El abejaruco común (Merops apiaster) es una de las aves más llamativas que podemos observar en España. Su plumaje multicolor, su vuelo acrobático y su capacidad para capturar insectos en pleno vuelo lo convierten en una especie fácilmente reconocible. Pero también existe una vieja polémica en torno a él: ¿supone realmente un peligro para las colmenas?
La cuestión ha vuelto a cobrar actualidad durante estos días después de que distintos sectores relacionados con la apicultura hayan planteado medidas frente a la presencia de abejarucos en determinadas zonas. Sin embargo, los estudios disponibles ofrecen una imagen bastante más compleja de la relación entre esta ave y las abejas.
El abejaruco sí come abejas, pero no vive exclusivamente de ellas
El nombre del abejaruco puede llevar a pensar que se trata de un ave especializada exclusivamente en capturar abejas. No es así.
El abejaruco es un depredador de insectos voladores de tamaño considerable. En su dieta aparecen diferentes tipos de himenópteros, entre ellos abejas, avispas y abejorros, pero también coleópteros y otros insectos.
Por tanto, una abeja puede formar parte de su alimentación, pero eso no significa que la presencia de abejarucos implique automáticamente un problema grave para una colonia.
De hecho, uno de los aspectos más interesantes de esta especie es su capacidad para capturar diferentes insectos durante sus vuelos de caza.
¿Cuántas abejas puede perder una colmena por los abejarucos?
Los datos disponibles ayudan a poner el problema en contexto. Diversos estudios realizados en Murcia y Andalucía han estimado que la depredación anual de abejas por parte de los abejarucos apenas superaba el 1 % de la población de las colmenas estudiadas.
Eso significa que, aunque existe depredación y puede resultar visible cuando una bandada de estas aves se concentra cerca de un colmenar, su efecto sobre la población de abejas de una colonia puede ser mucho más reducido de lo que sugieren algunas percepciones.
Además, las abejas melíferas tienen una elevada capacidad de reposición de individuos cuando la colonia dispone de alimento y mantiene unas condiciones sanitarias adecuadas.

La varroa supone un problema mucho mayor
Cuando se analiza la situación de las abejas melíferas es importante no perder de vista el conjunto de amenazas que afectan a las colonias.
Entre ellas destaca Varroa destructor, un ácaro parásito que afecta a las abejas y que constituye uno de los principales problemas sanitarios de la apicultura.
La disponibilidad de alimento también desempeña un papel fundamental. La falta de recursos florales puede dificultar que las colonias mantengan unas reservas suficientes de néctar y polen, especialmente en determinados periodos del año.
Por eso, atribuir las dificultades de una colonia exclusivamente a la presencia de abejarucos puede simplificar demasiado una situación que normalmente responde a varios factores.
Un cazador de insectos que también puede capturar avispas
Existe además otra cara de la alimentación del abejaruco que suele quedar en segundo plano. Esta especie también captura avispas y otros himenópteros. Diferentes investigaciones realizadas en Portugal han documentado el consumo de avispa asiática (Vespa velutina) por parte de los abejarucos.
Esto resulta especialmente interesante en un momento en el que la expansión de especies invasoras constituye uno de los problemas a los que se enfrenta la apicultura en distintas zonas de Europa.
El abejaruco, por tanto, no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de las abejas que captura. Como cualquier depredador, forma parte de una red ecológica mucho más amplia.
¿Puede una concentración de abejarucos afectar a un colmenar?
Sí pueden producirse situaciones puntuales en las que la presencia de numerosas aves alrededor de un colmenar tenga algún efecto sobre la actividad de las abejas.
Las condiciones ambientales también son importantes. En situaciones de temperaturas elevadas, colmenas muy expuestas al sol y una concentración especialmente alta de abejarucos, la actividad de vuelo de las abejas puede verse reducida temporalmente.
Estos episodios pueden coincidir con los movimientos migratorios de finales del verano, cuando los abejarucos realizan paradas antes de continuar su viaje hacia África.
Pero una situación puntual no equivale a considerar al abejaruco una amenaza general para la apicultura.
Existen medidas para reducir las molestias
La convivencia entre actividad apícola y fauna silvestre no tiene por qué plantearse como una cuestión de eliminar a una de las partes.
Ya existen medidas preventivas destinadas a reducir las posibles interacciones entre abejarucos y colmenas.
Entre ellas se encuentran determinadas redes o mallas protectoras, la instalación de zonas de sombra y el suministro de agua junto a los colmenares, especialmente durante los periodos de temperaturas elevadas.
Estas medidas ya fueron recogidas en documentación técnica elaborada por la Administración española para abordar las interacciones entre el abejaruco común y las colmenas.
Una especie protegida que cumple una función en los ecosistemas
El abejaruco común es una especie migratoria y está sometido a protección legal en Europa. En España aparece incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.
Esto significa que su captura, persecución o cualquier actuación que perjudique a sus poblaciones está sometida a la legislación de protección de fauna silvestre y a las excepciones que, en su caso, pueda establecer la normativa.
La protección de una especie no significa ignorar los problemas que puedan producirse en determinados lugares. Significa buscar soluciones compatibles con la conservación de la biodiversidad.
El abejaruco también forma parte del equilibrio natural
Durante décadas, muchas especies de animales han sido consideradas perjudiciales simplemente porque en algún momento pueden entrar en conflicto con una actividad humana.
El caso del abejaruco demuestra la importancia de analizar estas situaciones con datos.
Sí, el abejaruco captura abejas. Pero también captura avispas, escarabajos y otros insectos. Y los estudios disponibles indican que su impacto sobre las colmenas es reducido en comparación con otros factores que afectan a la supervivencia de las colonias.
La solución no pasa necesariamente por convertir a un depredador natural en el culpable de todos los problemas de la apicultura.
La verdadera protección de las abejas requiere abordar sus principales amenazas, mejorar la gestión sanitaria de las colmenas, garantizar recursos alimenticios suficientes y favorecer una convivencia razonable entre la actividad humana y la fauna silvestre.
El abejaruco no es solamente el ave que vemos capturando una abeja en pleno vuelo. Es también una pieza del ecosistema mediterráneo y un ejemplo de cómo la naturaleza rara vez puede explicarse en términos sencillos de buenos y malos.