una herramienta fundamental para identificar cuáles necesitan medidas de conservación. Entre las especies estudiadas hay 704 endémicas, es decir, que viven de forma natural exclusivamente en Europa.
Los resultados muestran que la transformación y degradación de los hábitats son algunas de las principales amenazas para estos insectos. A ellas se suman el cambio climático, la agricultura intensiva, la contaminación y la expansión urbana.
Uno de los datos más llamativos es que aproximadamente una de cada cuatro especies evaluadas no dispone de información suficiente para determinar su riesgo de extinción. Esta falta de conocimiento resulta especialmente importante en las especies endémicas, cuya desaparición supondría una pérdida mundial irreversible.
Además, una especie de las islas Azores, Eupithecia ogilviata, ha sido clasificada como extinta. Su caso recuerda que la pérdida de hábitat y la falta de registros durante décadas pueden preceder a la desaparición definitiva de una especie.
¿Por qué son importantes las polillas para la biodiversidad?
Aunque a menudo se consideran insectos poco llamativos, las polillas forman parte de las complejas redes ecológicas que mantienen el funcionamiento de los ecosistemas.
Una de sus funciones es la polinización. Muchas especies adultas visitan flores para alimentarse de néctar y pueden transportar polen entre distintas plantas. Su contribución depende de la especie y de las plantas que visita, pero resulta especialmente interesante en los ecosistemas donde los insectos nocturnos participan en la reproducción vegetal.
Las polillas también son una fuente de alimento para numerosos animales. Sus orugas y ejemplares adultos forman parte de la dieta de aves, murciélagos, arañas y otros insectos. Por ello, una reducción de sus poblaciones puede repercutir en otros componentes de la cadena alimentaria.
Sus larvas, además, se alimentan de determinadas plantas y participan en los procesos naturales de transferencia de energía y nutrientes. Algunas especies dependen de plantas hospedadoras muy concretas, por lo que la desaparición de estas puede comprometer su supervivencia.
La contaminación lumínica también amenaza a las polillas
La iluminación artificial nocturna es uno de los factores que pueden perjudicar a las especies de hábitos nocturnos.
Las farolas, los focos de edificios y otras fuentes luminosas pueden alterar su orientación y comportamiento. En algunas especies, la atracción hacia las luces aumenta el tiempo que permanecen expuestas a los depredadores o interfiere en actividades esenciales, como la alimentación y la reproducción.
El problema no se limita a las ciudades. La iluminación de carreteras, instalaciones industriales, urbanizaciones y zonas turísticas puede afectar también a espacios naturales próximos.
Reducir la iluminación innecesaria, utilizar luces dirigidas hacia el suelo y evitar mantener encendidos focos durante toda la noche son medidas que pueden ayudar a disminuir esta presión. Siempre que sea posible, conviene limitar la intensidad y la duración de la iluminación artificial, especialmente cerca de hábitats sensibles.
La agricultura intensiva y la pérdida de hábitats
La transformación del paisaje constituye otra de las grandes amenazas identificadas en la evaluación europea.
La eliminación de setos, lindes vegetales, praderas naturales y otros elementos del paisaje reduce los lugares donde muchas polillas encuentran alimento, refugio y plantas para sus larvas. La simplificación de los cultivos y la desaparición de la vegetación espontánea pueden afectar a especies especializadas que no consiguen adaptarse a ambientes más homogéneos.
El empleo de determinados pesticidas también puede perjudicar a las polillas y a otros insectos, tanto por sus efectos directos como por la reducción de los recursos alimenticios disponibles.
Para mejorar esta situación, es importante conservar la vegetación autóctona, mantener corredores ecológicos y fomentar prácticas agrícolas que reduzcan la presión sobre la biodiversidad. La recuperación de márgenes vegetales y la protección de los hábitats naturales pueden proporcionar recursos esenciales a lo largo de todo el ciclo vital de estos insectos.
El cambio climático añade presión sobre las especies
El cambio climático también puede modificar las condiciones de supervivencia de las polillas. Las variaciones de temperatura y precipitaciones influyen en el desarrollo de las larvas, la disponibilidad de plantas hospedadoras y los periodos de actividad de los adultos.
Las sequías prolongadas, las olas de calor y otros episodios meteorológicos extremos pueden afectar especialmente a las especies que dependen de hábitats reducidos o de condiciones ambientales muy específicas.
Aunque cada especie responde de manera diferente, los efectos climáticos pueden sumarse a otras amenazas ya existentes. Cuando un hábitat se encuentra fragmentado o degradado, las posibilidades de desplazamiento hacia zonas más favorables también pueden verse limitadas.
Por eso, la conservación de espacios naturales conectados y la restauración de los ecosistemas son medidas relevantes para favorecer la adaptación de la biodiversidad a los cambios ambientales.
¿Qué podemos hacer para ayudar a las polillas?
La protección de estos insectos no depende exclusivamente de las administraciones y los especialistas. También hay medidas que pueden aplicarse en jardines, huertos, espacios verdes y viviendas.
- Reducir la contaminación lumínica: apagar las luces exteriores cuando no sean necesarias y evitar iluminar directamente la vegetación.
- Conservar las plantas autóctonas: mantener una variedad de especies vegetales que proporcionen alimento y refugio a los insectos.
- Evitar el uso innecesario de pesticidas: recurrir a métodos de control respetuosos con la biodiversidad cuando sea necesario gestionar una plaga.
- Preservar los espacios naturales: proteger praderas, setos, márgenes vegetales y otros lugares que sirven de refugio a las polillas.
- Favorecer la investigación y el seguimiento: registrar observaciones de forma responsable y colaborar con iniciativas de ciencia ciudadana que ayuden a conocer mejor la distribución de las especies.
También es importante evitar destruir las orugas por desconocimiento. Muchas pertenecen a especies inofensivas y necesitan plantas concretas para completar su desarrollo.
Conocer las polillas para evitar su desaparición
La nueva Lista Roja Europea de las Polillas pone cifras a un problema que durante mucho tiempo ha recibido menos atención que otras amenazas para la biodiversidad. La proporción de especies amenazadas y las lagunas de conocimiento identificadas muestran la necesidad de mejorar tanto la investigación como las medidas de conservación.
Proteger a las polillas significa conservar mucho más que un grupo de insectos. Supone mantener las relaciones ecológicas que conectan las plantas, los polinizadores y los animales que dependen de ellos.
Su futuro dependerá, en buena medida, de la capacidad para frenar la degradación de los hábitats, reducir las presiones ambientales y conocer mejor las especies que comparten nuestros paisajes. Porque aquello que pasa desapercibido durante la noche también puede resultar esencial para la vida de los ecosistemas.