Vacunas en perros y gatos: ¿es necesario ponerlas todas cada año?

Nos vacunan desde pequeños casi sin que nos demos cuenta. Forma parte de nuestra infancia, de las revisiones médicas y de una manera de cuidarnos antes incluso de enfermarnos. Las vacunas no curan, pero previenen: preparan al sistema inmunitario para reconocer amenazas reales y responder a tiempo, evitando enfermedades graves, secuelas e incluso la muerte.

Con los perros y los gatos ocurre algo muy similar. Durante los primeros meses de vida, su sistema inmunitario es inmaduro y especialmente vulnerable frente a virus y bacterias que pueden ser muy agresivos. Por eso, la vacunación en cachorros es una herramienta clave para que crezcan sanos y protegidos y para reducir la circulación de enfermedades en la población de perros y gatos. La vacunación es, de hecho, una de las herramientas más importantes de la medicina veterinaria. Sin embargo, cada vez más familias se preguntan si todos los animales necesitan las mismas vacunas, con la misma frecuencia y durante toda su vida.

Y es que, tal y como explica la veterinaria de Salud Real Animal, Neus Candela, la conversación sobre vacunas no debería quedarse solo en la infancia. Cuando los perros y los gatos llegan a la edad adulta, surge una pregunta que cada vez más familias se hacen: ¿es realmente necesario vacunar a todos los perros y gatos todos los años? ¿Por qué ellos se vacunan todos los años de todo y nosotros no?

La veterinaria cree que el debate no debería centrarse en si vacunar o no, sino en cómo y cuándo hacerlo. “Las vacunas salvan vidas, pero no todos los animales tienen las mismas necesidades ni el mismo contexto”, explica. Y es que, según señala, “se vacuna de forma sistemática y deberíamos hacerlo de manera más individualizada, teniendo en cuenta aspectos como si el animal va a viajar, dónde vive, qué riesgo real tiene de contraer una determinada enfermedad o cómo de grave puede ser esa enfermedad”.

 

 

Sobrevacunación y sus posibles consecuencias

La profesional de la salud real de los animales advierte que “en la mayoría de casos vacunamos a ciegas, sin comprobar si el animal ya tiene anticuerpos de la vacuna del año anterior, y eso, con el tiempo, podría tener consecuencias”. También sugiere como hipótesis que “no sabemos exactamente cuáles son las consecuencias de la sobrevacunación en perros y gatos, porque no está suficientemente estudiado, pero al final lo que estamos haciendo es hiperestimular un sistema inmunitario de forma totalmente innecesaria”.

La profesional señala que, en un momento en el que los perros y los gatos presentan cada vez más problemas crónicos de salud como alergias y enfermedades autoinmunes, la sobrevacunación podría estar contribuyendo a la aparición o empeoramiento del cuadro clínico de este tipo de patologías.


Cómo saber qu
é vacuna necesita cada animal

Para ponernos al día y estar más pendientes de la salud de nuestros perros y gatos, Neus Candela aporta algunas recomendaciones para conocer sus necesidades reales de vacunación.

  • Test de Anticuerpos vacunales: Existen pruebas que miden la cantidad de anticuerpos producidos por las vacunas previamente recibidas. Esto permite saber si el animal ya está inmunizado y si es necesario volver a vacunar frente a una enfermedad concreta. Si los anticuerpos están presentes en la sangre, no sería necesario revacunar en ese momento. En el caso de los perros, las principales vacunas que se pueden testar son las de adenovirus, parvovirus y moquillo; y en los gatos, las de panleucopenia, herpesvirus y calicivirus. “La mayoría de laboratorios veterinarios ofrece esta prueba laboratorial”, explica.
  • Necesidad geográfica: La veterinaria recomienda vacunar según criterios epidemiológicos, es decir, dependiendo de la zona en la que viva el animal y de las enfermedades a las que realmente está expuesto. “Por ejemplo, en zonas en la que no existe riesgo de moquillo o es muy bajo, quizá no sea necesario vacunar frente a esa enfermedad especialmente en la edad adulta”, explica. Aun así, muchas de estas vacunas se administran por recomendación veterinaria de forma sistemática cada año, por lo que la especialista anima a las familias a informarse y a tomar decisiones consensuadas con su veterinario de confianza. En este punto, también es importante tener en cuenta si el animal va a viajar y a qué lugares, del mismo modo que ocurre en medicina humana cuando se exigen vacunas específicas para determinados paí
  • Historial veterinario: Tal y como señala, otro de los errores más frecuentes en la medicina veterinaria actual es aplicar calendarios de vacunación de forma automática, sin valorar el historial clínico completo del animal. “Se suele vacunar como si éstas fueran inocuas a excepción de los problemas autoinmunes en las que sí se evitan”, cuenta. Diagnósticos previos como alergias de cualquier tipo o posibles reacciones adversas deberían tenerse en cuenta antes de vacunar. “Un cachorro, un animal adulto sano o un paciente con patologías crónicas no deberían abordarse igual», explica. “Vacunar de forma responsable implica individualizar, revisar antecedentes, valorar anticuerpos vacunales y tomar decisiones clínicas fundamentadas, especialmente en perros y gatos adultos”, añade.

 

Neus subraya además que el sistema inmunitario no funciona de forma aislada y que factores como la alimentación, el estrés o la salud digestiva influyen directamente en la respuesta del animal. En este sentido, defiende una medicina veterinaria más reflexiva, en la que las decisiones no se tomen por inercia. “Yo entiendo que la medicina preventiva del siglo XXI comprende vacunación individualizada en base a epidemiología y valoración de anticuerpos vacunales, desparasitación individualizada, una dieta en base a ingredientes frescos completa y equilibrada y análisis de sangre anuales completos en el que se incluya la vitamina D, por su importante papel en el funcionamiento del sistema inmunitario y que se encuentra baja en la gran mayoría de enfermedades crónicas”, explica.

La veterinaria insiste en que cuestionar no es negar. “Hablar de vacunación responsable no es ser antivacunas, es ser buen profesional. Igual que en medicina humana, la prevención debe adaptarse a cada paciente. Vacunar cuando toca, lo que toca y al animal que lo necesita es cuidar mejor, no menos”, concluye. En su opinión, seguir aplicando protocolos estándar sin una revisión individualizada del estado de salud, la edad o el estilo de vida del animal responde a una medicina preventiva que “tenía sentido cuando había muchísimos más problemas infecciosos, en muchas zonas de España que hoy en día ya no tiene tanto sentido vacunar contra todo, todos los años a todos”.
En un momento en el que cada vez más familias se implican activamente en la salud de sus perros y gatos, defiende la importancia de informarse, preguntar y participar en las decisiones clínicas. “El futuro de la medicina veterinaria pasa por abandonar las inercias y apostar por una prevención más consciente, basada en la evidencia, el contexto y el individuo”, asegura. Porque cuidar no siempre significa hacer más, sino hacer mejor… y empezar a mirar, de verdad, al animal que tenemos delante.

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