Para muchos perros, quedarse solos en casa forma parte de su rutina diaria. Sus personas se marchan a trabajar, a hacer la compra, a llevar a los niños al colegio o simplemente a realizar alguna actividad fuera del hogar. Sin embargo, que el perro se quede solo no significa necesariamente que sepa gestionar bien esa ausencia.
Algunos animales descansan tranquilamente hasta que su familia regresa. Otros, en cambio, ladran, lloran, pasean continuamente por la vivienda, arañan puertas, destrozan objetos o incluso hacen sus necesidades dentro de casa. Estas conductas no deberían interpretarse automáticamente como desobediencia o venganza: pueden ser señales de malestar relacionado por quedarse solos, es lo que se conoce como ansiedad por separación.
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¿Todos los perros saben quedarse solos?
No. La capacidad para permanecer solo también se aprende. Un perro que desde cachorro ha tenido experiencias graduales y positivas de separación puede aprender que la marcha de su familia no significa que haya ocurrido algo malo. Por eso, acostumbrarlo poco a poco a disfrutar de momentos de independencia forma parte de una buena educación.
El objetivo no consiste en que el perro permanezca muchas horas aislado, sino en que pueda afrontar las ausencias habituales sin experimentar miedo o angustia.
La vuelta a la rutina puede ponerlo a prueba
Después de las vacaciones, los horarios familiares suelen cambiar de manera brusca. Durante semanas el perro puede haber pasado mucho más tiempo acompañado y, de repente, volver a encontrarse solo durante buena parte de la mañana o la tarde.
Ese cambio puede resultar especialmente difícil para algunos animales.
De hecho, los cambios de rutina pueden coincidir con la aparición o el empeoramiento de problemas relacionados con la separación. No significa que todos los perros desarrollen ansiedad, pero sí que conviene prestar atención durante los primeros días.
Las señales que indican que algo no va bien
El problema puede ser evidente, como ocurre cuando encontramos muebles destrozados o recibimos quejas de los vecinos por los ladridos. Pero en otros casos las señales son mucho más discretas.
Algunas de las conductas que podemos observar cuando el perro se queda solo son:
- Ladridos, lloros o aullidos.
- Arañar puertas o ventanas.
- Intentar escapar.
- Destruir objetos, especialmente cerca de las salidas.
- Caminar continuamente por la vivienda.
- Jadear o salivar en exceso.
- Orinar o defecar dentro de casa pese a tener adquirido el hábito de hacerlo fuera.
- No comer ni utilizar los juguetes o premios que normalmente le gustan.
- Lamido excesivo o determinadas conductas repetitivas.
- Recibimientos extremadamente excitados cuando regresamos.
También puede existir malestar aunque aparentemente no haya destrozos ni ladridos. Algunos perros permanecen inmóviles, inquietos o vigilantes mientras esperan el regreso de su familia. Por eso puede ser útil grabarlos ocasionalmente con una cámara cuando están solos.

¿Cuánto tiempo puede quedarse solo un perro?
No existe un número de horas que sea adecuado para todos los perros. Influyen su edad, estado de salud, necesidades de eliminación, nivel de actividad, personalidad y capacidad individual para gestionar la soledad.
Como referencia de bienestar, la RSPCA recomienda no dejar a un perro solo durante más de cuatro horas de forma habitual y señala que los cachorros necesitan periodos considerablemente más cortos.
Además, un perro que presenta problemas relacionados con la separación puede comenzar a angustiarse en cuestión de minutos. En estos casos, el problema no se soluciona simplemente aumentando el tiempo que permanece solo.
Cómo enseñarle a estar solo paso a paso
La clave está en avanzar de manera gradual. Podemos empezar dejando al perro tranquilo en otra habitación durante unos instantes mientras nosotros seguimos dentro de casa. Si permanece relajado, iremos aumentando progresivamente la duración.
Posteriormente podemos realizar pequeñas salidas de casa. Al principio pueden ser de muy pocos minutos. La duración debe incrementarse solamente cuando el perro sea capaz de permanecer tranquilo.
No se trata de comprobar cuánto tiempo aguanta antes de ponerse nervioso. Precisamente lo importante es evitar llegar a ese punto.
Si aparecen signos claros de angustia, hay que reducir la duración de las ausencias y replantear el proceso. En los casos de ansiedad por separación diagnosticada, la desensibilización debe adaptarse a cada animal y puede requerir la intervención de un profesional especializado.

Antes de salir, mejor una rutina tranquila
Una salida precipitada puede aumentar la excitación del perro. Antes de marcharnos conviene que haya tenido la oportunidad de salir a pasear, hacer sus necesidades y realizar actividad física y olfativa adecuada. Después podemos dejarle en un entorno tranquilo, con agua disponible y elementos seguros de entretenimiento.
Un juguete rellenable o un recurso de alimentación interactiva puede ser útil para algunos perros. Sin embargo, si un animal que normalmente disfruta con la comida deja de utilizar estos recursos exclusivamente cuando se queda solo, también puede ser una señal de que está preocupado.
La casa también puede ayudar
El entorno influye mucho. Si el perro ladra constantemente al ver personas, otros animales o vehículos desde la ventana, podemos reducir esos estímulos cerrando parcialmente las persianas o trasladando su zona de descanso a un lugar más tranquilo.
También debemos revisar que no tenga a su alcance productos tóxicos, cables, objetos pequeños que pueda ingerir o cualquier elemento que pueda provocar un accidente durante nuestra ausencia.
No hace falta montar una gran despedida
Las salidas y los reencuentros pueden formar parte de la rutina sin convertirlos en acontecimientos extraordinarios. No es necesario ignorar al perro antes de marcharnos ni tampoco realizar largas despedidas. Lo importante es que la salida resulte predecible y tranquila.Al regresar sucede lo mismo: podemos saludarlo con normalidad y continuar con nuestra rutina. El objetivo es que entrar y salir de casa sean acontecimientos cotidianos.
Lo que nunca debemos hacer
Si al volver encontramos un cojín destrozado, una puerta arañada o un charco en el suelo, castigar al perro no solucionará el problema.
El animal no relacionará correctamente nuestro enfado con una conducta que realizó durante nuestra ausencia. El castigo puede aumentar todavía más la preocupación asociada a nuestras siguientes salidas.
Tampoco es recomendable aplicar por nuestra cuenta el método de «dejarle llorar hasta que se acostumbre». Si el perro está experimentando miedo o pánico, prolongar repetidamente esa situación puede empeorar el problema.
¿Y si ya tiene ansiedad cuando se queda solo?
En ese caso no debemos intentar resolverlo simplemente dejando al perro solo durante más tiempo.
La ansiedad por separación es un problema de comportamiento que puede necesitar un plan individualizado. El veterinario puede descartar primero problemas médicos y valorar la situación; posteriormente puede ser necesaria la intervención de un veterinario especializado en comportamiento o de un profesional cualificado en conducta animal. En algunos casos moderados o graves, el tratamiento puede incluir medicación, siempre bajo prescripción veterinaria y junto con modificación de conducta.

Enseñar independencia también es cuidar
Aprender a estar solo no significa que un perro necesite menos cariño ni que debamos ignorarlo. Significa ayudarle a desarrollar recursos para afrontar los momentos en los que no podemos estar a su lado.
La independencia se construye poco a poco, respetando el ritmo de cada animal y evitando que las ausencias se conviertan en experiencias de miedo.
Porque cuando cerramos la puerta de casa y nos vamos, para nuestro perro no debería comenzar una cuenta atrás llena de angustia. Debería empezar simplemente otro momento de su rutina, hasta que volvamos.