El lagarto gigante de La Gomera (Gallotia bravoana) vuelve a estar en el centro de un importante programa de conservación. El Cabildo de La Gomera ha puesto en marcha un servicio de tres años destinado a reforzar la protección de los ejemplares reintroducidos en la naturaleza y conocer cómo evolucionan las nuevas poblaciones.
La iniciativa prestará especial atención a dos de las amenazas que continúan afectando a esta especie: los gatos y las ratas. También contempla nuevas reintroducciones, censos y sistemas de seguimiento mediante cámaras de fototrampeo.
Una especie exclusiva de La Gomera
El lagarto gigante de La Gomera es un reptil endémico de Canarias que no vive de forma natural en ningún otro lugar del mundo. Su distribución conocida es actualmente muy reducida y se concentra principalmente en el entorno del Risco de La Mérica, en Valle Gran Rey.
El Gobierno de Canarias señala que la especie está incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como en peligro de extinción. Entre sus principales amenazas se encuentran los vertebrados introducidos, la pérdida de hábitat y, especialmente, la depredación ejercida por los gatos.
La situación actual es el resultado de una historia especialmente delicada. Durante años, el lagarto gigante sufrió una fuerte reducción de sus poblaciones y llegó a encontrarse al borde de la desaparición.
Los programas de cría en cautividad y reintroducción han permitido recuperar parte de la población. De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha reconocido una mejora en su categoría de amenaza, pasando de «en peligro crítico» a «en peligro», aunque la especie continúa sometida a importantes riesgos.

Tres años para conocer qué ocurre después de las reintroducciones
Una de las claves del nuevo programa será comprobar qué sucede con los ejemplares una vez liberados en el medio natural.
Entre 2022 y 2024 se realizaron diferentes reintroducciones y ahora los técnicos necesitan conocer cuántos animales sobreviven, cómo se adaptan y si son capaces de establecer poblaciones estables.
Para ello se utilizarán técnicas de captura, marcaje y recaptura, además de censos y cámaras de fototrampeo. El programa contempla la instalación de entre tres y cuatro cámaras que serán revisadas durante los tres años de seguimiento.
Esta información es fundamental para determinar si las medidas de conservación están funcionando y decidir dónde y cuándo realizar nuevas liberaciones.
Gatos y ratas, una amenaza especialmente importante
Los depredadores introducidos constituyen uno de los principales problemas para muchas especies insulares. En el caso del lagarto gigante de La Gomera, los gatos tienen una incidencia especialmente importante.
Por este motivo, el nuevo programa incluye la búsqueda de posibles puntos de entrada de gatos en las zonas de reintroducción y la identificación de señales como huellas, excrementos o restos de presas.
También se realizarán seguimientos nocturnos para detectar la presencia de estos animales y se instalará un vallado antigatos en una nueva zona destinada a las reintroducciones.
El control de las ratas también formará parte de las actuaciones previstas.
Nuevas reintroducciones en La Gomera
La recuperación de una especie no termina cuando un animal criado en cautividad vuelve a la naturaleza. Es necesario comprobar que el hábitat reúne las condiciones adecuadas y que las amenazas pueden mantenerse bajo control.
Por ello, el programa contempla nuevas liberaciones de ejemplares procedentes del Centro de Recuperación del Lagarto Gigante de La Gomera.
Uno de los enclaves donde están previstas futuras actuaciones son los Corrales de Heredia, en el caserío de Taguluche. También se continuará trabajando en el Risco de La Mérica, donde existe una población natural que será objeto de seguimiento
Décadas de trabajo para recuperar al lagarto gigante
La conservación del Gallotia bravoana no comenzó ahora. La cría en cautividad y las reintroducciones llevan desarrollándose desde hace décadas.
Un estudio científico publicado en 2026 ha recopilado información sobre los programas de cría y reintroducción realizados durante el periodo 2006-2024 para el lagarto gigante de La Gomera y el lagarto gigante de El Hierro. El trabajo analiza la experiencia acumulada y las diferentes estrategias utilizadas para devolver ejemplares criados en cautividad al medio natural.
Esta experiencia demuestra que recuperar una especie extremadamente amenazada requiere continuidad y seguimiento durante largos periodos de tiempo.
La conservación también necesita prevenir nuevas amenazas
El caso del lagarto gigante de La Gomera muestra una característica habitual de la conservación de especies insulares: cuando una población queda reducida a unos pocos enclaves, cualquier amenaza adicional puede tener consecuencias importantes.
Por eso, proteger el hábitat no es suficiente. También es necesario controlar los factores que pueden afectar directamente a los animales, estudiar la evolución de las poblaciones y comprobar sobre el terreno qué ocurre después de cada reintroducción.
El nuevo programa del Cabildo combina precisamente estas actuaciones: control de depredadores, vigilancia, censos, protección de los espacios y nuevas liberaciones.
La recuperación del lagarto gigante de La Gomera es, por tanto, un proceso todavía abierto. Los próximos tres años permitirán obtener nuevos datos sobre la supervivencia de los ejemplares reintroducidos y sobre la capacidad de estas poblaciones para consolidarse en la naturaleza.
Una especie que todavía necesita protección
El hecho de que la situación de conservación haya mejorado no significa que el lagarto gigante de La Gomera haya dejado de estar amenazado. Su distribución continúa siendo muy limitada y los depredadores introducidos siguen representando un riesgo.
La continuidad de los programas de seguimiento y conservación será esencial para que los ejemplares liberados puedan establecer poblaciones viables y para que esta especie única de Canarias tenga mayores posibilidades de mantenerse en libertad a largo plazo.
La historia del lagarto gigante de La Gomera demuestra que la conservación puede conseguir avances importantes, pero también que recuperar una especie después de haber estado al borde de la desaparición requiere tiempo, investigación y actuaciones continuadas.