Ayer, 6 de septiembre, las colonias felinas volvieron a ocupar las calles de numerosas ciudades españolas. Colectivos de protección animal, personas gestoras de colonias, voluntariado y ciudadanos se movilizaron para reclamar algo que, en principio, no debería ser necesario exigir: que se cumpla la legislación y que los gatos comunitarios sean gestionados de manera ética y responsable.
Bajo el lema «Los gatos tienen ley», la movilización se desarrolló simultáneamente en alrededor de 38 ciudades españolas. La convocatoria puso el foco en una realidad que viven diariamente miles de personas: mientras la legislación reconoce la responsabilidad de las administraciones en la gestión de las colonias felinas, en muchos lugares son todavía los voluntarios quienes soportan buena parte del trabajo y de los gastos.
Los gatos comunitarios también tienen derechos
Durante demasiado tiempo, los gatos que viven en las calles han sido considerados simplemente un problema de convivencia o de control poblacional.
Sin embargo, detrás de cada colonia hay animales que forman parte del entorno urbano y que necesitan una gestión adecuada. También hay personas que llevan años cuidándolos, alimentándolos, capturándolos para esterilizarlos, trasladándolos al veterinario y realizando un seguimiento de su estado.
La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales introdujo un cambio importante al establecer un marco específico para la gestión de los gatos comunitarios.
El problema que denuncian los colectivos movilizados es que tener una ley no es suficiente si después no se aplica de manera efectiva.
El método CER, una herramienta fundamental
La gestión ética de las colonias felinas se basa fundamentalmente en el conocido método CER: Captura, Esterilización y Retorno.
Su objetivo no es simplemente alimentar a los gatos. Se trata de conocer las colonias, controlar su población mediante esterilizaciones, identificar a los animales, proporcionar atención veterinaria cuando sea necesaria y mantener un seguimiento continuado.
La esterilización es especialmente importante porque permite reducir progresivamente el crecimiento de las poblaciones y evitar que el número de animales continúe aumentando.
Una colonia correctamente gestionada no aparece de la noche a la mañana ni se soluciona con actuaciones puntuales. Necesita planificación, recursos y continuidad.
El voluntariado no puede sustituir a las administraciones
Uno de los principales mensajes lanzados durante las movilizaciones de ayer fue precisamente este. En numerosos municipios, personas voluntarias llevan años realizando tareas que implican tiempo, esfuerzo y también gastos económicos: comprar alimento, transportar animales, pagar desplazamientos veterinarios, colaborar en capturas, controlar camadas y atender a gatos enfermos o heridos.
Ese trabajo merece reconocimiento. Pero también necesita apoyo. Los colectivos reclaman que los ayuntamientos dispongan de programas estables, presupuestos suficientes y personal o entidades especializadas capaces de desarrollar una gestión profesional de las colonias.
En Logroño, por ejemplo, las personas concentradas denunciaron que la atención a las colonias continúa dependiendo en gran medida del voluntariado y reclamaron financiación municipal para desarrollar adecuadamente los programas CER.
En Valladolid, las organizaciones movilizadas señalaron igualmente que algunas tareas, como la alimentación, continúan recayendo sobre las personas voluntarias.

No todas las colonias son iguales
También es importante evitar generalizaciones. Existen municipios que han puesto en marcha programas de gestión, realizan esterilizaciones y colaboran con asociaciones y personas gestoras. Otros, sin embargo, presentan importantes carencias.
La situación puede cambiar considerablemente de un municipio a otro. Precisamente por eso una de las reivindicaciones de la movilización nacional fue que los derechos de los gatos comunitarios no dependan del código postal.
Un gato comunitario debería recibir una gestión adecuada independientemente de la localidad en la que viva.
Gestionar una colonia también es prevenir
La gestión de colonias felinas no debería contemplarse únicamente desde la perspectiva de la protección animal.
También tiene una dimensión de convivencia y de salud pública.
Una colonia controlada mediante esterilización, seguimiento veterinario, alimentación adecuada y limpieza del entorno permite trabajar de forma preventiva y reducir conflictos.
El objetivo debe ser avanzar hacia poblaciones felinas estabilizadas, animales controlados sanitariamente y espacios gestionados de forma responsable.
La solución no pasa por mirar hacia otro lado. Tampoco por abandonar a los animales a su suerte. La solución pasa por gestionar.
Detrás de cada colonia hay personas que llevan años trabajando
Las movilizaciones de ayer también sirvieron para poner rostro a quienes trabajan diariamente con estos animales.
Son alimentadoras, gestoras, voluntarias, asociaciones y protectoras que muchas veces conocen perfectamente a cada gato de una colonia: cuál necesita atención veterinaria, cuál está esterilizado, cuál ha desaparecido y cuál acaba de llegar.
Ese conocimiento tiene un enorme valor.
Pero no debería convertirse en una excusa para que las administraciones deleguen de facto sus responsabilidades en personas que actúan voluntariamente.
El voluntariado debe ser un aliado de la administración, no su sustituto.

Cumplir la ley también significa poner recursos
Una ley sin recursos suficientes corre el riesgo de quedarse en una declaración de intenciones. Por eso las reivindicaciones planteadas durante la jornada nacional incluyen programas CER estables, financiación, atención veterinaria, identificación y censo de los gatos comunitarios y apoyo a las personas que participan en la gestión de las colonias.
No se trata únicamente de aprobar normas. Hay que aplicarlas. Y para aplicarlas hacen falta presupuesto, planificación, coordinación y profesionales.
Una sociedad que protege también debe saber gestionar
Defender las colonias felinas no significa ignorar los problemas que puedan surgir alrededor de ellas.
Significa reconocer que esos problemas deben abordarse mediante gestión responsable, conocimiento y medidas eficaces, no mediante el abandono, la indiferencia o actuaciones que no solucionen la causa del problema. Los gatos comunitarios forman parte de muchas ciudades y pueblos españoles.
Y si queremos reducir progresivamente el número de animales que viven en la calle, debemos actuar sobre el origen: evitar el abandono, esterilizar, identificar, controlar las poblaciones y fomentar la tenencia responsable.
Ayer fueron las calles. Ahora deben llegar las soluciones
Las movilizaciones del 6 de septiembre han dejado un mensaje claro: cientos de colectivos y miles de personas consideran que la gestión de las colonias felinas necesita una respuesta mucho más decidida por parte de las administraciones. La reivindicación no es únicamente por los gatos. También es por las personas que llevan años cuidándolos. Por una gestión responsable.Por la aplicación efectiva de la legislación.Y por una convivencia en la que la protección animal y el bienestar de las personas puedan avanzar juntos.
Porque los gatos comunitarios tienen derechos. Y porque una ley que protege a los animales debe cumplirse en la práctica, no quedarse únicamente escrita en el papel.
Una responsabilidad compartida
El futuro de las colonias felinas pasa por la colaboración entre administraciones, veterinarios, entidades de protección animal, personas gestoras y ciudadanía.
Cada parte tiene un papel. Pero la responsabilidad pública no puede recaer exclusivamente sobre quienes actúan voluntariamente.
Las movilizaciones de ayer lo dejaron claro: las colonias felinas necesitan menos improvisación y más gestión; menos abandono y más prevención; menos promesas y más recursos.
Porque proteger a los gatos comunitarios también significa construir una sociedad capaz de gestionar los animales que forman parte de ella con responsabilidad, conocimiento y respeto.