Manejo de las chinchillas
Cuando nuestra chinchilla llega a casa, debemos entender que es normal que se muestre asustada, desconfiada o esquiva. Para ella todo es nuevo: los olores, los sonidos, las personas y el entorno. Durante los primeros días debemos procurar que su adaptación sea lo más tranquila posible y evitar cualquier situación que pueda generarle estrés.
Elegiremos para ella un lugar tranquilo de la casa, alejado de ruidos y de las zonas de paso frecuente de la familia. También evitaremos, al menos inicialmente, el contacto directo con otras mascotas del hogar.
Durante estos primeros días no debemos cogerla, manipularla constantemente ni intentar forzar el contacto. Lo más importante es darle tiempo para que se sienta segura.
Primeros contactos con nuestra chinchilla
Al principio nos acercaremos a la jaula y dejaremos que la chinchilla nos observe. Podemos hablarle con un tono suave y tranquilo para que vaya asociando nuestra presencia con una experiencia agradable.
Cuando comprobemos que ya no muestra temor al acercarnos, podemos comenzar a introducir la mano en la jaula. Debemos dejar que sea ella quien se acerque a olfatearnos, sin perseguirla ni intentar tocarla a la fuerza.
Poco a poco, la curiosidad irá venciendo a la desconfianza y se acercará a investigar ese elemento nuevo que ha aparecido en su espacio.
También podemos ofrecerle ocasionalmente una pequeña golosina para que asocie nuestra presencia con algo positivo. Eso sí, las chucherías deben utilizarse con moderación, ya que un exceso puede resultar perjudicial para su salud.
Durante estos primeros contactos es posible que mordisquee nuestros dedos con cierta intensidad. Aunque pueda resultar molesto, normalmente no se trata de una conducta agresiva. La chinchilla está explorando y comprobando con su boca qué es ese elemento nuevo. Con el tiempo aprenderá que nuestros dedos no son algo que deba roer.
¿Cómo debemos coger a una chinchilla?
Una vez que nuestra chinchilla haya aprendido que nuestra mano no representa una amenaza, podemos empezar a acostumbrarla a que la cojamos.
Para ello, introduciremos la mano abierta en la jaula y dejaremos que sea ella quien se suba. Podemos colocar la mano suavemente por debajo de su cuerpo para facilitarlo, pero nunca debemos sujetarla con fuerza ni perseguirla dentro de la jaula. Si se siente atrapada, probablemente se asustará y perderemos parte de la confianza que hemos conseguido.
Cuando se encuentre sobre la palma de nuestra mano, podemos sacarla de la jaula y acercarla a nuestro pecho. Debemos sujetarla siempre de forma segura y mantener apoyada la parte inferior de su cuerpo, ya que no suele sentirse cómoda cuando sus patas quedan suspendidas en el aire.
Es posible que durante las primeras veces se muestre inquieta o asustada. La paciencia es fundamental. Si respetamos su ritmo y realizamos estos contactos de forma tranquila y progresiva, irá acostumbrándose a nosotros.
No todas las chinchillas reaccionan de la misma manera. Algunas se vuelven muy confiadas y disfrutan del contacto con su cuidador, mientras que otras mantienen un carácter más independiente. El objetivo no debe ser obligarla a ser manipulada, sino conseguir que se sienta segura cuando estamos con ella.

El momento de salir de la jaula
Nuestra chinchilla necesita ejercicio y estimulación. Siempre que sea posible y las condiciones sean adecuadas, podemos proporcionarle un espacio seguro donde pueda correr, saltar y explorar.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que volver a introducirla en la jaula puede resultar complicado si el lugar donde la soltamos es demasiado grande o cuenta con numerosos escondites.
Por este motivo, es preferible comenzar utilizando una estancia relativamente pequeña y fácil de controlar. Un pasillo o una habitación segura pueden ser buenas opciones, siempre que previamente hayamos eliminado cualquier peligro.
Debemos prestar especial atención a los lugares donde pueda introducirse o desde los que pueda caer. Por ejemplo, tendremos que mantener cerrado el acceso al inodoro y retirar cubos, productos de limpieza, cables y cualquier objeto que pueda morder o ingerir.
Una buena manera de favorecer el vínculo durante estos momentos es sentarnos en el suelo y permitir que la chinchilla se acerque voluntariamente. Es probable que trepe por nuestras piernas, salte a nuestro hombro o utilice nuestro cuerpo como parte de su recorrido de exploración.
Podemos reforzar estas aproximaciones con alguna pequeña recompensa, siempre con moderación.
¿Cómo conseguir que vuelva a la jaula?
Cuando llegue el momento de regresar a su jaula, debemos evitar perseguirla. Una persecución puede convertir el regreso en una experiencia estresante y hacer que en el futuro sea todavía más difícil atraparla.
Es preferible esperar a que se acerque a nosotros, utilizando una pequeña recompensa o simplemente nuestra presencia como estímulo. Cuando esté tranquila y próxima, podremos cogerla suavemente y devolverla a su alojamiento.
Con el tiempo, muchas chinchillas aprenden determinadas rutinas y resulta mucho más sencillo conseguir que regresen a su jaula.
Enseñar a una chinchilla a responder a su nombre
Las chinchillas son animales inteligentes y pueden aprender determinadas asociaciones y conductas sencillas.
Por ejemplo, podemos acostumbrarla a responder a su nombre mediante el refuerzo positivo. Para ello, pronunciaremos su nombre con un tono tranquilo y, si se acerca espontáneamente, la recompensaremos.
La repetición permitirá que termine asociando el sonido de su nombre con la llegada de algo agradable y, progresivamente, podrá comenzar a acercarse cuando la llamemos.
Este mismo principio puede utilizarse para enseñar otras conductas sencillas. La clave está siempre en premiar las respuestas que queremos fomentar y evitar cualquier método basado en el miedo.
Nunca debemos castigarla
Nunca debemos gritar, golpear ni castigar físicamente a una chinchilla. Este tipo de métodos no mejorará su comportamiento y puede provocar que nos tenga miedo.
El vínculo con una chinchilla se construye mediante la confianza, la paciencia y el refuerzo positivo. Si queremos que se acerque a nosotros, debemos conseguir que nuestra presencia sea algo seguro y agradable para ella.

Paciencia y respeto: la clave para crear un vínculo
Si tratamos a nuestra chinchilla con cariño y respeto, respetamos sus horas de descanso, evitamos manipularla cuando no quiere contacto y utilizamos siempre métodos positivos, conseguiremos establecer una relación de confianza.
Con el tiempo aprenderemos a interpretar sus comportamientos y sus diferentes formas de comunicarse. También ella aprenderá a reconocernos y a sentirse segura en nuestra compañía.
Cada chinchilla tiene su propia personalidad. Algunas serán especialmente sociables y disfrutarán del contacto humano, mientras que otras preferirán mantener cierta distancia. Respetar esas diferencias es fundamental para conseguir una convivencia satisfactoria.
Más que conseguir que nuestra chinchilla sea una mascota que se deje coger en cualquier momento, debemos aspirar a que confíe en nosotros y se sienta segura a nuestro lado. Esa confianza es la base de una relación duradera y enriquecedora con este pequeño roedor.
