Seguro que has visto a tu perro sacudirse de la cabeza a la cola después de un paseo, tras jugar con otro perro o incluso cuando acabas de acariciarlo. No está mojado, no tiene barro en el pelo y, sin embargo, realiza ese movimiento tan característico como si quisiera quitarse el agua de encima.
Aunque a veces pasa inadvertido, esta conducta puede tener diferentes explicaciones. En muchos casos es completamente normal, pero también puede ayudarnos a detectar que algo le molesta.
Una forma de liberar tensión
Los perros no se sacuden únicamente para eliminar el agua de su pelaje. También pueden hacerlo después de una situación que les ha generado cierta tensión o excitación.
Por ejemplo, algunos se sacuden tras un encuentro con otro perro, después de una sesión de juego intenso o cuando termina una interacción que les ha resultado incómoda. Este movimiento puede formar parte de la transición entre un estado de activación y otro más tranquilo.
No significa necesariamente que el animal esté estresado. Para interpretar correctamente lo que ocurre, debemos observar el contexto, su postura corporal y el resto de sus señales de comunicación.
¿Por qué lo hacen después de jugar o recibir caricias?
El juego implica movimiento, excitación y numerosos estímulos. Una vez que termina, algunos perros se sacuden antes de continuar con otra actividad, como si cerraran ese episodio y retomaran su comportamiento habitual.
También puede suceder después de recibir caricias. Si el contacto físico ha sido intenso o el animal necesita un momento de espacio, la sacudida puede aparecer junto con otras señales, como apartar la cabeza, girarse, bostezar o alejarse.
Esto no quiere decir que todos los perros se sacudan porque estén incómodos. Algunos simplemente realizan este movimiento de manera espontánea. Lo importante es aprender a interpretar el conjunto de su lenguaje corporal y respetar sus preferencias.
Cuando la sacudida puede indicar un problema de salud
Hay una diferencia importante entre sacudirse ocasionalmente y hacerlo de forma repetida, especialmente cuando el movimiento se concentra en la cabeza.
Si un perro sacude las orejas con frecuencia, se rasca alrededor de ellas o frota la cabeza contra muebles y alfombras, puede tener una molestia en el oído. Entre las posibles causas se encuentran la otitis, la presencia de un cuerpo extraño, los ácaros o determinadas irritaciones.
Otros signos que requieren atención son el enrojecimiento, el mal olor, la aparición de secreciones, el dolor al tocar la zona o mantener la cabeza inclinada.
Si el perro se sacude todo el cuerpo repetidamente y también presenta picor, lesiones cutáneas o inquietud, conviene valorar si existe un problema dermatológico u otra causa de malestar.
En estos casos, lo adecuado es consultar con el veterinario. No debemos introducir bastoncillos en el canal auditivo ni aplicar gotas o remedios caseros sin conocer el origen del problema.
¿Cómo distinguir una conducta normal de una señal de alarma?
La frecuencia, el contexto y los síntomas que acompañan al movimiento son las claves para saber cuándo debemos preocuparnos.
Una sacudida aislada después de jugar, despertarse o recibir caricias suele ser poco preocupante si el perro se comporta con normalidad.
Por el contrario, si se sacude repetidamente sin una causa aparente, insiste en rascarse las orejas o parece sentir dolor, conviene pedir una valoración veterinaria.
Si aparecen pérdida de equilibrio, movimientos anormales de los ojos, inclinación persistente de la cabeza o dolor intenso, es importante buscar atención veterinaria urgente.
Qué podemos hacer en casa
Lo primero es observar cuándo aparece el comportamiento. ¿Sucede después de jugar? ¿Cuando termina una interacción? ¿Al despertarse? ¿O se repite durante todo el día?
También podemos comprobar visualmente si hay enrojecimiento, heridas o suciedad visible en las orejas, sin introducir objetos ni manipular zonas doloridas.
Si la conducta aparece después de una interacción, conviene darle espacio y permitir que decida si quiere continuar con el contacto. Si se repite con frecuencia o va acompañada de otros síntomas, debemos consultar con un profesional.
En ningún caso es recomendable regañar al perro por sacudirse. Es una conducta natural que, además, puede proporcionarnos información sobre cómo se encuentra.
Aprender a observar también es cuidar
Las conductas cotidianas de nuestros perros nos ofrecen pistas sobre su bienestar. Una sacudida ocasional puede ser completamente normal, pero un cambio repentino en su frecuencia o intensidad merece nuestra atención.
Conocer sus hábitos, respetar sus señales y detectar a tiempo las molestias nos ayuda a cuidar mejor de ellos. Porque, en ocasiones, los pequeños gestos son precisamente los que nos permiten descubrir que algo no va bien.